Inés Revuelta – Una pandemia y diez desafíos globales: Los 10 DGs

La globalización trajo consigo beneficios de interconectividad para la humanidad. No obstante, la pandemia nos reveló lo que todavía afrontan las naciones para la gestión de la presente crisis sanitaria y económica. Esos son los principales desafíos que debemos enfrentar a futuro como verdadera lección aprendida.

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Inés Revuelta Sánchez, Académica UNA.

La humanidad ha sido marcada a lo largo de su historia por una serie de signos que han direccionado la ruta para su integración global. Desde las primeras migraciones humanas hasta algunas crisis políticas, económicas o sociales, se ha venido reafirmando la necesidad de una estrecha colaboración entre las naciones del mundo como un vínculo para afrontar de manera conjunta los desafíos que trae consigo el desarrollo humano.

Las divisiones geopolíticas ya no se justifican a pesar de las posiciones ideológicas o de los modelos de desarrollo económico que sustentan las regiones, los continentes o los países de manera individual. Por eso, las grandes potencias y los organismos internacionales establecieron desde mediados del siglo pasado, una agenda común para favorecer la integración de los mercados, el libre comercio, el flujo de capitales y el libre tránsito de personas como aspectos básicos que debe cumplir un proceso de globalización.

Lo anterior no ha estado exento de controversias, debates y discusiones alrededor de una agenda social que reclama mayor equidad y apoyo, especialmente para los países pobres y en vías de desarrollo. Es decir, se ha reclamado que haya una mejor repartición de la riqueza y que no se socialicen las calamidades entre aquellos países que ya de por sí, son pobres y marginados. Cito como ejemplo, la atención que requieren los conflictos bélicos, la migración, la pobreza extrema y el abandono en los que está sumida parte de la humanidad; lo anterior sin dejar de lado, que prevalecen regímenes que violan tanto los derechos humanos como las garantías mínimas de convivencia social requeridas por las personas para vivir en ambientes democráticos. Por ende, la integración global presenta aún una serie de retos en el mediano y largo plazo.

Ahora bien, el tema que convoca a la reflexión en este artículo, es la contextualización de la crisis sanitaria y económica que ha traído consigo la pandemia de COVID-19 y que se magnificó mediante los flujos de personas que transitan en un mundo interconectado. El  beneficio que trajo consigo la globalización a las naciones se convirtió, de manera perversa, en un factor de ventaja para la transmisión de un potente virus que no conoce de fronteras ni de posiciones geopolíticas ni ideológicas.

Lo que sí nos ha revelado la pandemia es que la mayoría de los países compartimos una serie de desafíos que para algunos, ha significado un punto de inflexión en la atención de lo básico y esencial como son las vidas humanas en el sistema sanitario así como en otros aspectos críticos tales como el desempleo y la pobreza en que están inmersas una gran cantidad de personas, producto de la desaceleración económica.

Pero, ¿cuáles son los desafíos que enfrentamos como Humanidad en la gestión de la crisis sanitaria y económica por la Covid-19? Lo revelador de esta pregunta reflexiva y sus posibles respuestas, es comprobar que la humanidad comparte, a pesar de las diferencias, una serie de retos que deben ser analizados con la seriedad del caso, no sólo para hacer un simple recuento de daños, sino para elaborar una ruta viable de preparación para una próxima pandemia global. Porque, por muy negativo y pesimista que parezca, la lección aprendida también incluye la sistematización y la prevención que nos permita estar un paso (o zancada) adelante de cara al futuro.

Por lo anterior, expondré algunos desafíos, considerados como más relevantes y que han sido notorios y evidentes en la mayoría de los países, los cuales he denominado Los 10 DGs:

  1. Revisar la forma de preparación de los Estados para afrontar en forma conjunta una emergencia global.

La poca preparación y la timidez con que se compartieron los datos durante el inicio de la pandemia por el COVID-19, especialmente por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), evidenció que cada país e incluso regiones integradas de manera política y/o económica, no actuaron a tiempo para solventar las carencias de recursos humanos, materiales y técnicos para la atención de la emergencia. Si bien es importante considerar el tiempo y la  tecnología como recursos per se que se agreguen a los tres anteriores, si las naciones a nivel regional se hubieran conjuntado más rápidamente por lo menos en esas tres áreas tradicionalmente conocidas como son los recursos humanos, materiales y técnico-financieros, el resultado pudo haberse cambiado o por lo menos mitigado. Asimismo, tampoco hubo un sistema de alerta temprana centralizada que sistematizara la información y la convirtiera en datos para una efectiva y eficiente toma de decisiones.

