Inés Revuelta: La abolición del ejército en Costa Rica: de los nublados del día a una Cultura por la Paz y la Democracia

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Inés Revuelta Sánchez, Académica UNA.

En Costa Rica, una frase que ha marcado nuestra idiosincrasia ha sido la de  esperar a que se aclaren los nublados del día, lo cual también ha aplicado a la hora de tomar una decisión políticamente importante. Hemos sido parsimoniosos y adversos al riesgo, una característica natural de las personas que habitamos en las naciones que históricamente hemos repelido el conflicto, tanto bélico como social. No obstante, decía Antonio Machado que “no duerme bajo la tierra, el que la tierra ha labrado” y esa sí es una declaración de fe para las personas que visionaron una sociedad más próspera, equitativa, inclusiva, sustentada en los valores democráticos y en una Cultura por y para la paz. Es la consigna para quienes han trabajado arduamente para convertir a nuestro país en un referente mundial de paz; mujeres y hombres que cultivaron el pensamiento profundo y tuvieron la osadía de enfrentar los obstáculos y limitaciones de sus tiempos y que hoy afirmamos categóricamente, supieron labrar la tierra y por eso no descansan bajo ella, sino en la memoria colectiva de toda la Patria.

Costa Rica asumió como suyos los valores de defensa y protección de los derechos humanos. En primera instancia, en 1824 se abolió la esclavitud en América Central por iniciativa del presbítero José Simeón Cañas (De la Cruz, 2017); después, la pena de muerte en la Administración de Tomás Guardia en 1877, siendo el tercer país en el mundo en hacerlo (Presidencia de la República, 2015) y con estos dos avances se establece una base sólida para un estado social y de derecho, tal como ha prevalecido hasta el día de hoy. Seguidamente, se debe considerar incluir un tercer hecho relevante que fue el establecimiento de la educación primaria gratuita y obligatoria en 1869 (Martínez Gutiérrez, 2016), una decisión que pesó en la alfabetización y en la consecución de más y mejores indicadores sociales que se asocian con una población educada como lo son la salud, la seguridad social, los hábitos de vida saludable y por ende, el aumento en el indicador de esperanza de vida al nacer, todo como consecuencia de esas acciones formadoras.

Según la declaración dada en la XV Cumbre Mundial de Laureados del Premio Nobel de la Paz, celebrada en Barcelona en el año 2015, entre quienes se encontraban Oscar Arias, Frederik Willem de Klerk, Jody Williams, Lech Walesa, Shirin Edabi, Mairead Maguire, Betty Williams y Tawakkol Karman entre otros,   “la paz no es sólo la ausencia de la guerra sino que debe ser una situación en la que los derechos sociales, económicos y culturales sean respetados y disfrutados por todos” (La Vanguardia, 2015); es por tanto, una consecución de hechos que tienen que consolidarse en una sociedad para que sean plausibles y están relacionados intrínsecamente con la educación, la seguridad social, el acceso a servicios de salud de calidad, vivienda digna y una repartición equitativa de los ingresos, entre otros.

Los anteriores hechos resguardaron a nuestro país de los avatares políticos, económicos y bélicos que se extendían por América Latina con serias consecuencias para sus habitantes como lo son los golpes de Estado, inversión económica en armamento y el mantener una institución u organización funcionando, como es el caso de un ejército, todo lo anterior en medio de una desmedida pobreza.  Ya lo manifestaba  Jose Figueres Ferrer “aquí lo único que podemos repartir, por ahora, es pobreza” (Mora, 1993; p.171). Es decir, que en medio de las calamidades, muchos países tomaron la decisión de invertir en armamento y ejércitos, antes de solucionar los problemas sociales que acontecían en nuestro continente. Por eso, vuelvo a rememorar a Machado cuando afirmaba que “De diez cabezas, nueve embisten y una piensa”; es precisamente, la grandeza de las personas la que se mide en el momento oportuno de tomar una decisión memorable que marque la historia de una nación y por qué no, de la humanidad.

