Inés Revuelta Sánchez, Ex Académica UNA.

Discurso de Inés Revuelta Sánchez sobre el libro “Las Malcriadas” escrito por Alfredo González Campos, en la presentación del mismo, realizada el pasado sábado 24 de febrero, en el Centro Cultural de España:

Buenas tardes, un saludo afectuoso para quienes nos hemos reunido a celebrar a ¨Las Malcriadas” y a su autor, mi querido Alfredo, quien ha depositado en mí el inmenso honor y absoluto placer de presentar un libro extraordinario y único, un testimonio histórico pero a la vez personal, respetuoso y amoroso, el cual considero es alimento emocional e intelectual, así como una fuente de inspiración, conocimiento y esperanza ante tantas cosas que estamos viviendo en la actualidad.

He querido iniciar estas palabras con fuerza, caracterizando a este hermoso libro desde el inicio, porque me corresponde presentar una breve sinopsis del mismo y no puedo desperdiciar en modo alguno ni uno sólo de los minutos que se me han asignado para presentarlo; y por lo tanto, también me voy a mantener dentro del texto que he escrito con motivo de la feliz ocasión que nos congrega.

Empiezo por contarles que estuve enamorada de este libro desde antes de leerlo, porque fui testigo de primera mano, de la pasión y dedicación, impecable atención a cada detalle y faceta del proceso de investigación y escritura que Alfredo puso en su creación; pero además de eso, del inmenso amor que le tiene a cada una de las mujeres del libro, lo cual deriva de su respeto por la historia y por ellas como personas y hace que cada página sea fuente de asombro, interés, valoración, desasosiego a ratos y paz en otros… esa paz que nos genera tener un libro como este en nuestras manos, que se transforma en compañía y amigo mientras lo leemos.

Debo resaltar el proceso de investigación que hizo Alfredo, (con todo lo que esto implica y el cual fue considerable y exhaustivo con un tratamiento respetuoso, humano y tremendamente veraz, ordenado y claro), pasando por la búsqueda de imágenes tanto fotográficas como aquellas otras que creamos en nuestra mente cuando leemos el texto, además de los esfuerzos que hizo para que viera la luz y tanto más… lo resumo en una frase que he escuchado a Alfredo decir varias veces: que este es “el proyecto de su vida”…y aunque ciertamente no es la primera vez que Alfredo escribe, en esta ocasión lo ha hecho con la rigurosidad y esfuerzo de una primera, segunda, tercera, cuarta y quinta vez, todas juntas y por tanto, “estas malcriadas que ciertamente se salieron del canasto”, también le han salido de lo más profundo de su corazón …requisito elemental para poder derramar palabras y materializar sensaciones en un texto que provoque interés y emoción en quien lo lea. Confío en que habrán muchas más obras de Alfredo que pasen “por la puerta” que está abriendo con esta obra, entendiendo que se empeñó en crear algo diferente que ¡para empezar!, caracteriza a la “malacrianza” como sinónimo de virtud, de atrevimiento, legitimidad, autenticidad, libertad, romper barreras y derribar muros para ser felices y trascender, algo a lo que tenemos el mismo derecho todas las personas.

Queda claro también, por la forma en que Alfredo lo plasma en su libro, que para la “malacrianza” no hay edad, como tampoco hay restricciones en la diversidad de lugares y espacios dónde se puede manifestar: en el Teatro Nacional, el Zanzíbar, el Sesteo, La Soledad, Puntarenas, México, Guatemala, El Salvador, Limón, la Universidad de Costa Rica, el Repertorio Americano, La Editorial Costa Rica, Cuba, Santo Domingo de Heredia, Barrio Otoya, el Club Unión pero también en el Mercado Central con su sopa de mondongo, entre tantos otros lugares que aparecen en el libro…todos espacios propicios para atreverse a la malacrianza por igual.

