El homo œconomicus (una persona racional, que maximiza su utilidad, tratando de obtener los mayores beneficios con un esfuerzo mínimo) como modelo de comportamiento del ser humano hace ya tiempo que ha quedado superado por la realidad. La explicación de determinadas decisiones financieras, como por ejemplo la asunción de riesgos por parte de los directivos, se está sirviendo cada vez más de la perspectiva que ofrece el campo de la economía del comportamiento (behavioural economics).

Bajo esta premisa, hemos analizado cómo los rasgos personales y las conexiones sociales de los CEO de empresas rusas influyen en los niveles de riesgo de las empresas que lideran.

Estado y empresa

El contexto ruso ofrece un marco especialmente apropiado para este análisis. Además de una cultura proclive a aceptar la autoridad, su economía se fundamenta en unos mercados aun insuficientemente desarrollados y con escasa protección de los derechos de los inversores.

Asimismo, el Gobierno ruso interviene habitualmente en la economía, siendo de gran importancia para las empresas mantener una buena relación con los poderes públicos, pues esos vínculos les facilitarán la obtención de financiación, apertura de nuevos mercados, consecución de licencias, etcétera. Todo ello se traduce en un entorno incierto, en el que los directivos han de recurrir con frecuencia a sus propias opiniones, de modo que su forma de decidir va a estar modelada por su experiencia pasada.

La base de datos empleada está formada por 93 empresas cuyas acciones cotizaron en la Bolsa de Moscú entre 2008 y 2016. Para cada una de las empresas y en cada uno de los años considerados se identificó quién era su director general y, a través de distintas fuentes, se recopiló información personal: edad, antigüedad en el cargo, participación previa en la esfera política, servicio militar, ciudad donde realizó sus estudios superiores, país de nacimiento, estado civil y número de hijos.

A través de un análisis de regresión llegamos a dos bloques de resultados: uno referido a las características personales de los directivos y otro relativo a sus conexiones personales.

Edad y experiencia influyen en cómo tomar decisiones

Por lo que se refiere a los rasgos personales, los resultados muestran que existe una relación en forma de U entre la edad del director general y el riesgo asumido por la empresa, existiendo un punto de inflexión en torno a los 40 años. Este resultado confirma, por un lado, la menor aversión al riesgo de las personas más jóvenes y, por otro, una tendencia hacia la sobreconfianza de los mayores.

También encontramos que la antigüedad en el puesto tiene una relación en forma de U invertida con el riesgo asumido, con un punto de inflexión entre los trece y catorce años de permanencia. Este resultado puede estar motivado por la mayor autoridad que el directivo adquiere conforme pasa el tiempo y, posteriormente, una creciente preocupación por su situación personal al aproximarse el final de su carrera profesional.

Además, la experiencia militar también se muestra como un determinante significativo del riesgo asumido en la empresa, observándose políticas corporativas más agresivas en las empresas gestionadas por directivos que han prestado servicio militar.

Red de contactos

El segundo bloque de resultados corresponde al efecto de las relaciones y conexiones sociales de los directivos.

Encontramos que los directores generales con experiencia política previa asumen mayores riesgos en la gestión de empresas. Cabe pensar que este resultado está motivado por una mayor confianza en el apoyo que pueden lograr de su red de contactos, lo que apuntalaría la supervivencia de la empresa en caso de dificultades. Además, el efecto de la experiencia política es tanto más acusado cuanto mayor ha sido su duración.

Finalmente, observamos que las conexiones educativas establecidas durante la universidad también son relevantes.

Dos ciudades

No debe perderse de vista que, desde el punto de vista económico y político, Rusia es un país fuertemente centralizado en torno a dos ciudades: Moscú, que actúa como capital política, y San Petersburgo, conocida como la capital cultural rusa. Las universidades ubicadas en ambas ciudades atraen a los mejores estudiantes. De hecho, nuestros resultados muestran que las empresas dirigidas por personas graduadas en esas ciudades exhiben mayores niveles de riesgo.

Por consiguiente, parece ser que las conexiones educativas establecidas durante la época universitaria aportan un capital social que se traduce en una mayor seguridad y confianza de los directivos.

The Conversation

Félix J. López Iturriaga recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2020-114797GB-I00)

Conrado Diego García-Gómez recibe fondos del Ministerio de Ciencia e Innovación (PID2020-114797GB-I00).

Marina A. Zavertiaeva recibe fondos de Fundación Rusa de Ciencias (Russian Science Foundation), grant №18-18-00270.

Publicado originalmente en The Conversation