No todas las personas saben leer los signos de los tiempos y no todas las personas tendrán la grandeza de asumir como propio el designio de cambiar el rumbo de un país. Con los acontecimientos que sustentaron la fundación de la Segunda República y la casta de personas intelectuales, tanto hombres memorables como mujeres entrañables, se construyó una generación de seres humanos que tenían la formación en principios y valores para sentar las bases de un nuevo Pacto Social para una República libre, democrática y sin ejército. O sea, no es un acto casual o una ocurrencia, ni un desaire a los próceres: es un cúmulo de pensamiento, filosofía, acción y sobre todo, convencimiento colectivo de que la decisión que se tome, sea respaldada política y socialmente.

Ahora bien, la Patria no está hecha ni acabada. El palabras del poeta Jorge Debravo “tengo mi Patria siempre en la mano” y precisamente es así, porque esta se construye y se edifica día con día. Es un trabajo permanente y constante que parte de las personas, pasa por los colectivos y surca hacia el futuro. Por eso, los movimientos sociales y políticos de la década de 1940 fueron la culminación de una serie de acontecimientos que se habían incubado a principios de siglo, pues se dieron a la luz de una serie de decisiones políticas, consignadas por García Montealegre y Amador Zúñiga en el documento Costa Rica en la década de 1940-1950, tales como la fundación de la Universidad de Costa Rica (UCR) en 1940, la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) en 1941, el Pacto Social y Político por las Garantías Sociales de 1943, la creación de la Contraloría General de la República en 1944 y la Asamblea Nacional Constituyente de 1949 como producto de la guerra civil de 1948 y que da paso a la actual Constitución Política de la República de Costa Rica.

Para el historiador Vladimir de la Cruz “en junio de 1947 los diputados Fernando Volio Sancho y Fernando Lara Bustamante propusieron eliminar el Ejército suprimiendo partidas para la compra de armas y mantenimiento de los cuarteles”, un antecedente que incluyó el tema en agenda hasta que “la Guerra Civil de 1948 puso en tensión militar el país, tanto por las fuerzas militares organizadas y dirigidas por José Figueres Ferrer, su Ejército de Liberación Nacional y la Legión Caribe que le acompañaba, como por el ejército institucional que enfrentaba la insurrección militar figuerista”.

Para el historiador De la Cruz existen cuatro hechos que antecedieron la abolición del Ejército como institución del Estado:

  1. En el Proyecto de Constitución Política, presentado por la Junta, el 3 de febrero de 1949, en su Artículo 10, se establecía declarar oficialmente disuelto el ejército, lo que empezó a discutirse en el seno de la Asamblea Nacional Constituyente. Aquí se hizo oficialmente el primer anuncio de querer abolirlo.
  2. El 4 de julio de 1949 los diputados del Partido Unión Nacional, Ricardo Esquivel Fernández, Juan Trejos Quirós y Enrique Montiel Gutiérrez, proponen suprimir el Ejército.
  3. El 11 de octubre de 1949 la Junta Fundadora traspasó el Cuartel Bella Vista a la Universidad de Costa Rica, con el objetivo de desarrollar el Museo Nacional.
  4. El 18 de octubre de 1949 la Asamblea Nacional Constituyente revisa lo aprobado en discusiones hasta ese momento, con relación a la eliminación del Ejército, y el 31 de octubre de 1949 fue cuando se aprobó oficialmente, o ratificó, la Abolición del Ejército, en la Asamblea Nacional Constituyente.

El acto que siguió fue el acto público del 1 de diciembre de 1948, para publicitar la declaración de disolución del Ejército Nacional, que se había hecho el 31 de octubre en la Asamblea Nacional Constituyente. El acto del 1 de diciembre tan solo fue el acto teatral del anuncio, no el acto oficial en el cual se había abolido (De la Cruz, 11 de septiembre de 2019).