Veamos la foto de la portada y contraportada: ¡Es hermosa!… y la forma en que la foto encuentra el libro y lo abraza, es preciosa. En lo personal, recuerdo que cuando la vi por primera vez, se me humedecieron los ojos: de pronto percibí como unas niñas de otro siglo, se encontraron de frente con una cámara fotográfica y a la vez con una foto, que décadas después se encuentra con un libro que abraza a las mujeres que vienen en su interior. Las niñas encuentran la foto que encuentra el libro que se encuentra a las mujeres y desde las manos, mente y corazón del autor, se encuentra con nosotros para proyectarse al infinito. Y es así como las niñas, el libro, las malcriadas y el autor se unen en un mismo espacio que quedará como testimonio documental para la historia y al que espero que muchas personas accedan, porque nadie debe quedar fuera de esta mágica ecuación.

En el libro nos encontramos imaginariamente con un canasto volcado, aunque no vacío por la esencia que han dejado allí las 9 mujeres que se han salido de él. Y se han salido, porque no tenían otra manera de asumir y vivir sus vidas: con sus alegrías, tristezas, furias, pasiones, caracteres, ideales, principios, terquedades, iluminaciones, talento , irreverencia, belleza, encanto y desencanto, resistencia y persistencia…En otras partes del mundo dirían que rompieron los moldes, pero en nuestra Patria, a eso le llamamos “salirse del canasto”, una frase metafórica que en este caso se refiere a esas puertas a las que alude Alfredo desde el Prefacio del libro, que deben ser abiertas a pesar y con el pesar muchas veces, de quienes empujan para mantenerlas cerradas o dificultar su paso…y estas mujeres las abrieron con singular fuerza…entiéndase, malacrianza.

Y es así como en cada capítulo nos vamos encontrando con ellas, una por una, de una manera interesantísima por la prosa que utiliza Alfredo para contarnos la historia y envolvernos en ella:

Primero, nos encontramos con una Virginia Grutter más fuerte que el dolor, el cual amarra con poesía…la historia de una mujer que fue capaz de movilizarlo todo, de asumir la realidad tal cual y que buscaba el veritas serum, el serum de la verdad…pero que ante todo era en su esencia “Rebeldía femenina que buscaba construir un mundo mejor.”

De seguido, se materializa Ofelia Corrales: Más allá del bien y el mal; médium, desentrañadora de misterios, vidente del futuro, que predecía a diario los hechos culminantes de la vida de otros (muchas veces a expensas de los suyos)… y que en ese tiempo y en sus diferentes espacios, “supo conciliar el mundo de los vivos con el de los muertos”.
De seguido nos aparece Isola Gómez:…entre puertas, que a pesar del “verde”, vivió encerrada en la colmena con sus “pensamientos” y tristemente su vida se explica a partir de la de su Papaíto…la aguarda en el infinito “el zumo de su taza”.

A continuación nos encontramos con Viviana Gallardo Camacho: Chineada y despierta… y para quien y según sus palabras, “decidirse a luchar es parte de la honestidad con que se quiere vivir; porque no es posible dormir y querer, en un mundo con las tres cuartas partes que se mueren de hambre, sin siquiera inmutarse… el que lo haga está traicionando su humanidad.”

Un poco más allá en el libro, se presenta Eunice Odio: hija de sí misma, mujer y poeta con esmeraldas en sus ojos, con sus Excursiones de libertad y la búsqueda de la armonía entre luz y estética; caminando en el Territorio del alba, con su carácter fuerte y la luz de su genio, una perenne centinela en marcha, en su tránsito de fuego y su inmensa tarea.

De seguido, Ivonne Clays se presenta poseedora de una cultura cosmopolita, políglota, conocedora del arte, enérgica, con una sonrisa siempre presente… pero al mismo tiempo poseedora de un carácter reservado y hermético cuando era necesario. Con condiciones intelectuales, un aire de dignidad e inteligencia… una página borrada pero que en este libro, sigue siendo una mujer presente y con innegables contribuciones a la Patria que hizo suya.

¿Y qué decir de Eulalia Bernard Little? Creía en la importancia del ser, sentada en su árbol de la infancia, el cual ella denominó “mi trono de guanábana” y desde el cual proclamó “que sería un soldado con la palabra desenvainada en la mano.” Quería ser un “important person”, y a partir del reconocimiento del camino por recorrer, también determinó que a la mujer le faltaba algo esencial: saberse creación y creadora. Y a eso se abocó para proclamar con el ejemplo de su vida, de manera incansable y sin detenerse ante nada.

