J. Bradford DeLong: Insurrección trumpista: ¿y ahora qué?

Having been fed a steady stream of lies by Donald Trump and right-wing media outlets like Fox News, many of those who stormed the US Capitol on January 6 may have genuinely believed that they were saving the American Republic from usurpers. Now that they have returned home, defeated, what will they do for the next four years?

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J. Bradford DeLong

BERKELEY – Cuando el 14 de julio de 1789 una multitud tomó por asalto la Bastilla, su objetivo era liberar a quienes consideraba presos políticos de la monarquía. Y las francesas que en octubre de ese año marcharon de París a Versailles querían obligar al rey a regresar con ellas y vivir con el pueblo.
¿Qué objetivo tenían en mente los partidarios de Donald Trump que el 6 de enero asaltaron el Capitolio de los Estados Unidos? Alguno saqueó la oficina de la presidenta de la Cámara de Representantes, otro destruyó un pósterconmemorativo del difunto líder de los derechos civiles y congresista John Lewis. Otro irrumpió en la cámara del Senado para sacarse selfis en el sillón del vicepresidente Pence. Un hombre venido desde Florida se llevó un atril.
Para entender qué hacía esa gente allí, hay que retroceder la cinta. Justo antes de la insurrección, Trump celebró un «mitín para salvar a Estados Unidos» en un parque situado detrás de la Casa Blanca, donde dijo a la audiencia:
«Los que hoy estamos aquí no queremos ver a unos demócratas radicales de izquierda envalentonados robarse nuestra victoria electoral, que es lo que ellos y los medios mentirosos están haciendo. Es lo que hicieron, y es lo que hacen. Nunca nos rendiremos. No vamos a ceder, eso no va a pasar. No se puede ceder habiendo de por medio un robo. Nuestro país ya tuvo suficiente. No vamos a tolerarlo más, de eso se trata. Para usar una expresión popular que en realidad fue idea de ustedes: vamos a parar el robo. (…) esta elección la ganamos nosotros, y la ganamos por goleada».
El problema, según añadió (falsamente) Trump, es que siete estados habían enviado al Congreso recuentos de votos «ilegítimos». «Con sólo tres de los siete estados en cuestión, ganamos la presidencia de los Estados Unidos».
En tanto, la noticia de que los demócratas habían ganado las dos segundas vueltas del día anterior en Georgia por dos escaños en el Senado hizo subir la apuesta. Desde el 20 de enero, la vicepresidenta Kamala Harris tendrá voto de desempate en el Senado, y el líder de la mayoría, Mitch McConnell, se convertirá en líder de la minoría y cederá el control al senador demócrata por Nueva York Charles Schumer.
De modo que a diferencia de 2016, como advirtió Trump: «Ya no tenemos segunda línea (…) la única línea que tenemos es el veto del presidente de los Estados Unidos». Afirmó que muchos republicanos todavía están decididos a revertir el resultado de la elección. «Quiero agradecer a los más de 140 miembros de la Cámara de Representantes [que son unos] guerreros [que están] estudiando las bases de la Constitución [porque] saben que tienen derecho a enviar de vuelta [a los estados] un voto erróneo que se obtuvo ilegalmente». Luego agradeció a los trece senadores republicanos que también «dieron un paso al frente», en particular Josh Hawley (Missouri) y Ted Cruz (Texas).
Pero Trump advirtió que también hay republicanos «débiles» como «Mitch [McConnell] y ese grupo» que «no se dan cuenta de que esto será el fin del Partido Republicano que conocemos». Pero «nunca va a ser el fin» del movimiento trumpista. A lo que añadió un consejo: «Que los débiles se vayan. Esta es la hora de la fuerza».
Trump concluyó el discurso con un llamado a la acción: «Vamos a marchar por Pennsylvania Avenue [y vamos a] dar a los republicanos, a los débiles (…) la clase de orgullo y coraje que necesitan para recuperar nuestro país».
Póngase ahora en el lugar de alguien en cuya opinión el presidente es una persona seria y decía la verdad (o al menos no exageraba más que el político típico). ¿Qué haría usted? Tal vez concluiría, junto con otros de ideas similares, que su deber es «marchar por Pennsylvania Avenue» a plantar cara a esos políticos «débiles» para que «hagan lo que tienen que hacer». Trump dijo que el vicepresidente Pence, McConnell y los demás necesitan que se los empuje a «hacer lo correcto»: detener la certificación de votos del Colegio Electoral y enviar los recuentos «ilegales» y falsos «de vuelta a los estados para que los recertifiquen». Si eso sucede, «ganamos la presidencia, y todos ustedes felices».
Entonces, usted tal vez considere que hay que hacer lo que sea necesario (aunque tenga que romper ventanas o aporrear a algún que otro policía) para estar frente a frente con esos legisladores sin agallas.
Pero ya es el día después del asalto al Capitolio, y aunque usted hizo su deber, sigue sin haber suficientes senadores con agallas; incluso se redujeron a la mitad, porque sólo quedan seis lo bastante «valientes» para cuestionar la certificación de la elección. ¿Cómo es posible? Usted, que integra la mayoría real, confió en que McConnell y Pence, esos cobardes, hicieran lo correcto. Pero al final, le fallaron.
¿Qué hará usted ahora? La historia hace pensar que usted esperará con ansias las instrucciones del líder. Incluso si esas instrucciones llevan al acantilado más cercano.
Traducción: Esteban Flamini

 


J. Bradford DeLong

J. Bradford DeLong is Professor of Economics at the University of California at Berkeley and a research associate at the National Bureau of Economic Research. He was Deputy Assistant US Treasury Secretary during the Clinton Administration, where he was heavily involved in budget and trade negotiations. His role in designing the bailout of Mexico during the 1994 peso crisis placed him at the forefront of Latin America’s transformation into a region of open economies, and cemented his stature as a leading voice in economic-policy debates.

 

Copyright: Project Syndicate, 2019.
www.project-syndicate.org

 

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