Howard Davies: ¿Los bancos centrales independientes son cosa del pasado?

The fear among monetary policymakers that governments will reassert control over interest rates is exaggerated. Instead of bemoaning the surge of comment and challenge, central banks need to raise their game, enhance their transparency, and get better at explaining and justifying their actions and decisions.

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by Howard Davies

LONDRES – La decisión del presidente norteamericano, Donald Trump, de nominar a la economista Judy Shelton para uno de los puestos vacantes en la Junta de la Reserva Federal ha vuelto a colocar en la agenda el futuro de la independencia de los bancos centrales. Shelton ha puesto en duda la conveniencia y el sustento legal de la independencia de la Fed, cuando el año pasado dijo “No veo ninguna referencia a la independencia en la legislación que ha definido el rol de la Reserva Federal”. Y ha defendido “una relación más coordinada tanto con el Congreso como con el presidente”. Si la política de la Fed estuviera “coordinada” con Trump, entonces resulta bastante evidente quién tomaría las decisiones.
Por supuesto, un nuevo gobernador de la Fed no podría revertir décadas de práctica. Pero hay indicios de que, de ser nombrada, Shelton podría reemplazar a Jay Powell cuando su mandato se renueve en 2022, lo que deja a un zorro a cargo del gallinero.
No sólo en Estados Unidos la independencia de los bancos centrales está bajo amenaza. En Turquía, el presidente Recep Tayyip Erdoğan despidió a su gobernador el año pasado, con el argumento de que “le dijimos varias veces que recortara las tasas de interés”, pero no obedeció. En la India, el gobierno le pidió al Banco de la Reserva que entregara parte de sus reservas y el gobernador Urjit Patel renunció “por cuestiones personales”. Unos meses antes, su principal adjunto había lanzado una andanada verbal dirigida a la administración del primer ministro Narendra Modi: “Los gobiernos que no respetan la independencia del banco central tarde o temprano desencadenan la ira de los mercados financieros”.
Los bancos centrales en todo el mundo están preocupados por estas señales. Otmar Issing, el primer economista jefe del Banco Central Europeo, ha escrito sobre “el futuro incierto de la independencia de los bancos centrales”. El entonces presidente del BCE, Mario Draghi, se vio obligado a emitir una firme defensa del concepto antes de abandonar su puesto. El Banco de Pagos Internacionales ha observado “la carga extraordinaria que deben acarrear los bancos centrales desde la crisis financiera global de 2008”, y advirtió que los bancos centrales no pueden cumplir con las expectativas que tiene la gente. Joachim Fels de Pimco ha concluido que “el apogeo de la independencia de los bancos centrales hoy quedó atrás”.
¿Estos profetas de la fatalidad tienen razón? ¿Pronto veremos el control de las tasas de interés de nuevo en las manos interesadas de los Ministerios de Finanzas? Como decía la canción, ¿la independencia de los bancos centrales era sólo una etapa tonta por las que estábamos pasando?
Creo que no. La encuesta global más reciente, de los economistas Nergiz Dincer y Barry Eichengreen, aunque llevada a cabo en 2014, muestra que todavía existe un “movimiento estable en dirección de una mayor transparencia e independencia en el tiempo (y) pocos indicios de que estas tendencias se estén repensando”. Uno podría tener ciertos motivos para ser escéptico respecto de las mediciones de independencia que utilizan –según su modelo, Kirguistán hace alarde de tener el banco central más independiente del mundo-, pero no pueden encontrar ningún caso en el que se hayan implementado cambios a la legislación que vuelvan a poner al banco central bajo el control político.
En Occidente, mientras Trump resollaba y resoplaba, nombró a Powell, un hombre con instintos convencionales y temple. El primer ministro británico, Boris Johnson, resistió a la tentación de nombrar un defensor del Brexit en el Banco de Inglaterra y nombró al veterano del BOE Andrew Bailey, que tiene la independencia en sus huesos. En la eurozona, una opción igualmente neutral surgió como sucesor de Draghi, y un cambio en el estatus del BCE exigiría un nuevo tratado de la Unión Europea. Las posibilidades de que eso ocurra son muy escasas. Los líderes de la UE no muestran señales de querer asumir el riesgo de abrir la constitución a futuros referendos, como sería necesario en algunos países. Es más, parte de la presión política para que se tomen medidas ha disminuido. La confianza en el BCE cayó marcadamente después de la crisis de la eurozona hace casi diez años, pero se ha recuperado en la mayoría de los países en los dos últimos años. Inclusive en Grecia, se confía más en el BCE que en el gobierno nacional.
Es verdad, ha habido un cambio en la retórica política. Después de un largo período en el que los gobiernos se resistieron a cualquier comentario sobre las decisiones en materia de tasas de interés, algunos ahora se han vuelto más elocuentes. Jacob Rees-Mogg, el líder conservador de la Cámara de los Comunes, calificó a Mark Carney, el gobernador saliente del BOE, de “político canadiense de segunda categoría” que no pudo conseguir un trabajo en su país, después de que Carney se mostró en desacuerdo con el criterio económico de Rees-Mogg sobre los costos del Brexit. Y Trump suele emitir críticas contra la Fed en sus tuits.
¿Los bancos centrales deberían considerar esta renovada argumentatividad como algo malo y peligroso? Pueden hacerlo, si quieren, pero sospecho que es prácticamente imposible. Hemos entrado en una era menos respetuosa, lo cual no sorprende, dados los errores cometidos por los bancos centrales (y otros) en el período previo a la crisis de 2008. En lugar de lamentar el auge del comentario y la disputa, los bancos centrales tienen que cumplir con su parte de responsabilidad, mejorar su transparencia y explicar y justificar mejor sus acciones y decisiones.
Andy Haldane, economista jefe del BOE, ha demostrado que gran parte de lo que dicen los banqueros centrales es incomprensible para todos excepto para una pequeña proporción de la población. Sólo el 2% de la población puede entender fácilmente las minutas del Comité de Mercado Abierto de la Fed, que fija las tasas de interés, mientras que el 70% puede entender un discurso de campaña de Trump. Esa brecha tiene que achicarse, y los bancos centrales deberían hacer que su trabajo le resultara más accesible a la población. Tal vez un viaje colectivo a Kirguistán valga la pena para observar la mejor práctica en acción.

 


Howard Davies

Howard Davies

Howard Davies, the first chairman of the United Kingdom’s Financial Services Authority (1997-2003), is Chairman of the Royal Bank of Scotland. He was Director of the London School of Economics (2003-11) and served as Deputy Governor of the Bank of England and Director-General of the Confederation of British Industry.

Copyright: Project Syndicate, 2019.
www.project-syndicate.org

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