A continuación, aparece Isabel María Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano, mejor conocida como Chavela Vargas, nacida en un mundo raro, hipnotizada por el misterio y la belleza de la luna a la cual convocaba con su fresca voz, potente y andrógina, para que alumbrara los techados. Fue sometida a intrigas de clase social entre otros sinsabores, lo cual significó un gran impulso para determinar ser alguien… y lo consiguió. Vivió más allá del bien y el mal, retándolo todo y desgajando su voz, según sus códigos, con sus demonios, sin miedo a la vida y con todavía menos miedo a la muerte; Chavela la de la Macorina, dejó en herencia su libertad proclamando que “nunca se dice adiós, se dice te amo”.

Cierra el libro Yolanda Oreamuno Unger; sus sueños siempre fueron más grandes que sus realidades y a pesar de su belleza (por la cual fue demeritada la genialidad de su escritura, “premiándosele” muchas veces con la soledad), su verdadera arma fue la palabra. La bella peligrosa, plasmó sus pensamientos, aquellos que la llenaban por dentro como una tinaja con su agua, enseñando a los costarricenses a pensar, sentir y escribir de una forma diferente. Con La Ruta de su Evasión, el talento de la escritora se atrevió a transgredir barreras y propinar un golpe a propios y extraños, derribando estereotipos y con sobrados méritos artísticos. Sus obras siempre estuvieron adelantadas a su tiempo… igual que ella.

Este es un libro para leer, releer, disfrutar, reflexionar, motivar, aprender, emocionarse y reconocer, tanto para mujeres como para hombres…y me atrevo a ir más allá: para personas lectoras de todas las edades. Si el Ministerio de Educación volviera a darle a la lectura, la importancia que tiene desde edades muy tempranas y se atreviera a volver a instaurar los textos de lectura obligatoria, Las Malcriadas debería estar en la lista. Ya me imagino lo empoderador que sería para muchas niñas, niños y jóvenes, leer en la Dedicatoria de este libro que “Nunca se debe olvidar la importancia de luchar por lo que se quiere y defiende.” Ciertamente este sería un libro de lectura maravillosamente obligatoria, que los sacaría del esquema de memorizar para trasladarlos al majestuoso universo de leer y por tanto de pensar, sentir y valorar…

En resumen y a partir de lo certeramente escribe el autor en el Prefacio:
Las Malcriadas es el testimonio de nueve mujeres en su búsqueda de la felicidad de un modo muy particular: asumiendo plena conciencia de sus aspiraciones e ideales y defendiendo sus propias convicciones ante todo lo que las contrariaba. Es un libro que nos llama a pensar que es posible nadar contracorriente y ser recordado por ello (entre otras cosas); que es necesario defender nuestros ideales y aportar en la construcción continua del rompecabezas de la Patria, desde el lugar y tiempo que nos toca vivir. Por lo tanto, este es un libro en el presente, que reconoce vidas pasadas y brinda esperanza para el futuro.

Es además un libro multipropósito…dependiendo desde dónde nos ubiquemos al leerlo: es histórico, educativo, emocional, sicológico, manifiesto político, encuentro personal, reivindicador y profundamente hermoso. Pero ciertamente su propósito vital es como muy bien lo escribe Alfredo: “busca promover la justicia, historia y liderazgo femenino”…y yo agregaría que lo consigue, y por mucho.

Lo cierto es que esta joya, que tiene vida propia y en la que a primera vista unas niñas encontraron una foto, que encontró un libro, que abraza las vidas de mujeres extraordinarias y encuentra hoy por fin nuestras manos, es motivo de júbilo y espero que también sea de mucho reconocimiento…porque se lo merecen tanto las malcriadas, como el libro y su autor.

Te felicito Alfredo y te auguro los mayores éxitos y bendiciones con esta puerta que has abierto para permitirnos pasar por ella, caminar más allá del canasto y encontrarnos con las malcriadas y también con nosotros mismos. ¡Bravo! Muchas gracias.

 

Por Inés Revuelta Sánchez

Académica de la Universidad Nacional Ex Directora General del Teatro Nacional Ex Directora Ejecutiva del Teatro Popular Melico Salazar Estudió Arte, Educación y Administración inesrevuelta@gmail.com