Costa Rica supo incubar el caldo de cultivo para que se gestara una decisión que marca los designios de un país y que sentó las bases de un Pacto Social y de Derecho que hoy ostentamos, con algunos altibajos, pero que se sostiene gracias a la Constitución de 1949.

Declamaba Debravo, “Yo no quiero un cuchillo en manos de la Patria. Ni un cuchillo ni un rifle para nadie: la tierra es para todos como el aire”. Por eso con dolor hemos atestiguado históricamente en Latinoamérica, la existencia en algunos casos hasta el día de hoy, de ejércitos que acribillan a sus propios pueblos, que disparan los fusiles y tanques contra el alma de su tierra, que son capaces de sostener a un tirano o a un dictador, que alimentan y acompañan a genocidas y que se complacen con el poder económico, político y también en algunos casos, protegen al crimen organizado. Hemos atestiguado como algunas naciones en el mundo, fabrican armas de destrucción masiva que utilizan incluso en contra de sus propias niñas y niños. Hemos visto a ejércitos forzando la migración de poblaciones enteras de sus propias tierras y hemos llorado con las mujeres violadas y acribilladas por los ejércitos invasores. Es decir, el balance de represión y dolor es mucho mayor a los supuestos beneficios de quienes se dedican a defender con armas los designios de alguna Patria. El negocio de las armas inventa guerras y las naciones no se invaden con objetivos altruistas, sino con metas geopolíticas y económicas muy claras, por lo que se puede afirmar que son guerras “justificadas” por el odio, la segregación y el poder… o sea, guerras injustificables. La sola lectura de la frase anterior, nos debería hacer coincidir con Debravo cuando prosigue en su manifiesto y declara que “Cogería las guerras de la punta y no dejaría una sola en el paisaje y abriría la tierra para todos como si fuera el aire”.

La abolición del ejército en Costa Rica se celebra oficialmente el 1 de diciembre de cada año y es una fecha para conmemorar la ausencia de ejército, como una garantía ineludible de paz social y de reasignación de recursos en programas sociales y educativos que requiere nuestro país para apalancar el desarrollo. Además, es un momento propicio para renovar nuestros votos por una educación inclusiva, universal, gratuita y de calidad como vínculo para que la actual generación y las próximas, no escatimen su capital intelectual y social en crear instituciones que atenten contra el principio básico y sagrado de vivir con temor al derrocamiento del gobierno electo democráticamente o acudir a padrinazgos de violencia contra el mismo pueblo, como ha ocurrido con los gobiernos de facto, genocidas y dictadores, que se apoyan en el ejército para oprimir a las poblaciones débiles y vulnerables. También es una fecha propicia para ratificar que existe en nuestra Patria, una vocación civilista que está más allá de la ausencia de guerra y de ejército; que debe construirse día con día, a partir de la paz social, el diálogo constructivo como forma plausible de resolución de conflictos y de mucha inversión social para erradicar la pobreza y la desigualdad, la descomposición social y con una mirada firme hacia un mayor desarrollo.

Costa Rica tiene muchos retos en materia social y económica, pero ya cimentó un capital moral mediante un Pacto Social y de Derecho que sostiene la institucionalidad nacional. No somos una democracia perfecta, pero sí perfectible, porque de eso también se trata una verdadera democracia como un sistema abierto al cambio y una oportunidad de mejora basada en el respeto a las personas, la institucionalidad, la libertad de expresión, acción y elección. Estamos alineados con la búsqueda del bien común, la dignidad, la libertad, la justicia y el fortalecimiento de la base social con fundamento en la educación.

El país debe establecer una ruta clara de desarrollo basado en la fuerza moral de los hombres y mujeres que visionaron una Patria grande, sin miedos, ni temores al cuchillo, el rifle o el cañón. Personas que creyeron y crearon un país noble cuyo lema ha sido la defensa del honor y la soberanía en manos de un pueblo valiente que convierte la tosca herramienta para defender su libertad, que pretende que el diálogo le alcance para solventar los conflictos internacionales y que se cobija en la institucionalidad internacional para garantizar su soberanía y la protección de los derechos humanos.

