Trilogía “Voces que deciden: Liderazgo y Comunicación Estratégica de Mujeres en Gobiernos Locales”

Inés Revuelta Sánchez, Foro de Mujeres Políticas por Costa Rica.

Este artículo constituye la tercera entrega de la Trilogía “Voces que deciden: Liderazgo y Comunicación Estratégica de Mujeres en Gobiernos Locales”, surgida de la participación de la autora en el foro homónimo, presentado por el Foro de Mujeres Políticas por Costa Rica (FMPCR) en el marco del XVIII Congreso Internacional de Comunicación Política, celebrado en San José, Costa Rica, el 30 de julio de 2026.

El artículo responde a la pregunta: ¿Cuáles son los mecanismos de gestión que favorecen el liderazgo de las mujeres en la conversación política de los gobiernos locales?

“Voces que deciden” parte de una premisa fundamental: una voz adquiere verdadero poder cuando tiene la capacidad de traducirse en decisiones y esas decisiones en acciones que transforman la realidad. Una gestión efectiva requiere mecanismos que permitan conocer, ordenar, analizar y responder a la realidad sobre la que se actúa. Pero esos mecanismos adquieren verdadero sentido cuando están orientados por un propósito claro. De ahí surge el concepto de liderar con propósito: la capacidad de conducir una gestión con una visión clara de lo que se quiere transformar, de las personas a quienes se quiere servir y de los resultados que se busca alcanzar.

Desde esa perspectiva, el liderazgo de las mujeres en los gobiernos locales necesita traducirse en capacidad de gestión. Porque tener voz, participar y ocupar espacios de decisión es fundamental, pero liderar con propósito implica convertir esa capacidad en acciones, resultados y transformaciones concretas para la comunidad.

No se trata solamente de gestionar bien, sino de saber para qué gestionamos, hacia dónde queremos avanzar y cómo convertir ese propósito en decisiones, acciones y resultados que generen valor público y bienestar colectivo. Una gestión efectiva requiere mecanismos que permitan conocer, ordenar, analizar y responder a la realidad sobre la que se actúa. Pero esos mecanismos adquieren verdadero sentido cuando están orientados por un propósito claro.

El primer mecanismo es, por lo tanto, conocer para decidir. La gestión política local requiere leer e interpretar la realidad con una mirada amplia: identificar sus necesidades, reconocer sus oportunidades, comprender las relaciones entre sus distintos actores y analizar qué se ha hecho antes, qué funcionó, qué no y por qué. Implica conocer el contexto, comprender sus dinámicas, reconocer sus antecedentes, aprender de su historia y escuchar las voces de quienes lo habitan. Ninguna gestión pública parte de cero: cada comunidad tiene una trayectoria, unas dinámicas sociales y políticas, unas necesidades y también experiencias que deben ser conocidas para tomar mejores decisiones en el presente y construir respuestas pertinentes para el futuro. La experiencia acumulada constituye un insumo fundamental para no repetir errores, aprovechar los aprendizajes y construir sobre lo que ya existe.

El segundo es planificar estratégicamente. Conocer la realidad permite establecer prioridades, definir objetivos, ordenar acciones y orientar los recursos hacia aquello que genera verdadero valor público. La planificación estratégica no consiste simplemente en administrar lo que existe; supone tener claridad sobre qué se quiere alcanzar, para quién y con qué resultados. Planificar exige también estudiar, investigar, analizar la realidad, identificar oportunidades y riesgos, valorar alternativas y anticipar escenarios. Solo así la planificación deja de ser un ejercicio meramente administrativo y se convierte en una herramienta estratégica que permite traducir una visión política en una ruta de acción concreta, viable y orientada a resultados.

El tercero es articular capacidades. Los grandes desafíos locales difícilmente pueden resolverse desde una sola institución. El liderazgo requiere construir puentes entre municipalidades, instituciones públicas, sector privado, organizaciones sociales, academia y ciudadanía. Saber convocar, escuchar, negociar, generar alianzas y construir acuerdos es una capacidad política y al mismo tiempo, un mecanismo de gestión.

El cuarto es ejecutar y hacer que las cosas sucedan. Una decisión política adquiere sentido cuando puede traducirse en acciones concretas, con responsables, recursos, plazos y metas. Liderar también significa dar seguimiento, remover obstáculos, tomar decisiones oportunas y corregir el rumbo cuando las circunstancias lo exigen. La gestión pública no termina cuando se aprueba una iniciativa: comienza cuando hay que hacerla realidad.