  1. Fortalecer la inversión social en los sistemas sanitarios.

La atención sanitaria, como primera respuesta ante la pandemia dejó al descubierto el colapso de los sistemas de salud. Unos sistemas sanitarios que garantizan el Estado Social y que han venido siendo desmantelados, en algunos países, por la reducción de la inversión social. Por eso, el desafío no está solo en reducir la incidencia de muertes, sino también velar porque la atención sea de calidad y no discrimine a las personas por su edad o su origen social, dato importante a tomar en cuenta a las puertas de la elaboración de protocolos para la aplicación de la muy deseada vacuna. Estupefacta quedó la humanidad, cuando los telediarios, medios escritos y redes sociales informaban que países del primer mundo desarrollado no daban abasto y no atendían a las personas enfermas, teniendo que establecer protocolos para priorizar la atención sanitaria de acuerdo a la edad o nacionalidad, lo cual evidentemente constituye una forma de  discriminación que atenta contra los principios más básicos de los derechos humanos. En este punto, se hace evidente la necesidad de revisar profundamente los sistemas sanitarios y establecer desde la O.M.S. estándares mínimos de inversión en salud pública por densidad y características de la población. Asimismo, establecer un fondo multilateral con recursos para el acceso de los países pobres y en vías de desarrollo con el fin de que, realicen las inversiones en el mediano y largo plazo; lo anterior en particular considerando, que todavía hay serias falencias en aspectos básicos como el acceso al agua, infraestructura de comunicación, equipamiento de hospitales de primera respuesta, desarrollo tecnológico y científico, aunado al escaso análisis de datos que se evidenció a principios de la pandemia.

  1. Examinar con mayor detalle el estado de las economías y los procesos viables e inmediatos para su reactivación.

La debilidad en la que estaban las economías mundiales pre-pandemia debido a una desaceleración de la producción mundial, sumado al creciente desempleo y al aumento en la pobreza, siguen siendo (con o sin la pandemia) un desafío global que colateralmente impacta la calidad de vida de muchos seres humanos alrededor del mundo. Sin embargo, los anteriores aspectos, potenciaron que la COVID-19 impactara con mayor virulencia a los países pobres y en vías de desarrollo, en muchos de los cuales ni siquiera hay recursos para contabilizar a sus muertos. Lo anterior también está relacionado con el impacto que causan los conflictos regionales, los cuales siguen representando un desafío geopolítico debido a la insuficiente capacidad de generar empleos de calidad y oportunidades para que las familias y las personas en general, puedan tener una vida digna. En este sentido es urgente una revisión para recuperar al “enfermo” pero además, proporcionarle una dosis-doble-propósito con el fin de subir su sistema  tanto en lo inmunológico como en lo  económico con proyección hacia un futuro más saludable en todo sentido.

  1. Establecer mecanismos claros para la Cooperación Internacional.

Si bien es cierto, la cooperación internacional se ha reducido profundamente en los últimos años, aún persisten muchos países dependientes de las ayudas internacionales y por ende, existen personas a lo largo y ancho del mundo que subsisten gracias a la asistencia de los programas de apoyo social. Sobre todo, se destaca la atención de la niñez y de las poblaciones vulnerables particularmente en el caso de las personas adultas mayores, aquellas con discapacidad así como de  etnias seriamente discriminadas en algunas regiones. Hay por supuesto, un desafío relacionado con la necesidad de revisar con seriedad y puntualidad el enfoque de la cooperación y las formas en que los países desarrollados pueden dirigir sus recursos para que haya un verdadero impacto entre las poblaciones beneficiarias y que el modelo sea sostenible en el tiempo y en la forma de empoderar socialmente a estas poblaciones con miras a este fin.

  1. Fortalecer los sistemas educativos nacionales y establecer mecanismos de comunicación global para la atención de las pandemias.