El populismo latinoamericano que se ha extendido como pólvora en la última década, debe reafirmarnos la idea de que no hay paz duradera ni eterna, sino que debe construirse día con día, conquistarse en cada amanecer, arrullarse en la noche y velarse hasta el alba… que debe ser un propósito del país y de sus habitantes.

Que no hay camino concluido sino que, en palabras también de Machado,  “se hace camino al andar”, con la convicción de creer que la conquista de la abolición del ejército ha sido buena y por tanto, debemos luchar con ahínco para mantenerla vigente como un legado para nuestras futuras generaciones.

El 1 de diciembre conmemoramos a las mujeres y hombres que heroicamente marcaron una tradición pacifista y no esperaron a que se aclararan los nublados del día para tomar la sabia decisión de abolir la esclavitud, la pena de muerte y el ejército; que supieron con valentía abrazar los ideales de una educación inclusiva, gratuita, obligatoria y de calidad como fundamento del desarrollo social costarricense y una verdadera Cultura de paz para que sigamos haciendo camino al andar.

Referencias

  • García Montealegre, E. y Amador Zúñiga, V. (1979). Costa Rica en la década de 1940-1950. Heredia, CR. Recuperado de: http://hdl.handle.net/11056/15133
  • De la Cruz, V. (20 de septiembre de 2017). El Acta de Independencia del 15 de setiembre de 1821, la abolición de la esclavitud y el surgimiento de la ciudadanía en Centroamérica. San José, CR; La República. Recuperado de https://www.larepublica.net/noticia/el-acta-de-independencia-del-15-de-setiembre-de-1821-la-abolicion-de-la-esclavitud-y-el-surgimiento-de-la-ciudadania-en-centroamerica#:~:text=COLUMNISTAS-,El%20Acta%20de%20Independencia%20del%2015%20de%20setiembre%20de%201821,de%20la%20ciudadan%C3%ADa%20en%20Centroam%C3%A9rica
  • De la Cruz, V. (11 de septiembre de 2019). ¿Cuándo se abolió el ejército en Costa Rica? San José, CR; La República. Recuperado de https://www.larepublica.net/noticia/cuando-se-abolio-el-ejercito-de-costa-rica#:~:text=Usualmente%20recordamos%20el%201%20de,feriado%20de%20pago%20obligatorio%20nacional
  • Debravo, J. (2013). Obra poética. San José, Costa Rica; Editorial Costa Rica.
  • Machado, A. (1998). Antología poética. Madrid, España; Editorial EDAF S.A.
  • Martinez Gutiérrez, B. (2016). Cronología de la educación costarricense [recurso electrónico]. San José, CR; Imprenta Nacional. Recuperado de https://www.imprentanacional.go.cr/editorialdigital/libros/historiaygeografia/cronologia_de_la_educacion_costarricense_edincr.pdf
  • Mora Rodríguez, A. (1993). Historia del pensamiento costarricense. San José, Costa Rica; EUNED.
  • La Vanguardia. (15 de noviembre de 2015). La paz no es sólo la ausencia de guerra, según varios premios Nobel de la Paz. Recuperado de https://www.lavanguardia.com/politica/20151115/54439858773/la-paz-no-es-solo-la-ausencia-de-guerra-segun-varios-premios-nobel-de-la-paz.html
  • Presidencia de la República. (2 de octubre de 2015). Costa Rica Firme Contra Pena de Muerte. San José, Costa Rica. Recuperado de https://www.presidencia.go.cr/comunicados/2015/10/costa-rica-promueve-la-supresion-universal-de-la-pena-de-muerte-y-reitera-solicitud-para-que-medida-no-se-aplique-al-costarricense-terence-valentine/

 


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