Inés Revuelta Sánchez, Académica UNA.

El análisis de los recortes presupuestarios que se están aplicando al Ministerio de Cultura y Juventud debemos efectuarlo a contraluz de su marco histórico, ideológico y constitutivo.

Si bien es cierto, la Asamblea Legislativa es constitucionalmente el espacio legitimado para revisar y discutir el presupuesto del Ministerio antes de su aprobación como Ley de la República, éste se ha convertido en los últimos años, en un escenario de rasgado de vestiduras que no produce ninguna vinculación sustantiva con el análisis y la planificación presupuestaria que deben realizar las autoridades del Ministerio para ejecutar los programas y proyectos del siguiente ejercicio económico.

En palabras de don Alberto Cañas “(…) los costarricenses hemos demostrado que sobre un barrial se puede construir una República, y cuidado si no también una cultura”. Un concepto que me reafirmó él mismo en una de las varias conversaciones que tuvimos, cuando él fue miembro de la Junta Directiva del Teatro Nacional de Costa Rica y yo, Directora General. Mi paso por la gestión pública, específicamente, en el sector cultural, me permitió entender con mayor dimensión las palabras de don Beto. Quienes hemos caminado, bailado y surcado las calles en lucha perenne por más presupuesto tanto para Cultura como para Educación, comprendemos con singular precisión lo que implica invertir (¡sí invertir!) en ambos sectores, porque es ahí donde radica nuestra identidad, nuestro desarrollo y el futuro de la Patria.

Es decir, primero se funda con tesón la Patria y después se recoge su identidad mediante esto que llamamos “Cultura”, la cual sustenta como lo manifiesta la UNESCO,  las diversas formas en que se expresa, enriquece y transmite el patrimonio cultural (…) mediante la variedad de expresiones culturales y también a través de distintos modos de creación artística, producción, difusión, distribución y disfrute de las expresiones culturales, cualesquiera que sean los medios y tecnologías utilizados. Por tanto, Cultura también es el derecho humano de expresarse, convivir, disfrutar y de ser persona plena en su cotidianidad, no en la excepcionalidad. La Cultura es un derecho para todas las personas, todos los días.

Por eso, cuando nos referimos a la planificación presupuestaria del Ministerio de Cultura y Juventud, estamos en presencia de una ardua labor que implica conjuntar tres aspectos del mismo modo importantes. En primer lugar, el ideario político-ideológico que presentó el partido de gobierno en su campaña electoral y que le permitiría saldar los compromisos asumidos tanto con la ciudadanía como con los distintos subsectores culturales; en segunda instancia, articular su ideario con la Política Nacional de Derechos Culturales 2014-2023 y que entonces y como tercer aspecto, deberá constituirlos en indicadores cuantitativos vinculados con el Plan Nacional de Desarrollo.

Lo expuesto, no es una tarea fácil pues entran en convergencia varios intereses como son  los de la ciudadanía en el sentido de resguardar los derechos de convivencia en espacios inclusivos y seguros; los de las personas, grupos y organizaciones artísticas que tienen el derecho de contar con recursos para ejecutar sus programas, proyectos y actividades y los de la gestión misma del Ministerio como “ente rector del Sector Cultura, el cual está conformado por los programas y los órganos desconcentrados vinculados a esta cartera”. Lo anterior se debe realizar, considerando que “el Ministerio es una entidad amplia y compleja, que comprende cinco programas presupuestarios y catorce órganos desconcentrados“. Es un Ministerio robusto con una estructura fuerte, cuya historia ha sido y debe seguir siendo la de construir Cultura…para no volver al barrial.

Por eso, ver con la ligereza con que se recortan los recursos del Ministerio de Cultura y Juventud sin sopesar factores como su contexto histórico, ideológico y organizativo y, sin analizar la misión y los objetivos que cumple en la sociedad, resulta más que doloroso, pues representa un desconocimiento de causa que vienen arrastrando varias Administraciones desde hace algunos periodos y que cada año manifiesta tintes de agravarse aún más.

Este recorte presupuestario es incorrecto, no solo por haberlo realizado unilateralmente el Ministerio de Hacienda, sino porque desconoce que el actual presupuesto en ejecución ya fue cercenado en el proceso de aprobación el año pasado. Es así como el recorte se produce sobre un presupuesto ya menguado, sin análisis técnico, sin consultar el sector y en una economía devaluada. Algo así como quitarle el sustento a una persona, darle palo y ponerla a la intemperie.

En una crisis fiscal como la actual, lo más sencillo es recortar recursos destinados a Cultura y Juventud debido a que para algunos partidos políticos representados en la Asamblea Legislativa, esos recursos podrían ser catalogados como superfluos. Lo anterior a que una vez más, no se entiende lo que es Cultura y además paga justo por pecador un sector que no ha sido culpable del manejo deficitario presupuestario de las autoridades de Cultura en los últimos periodos, y no por culpa de la estructura técnica del Ministerio, sino por la falta de capacidad de gestión de las autoridades ministeriales.

En el aspecto social, el Ministerio articula y ejecuta una serie de programas que deben incidir en forma directa y positiva en nuestra población, dando mayor énfasis a la niñez, adolescencia, juventudes y adultos mayores. La gestión de la Cultura no es un favor que se le hace a las élites formadas en las artes, aunque ya quisieran muchos países cuentan con artistas como los nuestros, mujeres y hombres que han trascendido en todos los campos y que no se han limitado para compartir lo que saben con la ciudadanía.