La educación es un punto de ignición y motor para el desarrollo humano y debe haber un compromiso a nivel mundial para que los países apoyen en forma real a los programas educativos, con el fin de que se conviertan en una vía constante, dinámica, ágil y permanente de desarrollo de las poblaciones. Considerando que la pandemia evidenció aspectos básicos como la higiene, el acatamiento a los protocolos de emergencia, el recibir y entender  la información básica para el cuidado humano y para el acceso a los sistemas sanitarios de primera respuesta;  es muy clara la forma en cómo estos aspectos dependen de los niveles educativos que hay en una sociedad. Es decir, no se puede renunciar a la inversión en educación y por lo tanto, se debe procurar reforzar la asignación de recursos en esa área para que se cuente con un sistema robusto que haga la diferencia en el abordaje de una crisis sanitaria y económica. Lo anterior también va aunado a los serios problemas que ha traído consigo la desinformación y las “fake news” que han deslegitimado muchos de los mensajes y datos que son vitales para salvar vidas, por lo que se requiere una ciudadanía cada vez más educada y preparada para entender por qué, querer hacerlo y poder  discriminar la información útil de la que no lo es.

  1. Revisar el uso de las herramientas informáticas y la conectividad como un derecho de la humanidad.

Existe una necesidad clara y evidente de reducir el desplazamiento de las poblaciones en tiempos de pandemia y de ahí que, a pesar de que la humanidad viene dirigiendo sus recursos hacia una mayor virtualización de los servicios estatales y comerciales, tanto en lo público como en lo privado aún hay serias deficiencias que quedaron al descubierto a raíz de esta pandemia. Los datos de conectividad real para las poblaciones, deben llamar a atender este tema como desafío urgente. Asimismo,  se debe considerar acelerar los plazos para reducir la movilidad urbana, la contaminación y el uso de los combustibles fósiles que son retos que se han propuesto 170 países y territorios del mundo en el marco del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible, y  específicamente plasmados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 2030); todos estos en particular deben ser atendidos sin dilación y sin esperar al 2030 como plazo máximo para su cumplimiento, a la luz de su incidencia actual en el marco de la pandemia.

  1. Establecer mecanismos internacionales viables y transparentes para apoyar a las poblaciones que están sometidas en gobiernos no democráticos.

Hubo un punto de inflexión en la atención de la pandemia y fue la legitimidad con la que los Estados actuaron ante su población. Un Estado debilitado por la corrupción, por la toma del poder ilegítimamente y por la represión con la que ha actuado contra grupos sociales no será sujeto de atención real por parte de sus personas ciudadanas. Desde la gestión histórica de los conflictos sociales hasta la forma en que protege y tutela los derechos humanos; todo incide en la forma en la población responde a las instrucciones generales en un estado de pandemia. Hay algunos países que han tenido que realizar la contención social con su ejército, utilizando la represión y la fuerza. Esto evidencia el desafío de legitimidad que presentan algunos Estados y las formas en que los organismos internacionales han sido laxos en la defensa de la legitimidad de los gobiernos.

  1. Comunicar efectiva y eficientemente es un imperativo en tiempos de pandemia.

Durante la primera fase de la pandemia se notó la forma en que hubo serios problemas para sistematizar los datos y convertirlos en información fehaciente y útil para la toma de decisiones. El auge de las redes sociales y el uso de las tecnologías no fue un aspecto gestionado de forma correcta en muchos países del mundo. En algunas regiones hubo excesos en el uso de la tecnología, pues se denunciaron violaciones a la privacidad y no obstante, en la mayoría de los países  fue un recurso poco utilizado y desperdiciado en todo su amplio espectro y posibilidades. Las medidas de protección sanitaria, el confinamiento, la disponibilidad de los servicios médicos y de primeros auxilios, así como las medidas de convivencia durante la pandemia fueron seriamente cuestionadas por la ciudadanía. Hubo deficiencias en la comunicación y un uso limitado de los recursos con que cuentan, los gobiernos en general y puntualmente las autoridades sanitarias de cada país; aunado a esto se puede añadir lo ya señalado con relación a que hubo discriminación hacia algunas poblaciones a quienes y específicamente en el caso de la comunicación, no les llegaba en su idioma o su propio dialecto, lo cual es un desafío a tomar en cuenta.

