Isaac Felipe Azofeifa, un hombre comprometido

Fue gestor e impulsor de las ideas renovadoras del III Congreso Universitario. Adalidad de las luchas académicas de la renovación constante, de la superación profesional, de la modernización y actualización de los estudios y del tratamiento de las problemáticas del hombre.

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Vladimir de la CruzHistoriador,

Isaac Felipe Azofeifa era, como todos lo conocimos, pequeño físicamente pero de una grandeza espiritual, intelectual y cultural como pocos costarricenses han tenido.

Formado en Chile a finales de los veintes y principios de los treintas, junto a otros costarricenses valiosos de nuestro tiempo, en cuanto llegó a Costa Rica, nuevamente, empezó a proyectar sus luces, sus inquietudes intelectuales y políticas forjadas en aquel Chile de grandes debates y transformaciones sociales.

Sus primeros destellos empezaron a proyectarse en los jóvenes estudiantes del Liceo de Costa Rica y del colegio de Señoritas donde enseñó el idioma, el Castellano como se le llamaba a la asignatura, su pasión, la pasión que le permitió convertirse en uno de los poetas que llegó a tener en nuestro medio el pleno dominio de la expresión. Cuando años más tarde le conocimos en la Universidad, en Estudios Generales, como estudiante y luego como su compañero de luchas y afanes universitarios, apreciamos que su  entusiasmo por el idioma no era hacia las formas populares y vulgares sino hacia la expresión superior e hizo de ello una trinchera de defensa nacional, contra las amenazas que sufría de invasión de anglicismos y neologismos y otras formas lingüísticas que amenazaban constantemente el idioma, nuestro idioma. La lengua, la enseñanza del idioma, la entendía también como un instrumento de liberación del hombre, que en él a veces adquiría ironía, sarcasmo y fino cauce expresivo como en aquella columna que mantuvo en el Semanario Universidad, Cruce de Vía, que luego se vio plasmada en un libro.

Pero no era suficiente la enseñanza del idioma. Era también importante y esencial en él, el compromiso social y el compromiso político con las grandes transformaciones humanas y nacionales. En aquellos años su impacto no se hizo esperar y así influyó en los jóvenes que constituirían la Asociación de Estudiantes de 1936, que poco después se materializó con la presencia de ellos en el Centro de Estudios para los Problemas Nacionales.

La década del 40 lo abrazó con pasión y de ello nos queda el testimonio de sus escritos en la Revista Surco y en publicaciones de la época. Igual con los acontecimientos de 1948.

Siguió luego su militancia y compromiso con el Partido Liberación Nacional, partido al que vio durante dos décadas como un elemento de desarrollo nacional.

Fue gestor de la Reforma Universitaria de 1956 y de la reforma humanística de los Estudios Generales en 1966, que permitió poner a los estudiantes en la problemática del mundo actual. Sin renunciar al humanismo clásico renovaba la fe en el hombre contemporáneo y exigía de él mayores compromisos sociales y políticos. A la par de los valores individualistas del humanismo impulsaba los nuevos valores de la solidaridad en todas las  formas, con todos los hombres y también con aquellos pueblos que luchaban contra el colonialismo, la opresión nacional y la liberación nacional.

Esto lo llevó, desde la cátedra y apoyando al movimiento estudiantil de los sesentas y setentas a dar luchas muy importantes por la democracia, contra las dictaduras en Centroamérica, el Caribe y América Latina. ¿Acaso podremos olvidar su compromiso con Chile? ¿Con el pueblo Chileno que tanto amaba en su lucha contra Pinochet?

Fue gestor e impulsor de las ideas renovadoras del III Congreso Universitario. Adalidad de las luchas académicas de la renovación constante, de la superación profesional, de la modernización y actualización de los estudios y del tratamiento de las problemáticas del hombre.

Fue defensor de la autonomía universitaria, de la libertad de cátedra y de la autonomía del movimiento estudiantil, pilares de la Universidad  latinoamericana.

Reformista cordobés, que significaba en la vida universitaria ser revolucionario, radical en tanto iba a la raíz de los problemas y de las situaciones humanas y nacionales y comprometido denuncia y las propuestas de cambio.

Esta vida fecunda en la Universidad la plasmó en la antigua Facultad de Filosofía y Letras, en Estudios Generales, donde desempeñó la dirección de la Cátedra de Castellano, en la Facultad de Letras. Pero, proyectado siempre, a todo el ámbito de la vida universitaria, desde la recordada Soda Guevara, lugar de encuentro de estudiantes y profesores, lugar de debate y reflexión de los problemas nacionales, hasta la soda de Estudios Generales o los espacios que permitían las asambleas académicas y universitarias.

Fue un apoyo constante para el movimiento estudiantil en sus luchas académicas, estudiantiles y nacionales. Allí siempre estuvo impulsando, dando aliento, procurando que se hicieran grandes obras en los compromisos que los estudiantes asumían. No le fueron extrañas las huelgas estudiantiles ni universitarias.