El quinto mecanismo es comunicar con claridad. En el ámbito local, comunicar no significa únicamente informar lo que hace una municipalidad. Significa explicar por qué se decide, qué problema se busca resolver, cuáles son las prioridades, qué resultados se esperan y cómo puede participar la ciudadanía. Una comunicación clara, transparente y cercana construye confianza, fortalece la legitimidad de las decisiones y permite conectar la gestión pública con la vida cotidiana de las personas.

Para las mujeres, comunicar con claridad debe ser también parte de una estrategia de liderazgo y gestión. No se trata solamente de visibilizar lo que hacemos, sino de dar sentido a las decisiones, defenderlas con argumentos, generar conversación, construir acuerdos y hacer visibles los resultados. La comunicación, entendida así, deja de ser un componente accesorio de la gestión para convertirse en una herramienta para ejercer liderazgo, fortalecer la confianza y generar capacidad de incidencia. Porque comunicar no es solamente contar lo que hacemos: es contribuir a que las decisiones se comprendan, se legitimen y movilicen a las personas hacia objetivos compartidos.

El sexto mecanismo es evaluar para mejorar. Toda gestión necesita detenerse, revisar lo realizado y preguntarse si realmente está produciendo los resultados esperados. Evaluar permite identificar avances, reconocer limitaciones, corregir decisiones y aprender. Una cultura de evaluación fortalece la gestión porque sustituye la improvisación por evidencia y convierte la experiencia en conocimiento para decidir mejor.

Finalmente, está la rendición de cuentas. El liderazgo democrático se fortalece cuando puede explicar qué se propuso, qué hizo, qué resultados alcanzó y qué debe mejorar. La transparencia no debilita el liderazgo; le otorga legitimidad. Rendir cuentas es reconocer que el poder público no pertenece a quien temporalmente lo ejerce, sino que constituye una responsabilidad frente a la ciudadanía.

Conocer, planificar, articular, ejecutar, comunicar, evaluar y rendir cuentas forman así una cadena de gestión que permite que el liderazgo político se traduzca en capacidad real de transformación.

Y aquí es donde liderar con propósito adquiere sentido. Porque no se trata únicamente de llegar a un espacio de poder, sino de saber para qué se llega, qué se quiere transformar y cómo se utilizarán las capacidades disponibles para lograrlo. El propósito orienta las decisiones; la buena gestión las convierte en realidad.

En los gobiernos locales en los que la política se encuentra diariamente con las necesidades concretas de las personas, las mujeres tenemos una enorme oportunidad: demostrar que gestionar también es liderar; que construir acuerdos también es ejercer poder; que articular voluntades también es hacer política, y que obtener resultados también es transformar.

El desafío ya no es solamente que las mujeres tengamos voz en la conversación política local. Es que esa voz tenga capacidad de decisión, capacidad de gestión y capacidad de transformación.

Porque cuando conocemos de dónde venimos, comprendemos dónde estamos y gestionamos con propósito hacia dónde queremos ir, la voz se transforma en acción; la acción en resultados y los resultados, en bienestar colectivo: en bien común.

Y ahí está, en definitiva, el verdadero sentido de liderar: no ocupar un espacio de poder por el simple hecho de “haber llegado”, sino de asumir la responsabilidad de transformar la realidad y dejarla mejor de como la encontramos. El llegar a un puesto de poder ciertamente implica la toma de decisiones, pero gobernar y liderar con propósito es convertir esas decisiones en acciones concretas, sostenidas por mecanismos de gestión que permitan avanzar con dirección, coherencia y sentido hacia los resultados que la ciudadanía espera.

Esa es la voz que queremos las mujeres: una voz que no solo se escucha, sino que decide, gestiona, transforma y deja huella.

 

 

 

Inés Revuelta Sánchez

Por Inés Revuelta Sánchez

Académica e Investigador universitaria Ex Directora General del Teatro Nacional Ex Directora Ejecutiva del Teatro Popular Melico Salazar Galardón “Mujer con el Mejor Índice de Gestión Institucional” 2015 Galardón “Mujer destacada de la Educación y la Cultura 2024” Administración, Gestión Cultural, Educación y Arte inesrevuelta@gmail.com