  1. Discutir de forma global y regional el crecimiento de los grupos antisistema.

Otro aspecto crítico en el mundo,  ha sido la gestión de los grupos de presión, algunos han sido llamados como negacionistas de la pandemia, antivacunas o que creen que esta es una conspiración de las élites mundiales. Estos grupos se han extendido desde Europa hasta América Latina y han establecido una agenda paralela que sigue ganando personas adeptas. La criminalización y satanización de estos grupos de presión lo que ha ocasionado es el fortalecimiento de su posición política e ideológica y la gran disyuntiva que presentan, es que se convierten en focos de resistencia y de posibles contagios de personas inocentes, razón por la cual deben ser considerados como un desafío a atender.

  1. Fortalecer el tejido social y la gestión de la Cultura como vínculo para reducir las desigualdades en la humanidad.

Hay un imperativo mundial y es el fortalecimiento del tejido social como forma de respuesta cohesionada en medio de una pandemia. Las sociedades deben tener objetivos de desarrollo claros, transparentes y viables; de igual forma, deben habilitar espacios de comunicación legítimos para que se gestionen sus diferencias. En este aspecto la gestión de la Cultura, como motor de desarrollo y puente de comunicación, es vital para que se respeten las manifestaciones culturales a los grupos humanos en su diversidad y se establezcan vías de comunicación que sean efectivas y eficientes en tiempos de pandemia. Es importante señalar que en la gestión inicial del COVID-19 se produjeron  lamentables manifestaciones de xenofobia, lo cual aún persiste en algunos países centroeuropeos, americanos y asiáticos así como represiones contra las poblaciones migrantes; estas no logran integrarse y más bien han retrocedido en cualquier avance pre-pandemia que pudieran haber tenido, debido al rechazo generalizado de sus valores, principios, tradiciones y costumbres, todo lo cual se exacerba en tiempos de pandemia.

La humanidad debe tomar conciencia sobre la dimensión real de cómo esta pandemia ha afectado las vidas humanas, la organización de la sociedad, su economía y sobre todo, que la respuesta no puede ser unilateral ni individual a nivel de las naciones. Es necesario que cada Estado asuma la responsabilidad de manera sopesada y preparada a la luz de lo que ha sucedido. Se requiere la unión de voluntades en lo individual y en lo colectivo,  para sopesar la carencia de recursos que hay en muchos países y regiones, los deficientes sistemas sanitarios y el acceso a medios básicos de supervivencia como el agua, alimentos y medicinas. Se requiere visión de futuro, porque si ya sucedió en el pasado reciente, puede volver a pasar en el futuro inmediato. Se requiere más inmunidad real y para esto la prevención es vital; no se debe perder de vista que de manera visionaria, los 10 Ds son un planteamiento en esa línea.

La integración no debe ser sólo en lo económico y sus beneficios no deben ser exclusivamente para el tránsito de productos. Hay una serie de imperativos básicos para participar en un mundo globalizado y que la sociedad, precisamente por no haber estado preparada y por intentar mantenerse a flote, ha olvidado y dejado atrás durante esta pandemia. Entre estos imperativos se encuentra el mejorar o incluso cambiar el paradigma con relación a la cooperación, la solidaridad, el actuar por el bien de la humanidad y el aceptar nuestras diferencias como parte de la diversidad cultural.

La tierra no será un buen lugar para habitar si no aprendemos las lecciones de esta crisis sanitaria y económica en lo que muchos han llamado la nueva normalidad.  No pueden seguir aflorando los peores sentimientos de odio y segregación, esta actitud solo conducirá a que se potencien los daños y los impactos en vidas humanas y esto no se debe normalizar. Y claramente no es suficiente el quedarse en las palabras: “Facta non verba”…o sea, hechos y no solo palabras. Mi compromiso como ciudadana es no solo haber aprendido, sino también hacer todo y más para actuar y seguir actuando. Invito a quién me lee, a revisar su compromiso personal como parte de un desafío de suprema responsabilidad individual y colectiva, porque no hay que olvidar que el Estado somos todas y todos y los desafíos son propios.

El principal desafío de la humanidad no es gestionar el fin de esta pandemia, sino haber aprendido realmente de ella y no devolverse sobre sus pasos. Es gestionar de manera efectiva sus miedos, sus temores y sus odios en forma urgente, asertiva y sostenible. Es propiciar un punto común de encuentro como principio básico de supervivencia en un mundo en el cual todas las personas tengamos un espacio asegurado, un lugar seguro, la mejor calidad de vida y que tal y como se estipula en los ODS 2030, nadie se quede atrás.


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