Estuvo llamando a la conciencia del pueblo en los días gloriosos de las jornadas de Alcoa, de las huelgas contra las compañías bananeras, en las huelgas por presupuesto universitario, desde 1971 hasta las grandes jornadas que se llevaron a cabo, en la Administración Calderón Fournier o en las recientes luchas magisteriales de 1995, que contaron con su apoyo moral y solidario.

Pero, estas luchas  por la Academia lo llevaron a asumir compromisos políticos con la Patria. Primero desde el partido Liberación Nacional, donde hizo tribuna y trinchera patriótica mientras ese Partido representó para él ese espacio para conciencias limpias e interesadas en construir una nueva  Costa Rica y una Costa Rica más democrática. En ello incluso llegó a servir como Embajador en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y en Chile.

Como hombre de la cultura fue escritor de muchos libros, Cruce de Vía, Canción, Trunca unidad, Cima del gozo, vigilia en pié de muerte, Días y Territorios, entre otras.

Tuvo los reconocimientos más amplios que da la sociedad y cultura costarricense, el Premio Joaquín García Monge de crítica y periodismo cultural, el Premio Aquileo J. Echeverría, por su rica labor expresiva y específica, el Premio mayor de nuestra cultura, el Premio Magón, reconocimiento a una vida fructífera, fecunda, ininterrumpida. fuera de nuestras fronteras también recibió homenajes, entre otros el Premio Nacional de Cultura de el Salvador y recientemente la Orden Gabriela Mistral que otorga el gobierno de Chile, en grandioso y apoteósico homenaje que se le hiciera junto a Joaquín Gutiérrez y a Arnoldo Mora, en nuestro centenario Coliseo de la cultura costarricense.

Cultor de la lengua española le mereció el reconocimiento de formar parte de la Academia de la Lengua de Chile y también la de Costa Rica. Su presencia como comentarista, como crítico literario y periodista inunda los medios de comunicación de nuestro país.

Sus últimos años los comprometió con dos luchas y dos compromisos organizativos, el grupo Soberanía desde donde llamaba a la conciencia de los costarricenses sobre problemas esenciales de nuestra realidad nacional y la gestación de una nueva organización política partidista, el Partido Fuerza Democrática, siendo su Presidente hasta que por motivos de sus enfermedad se separó del cargo.

Esta, su última gran batalla organizativa popular, la concibió como una instancia de organización de sectores sociales interesados en desarrollar democráticamente a Costa Rica, de rescatar la fe en el hombre costarricense, de que el pueblo recuperara la pasión y el compromiso perdidos por la política, porque solo desde la participación política, estimaba Isacc Felipe, se podían  hacer los grandes y urgentes cambios que la sociedad costarricense hoy demanda. Fuerza Democrática es su hijo espiritual, pero también su hijo político.

Al despedir, en este momento, físicamente al Maestro, al Poeta, al hombre comprometido con la transformación social, al hombre comprometido con las luchas nacionales, al hombre comprometido con la defensa de la soberanía y la dignidad nacionales, le decimos presente!

Sus luchas permanecerán presentes en la juventud estudiosa, en los hombres y mujeres de Costa Rica, que siempre enarbolen la defensa  de la Patria, la dignidad de la Patria, la lucha por la Justicia Social, la lucha por el desarrollo de la democracia, la lucha por una mayor y más conciente participación del pueblo en los destinos de la Patria.

Descanse hoy en paz Isacc Felipe. Pero le prometemos no descansar, como usted en vida, en estas luchas.

(Palabras del Lic. Vladimir de la Cruz, candidato a la Presidencia de la República del Partido Fuerza Democrática, en las honras fúnebres de don Isaac, 3 abril de 1997)

 

Isaac Felipe Azofeifa
Poeta, educador, político e idealista. Fundidas, estas cuatro «personalidades» constituían la esencia de Isaac Felipe Azofeifa, quien nació en 1912 en un hogar de campesinos y se estrenó en la literatura tras obtener el segundo lugar en un certamen de El Diario de Costa Rica.
Sin embargo habrían de pasar muchos años antes de que publicara su primer libro de poemas, “Trunca Unidad” (1958). Con el tiempo se sumaron “Vigilia en pie de muerte” (1962), “Canción” (1964), “Estaciones” (1967) y “Días y territorios” (1969), entre otros.
Profesor muy querido, dedicó casi medio siglo de su vida a la docencia: empezó dando clases en el Liceo de Costa Rica y llegó a dirigir la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica.
Entre sus múltiples homenajes destacan el premio de poesía Aquileo J. Echeverría y el Premio Nacional de Cultura Magón.

 

Vladimir de la Cruz
Político, historiador, profesor universitario y ex embajador de Costa Rica en Venezuela. 
Fue candidato presidencial del partido izquierdista Fuerza Democrática en tres ocasiones.

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