La Cultura, además del arte como expresión sublime del espíritu y por lo tanto del ser humano, es la promoción educativa que se efectúa en las comunidades rurales, en los pueblos originarios, en las escuelas, colegios y universidades, en las niñas y niños y particularmente aquellos en riesgo, en los grupos comunales de jóvenes, mujeres, personas privadas de libertad, con discapacidad y adultas mayores entre otras. Son estos, grupos poblacionales que no solo buscan gozar del derecho al disfrute pleno y gratuito de la Cultura, sino que además demandan una participación activa que puede concretarse como una forma de esparcimiento, educación, salud, formación o incluso como un emprendimiento económico.

La Cultura cohesiona la identidad Patria, el ser costarricense, los valores y principios que sustenta una forma de vida y expresión, es decir, nuestra idiosincrasia. Cuando se corta y recorta en Cultura, se limita su desarrollo.

Por eso, más que recortar el presupuesto para Cultura y Juventud, se debe invertir para mejorar…siempre y cuando ese sea el objetivo que se tiene y se quiere. Por ende, no se debe recortar, sino que se debe restituir lo que se le ha venido recortando, porque ese debilitamiento lo terminamos pagando todas las personas en lo social cuando los índices de violencia escalan, cuando no hay trabajo porque no hay oportunidades generadas desde la capacitación y promoción, cuando no hay espacios para convivir, cuando no hay salud mental y física, porque tenemos un Ministerio que no se ha encargado de trazar ruta y ejecutarla a cabalidad…porque quizás ni siquiera tenía un plan fundado sobre principios, valores y un basamento político-ideológico cierto.

El recorte presupuestario no es de recibo, más bien, la inversión en Cultura y Juventud debe fortalecerse a través de la búsqueda de formas creativas de financiamiento para los programas que atiende el Ministerio. Implica asignar recursos, no sólo para la gestión de nuestro patrimonio material e inmaterial, sino también, para apoyar de forma muy sostenida las iniciativas educativas en Cultura para la paz y la convivencia dirigidas a la niñez, adolescencia y juventudes. Estos programas deben coadyuvar, conjuntamente con los educativos del MEP, a mantener a nuestras futuras generaciones alejadas del flagelo de las drogas, la violencia, la deserción educativa y de la pobreza estructural. Deben crearse iniciativas que cohesionen nuestras comunidades y que trabajen desde los espacios sociales para revertir los índices de criminalidad, violencia, exclusión y pobreza. La Cultura debe ser vista como un bastión social para el desarrollo inclusivo y sostenido de la población costarricense.

Por lo anterior, tampoco son de recibo las manifestaciones de las autoridades de Cultura y Juventud cuando anuncian que para cubrir el recorte presupuestario buscarán establecer alianzas público- privadas. Alianzas que no son nuevas aunque sí muy importantes; de hecho, desde hace más de veinte años en Cultura las venimos realizando. Por tanto, las alianzas no deben sustituir los recursos estatales, sino que deben ser recursos frescos para nuevas y mejores inversiones.  No deben ser el “en vez de” sino el “además de”.  En materia presupuestaria y en términos generales por lo tanto, (1) no puede haber recortes, (2) se debe realizar una correcta gestión del presupuesto y (3) un fortalecimiento adicional con alianzas público-privadas.

No es de extrañar entonces, que en la Asamblea Legislativa se presenten presupuestos desarticulados, mutilados y orientados a debilitar el Ministerio de Cultura y Juventud. No es de extrañar tampoco, que haya autoridades políticas carentes del criterio y el temple para defender los recursos que deben sostener y fortalecer el Ministerio. De ahí que, debemos como sociedad hacer un vehemente llamado para que la inversión en Cultura se mantenga, se fortalezca y se le devuelvan los recursos a un Ministerio que debe articular la gestión de la Cultura y Juventud al más alto nivel estratégico.

Según Alba Carosio, “detrás de toda cultura está siempre el suelo en el que se habita, y este habitar implica el no ser indiferente con lo que allí ocurre”. Por eso, lo peor que nos puede pasar como sociedad, aparte de tolerar el desmantelamiento solapado al Ministerio de Cultura y Juventud, es ser indiferentes y apáticos con la aprobación presupuestaria que se efectúa en la Asamblea Legislativa. Tal vez hayamos superado el barrial y  fundado una segunda República, pero es urgente que de una vez y por todas, dimensionemos la importancia de la Cultura para la cohesión social, para resguardar nuestro legado histórico y patrimonial, nuestra identidad, nuestro espíritu, nuestra diversidad de tradiciones y valores, nuestra convivencia en sociedad, lo que hacemos y cómo lo hacemos.  Dimensionemos que defender la Cultura es defender la tierra sobre la cual deben pisar nuestras actuales y futuras generaciones, en procura de que sus pies no se enloden en el barrial.


Publicado originalmente en Mundiario CR.

Por Inés Revuelta Sánchez

Académica de la Universidad Nacional Ex Directora General del Teatro Nacional Ex Directora Ejecutiva del Teatro Popular Melico Salazar Estudió Arte, Educación y Administración inesrevuelta@gmail.com