J. Bradford DeLong: ¿La economía estadounidense se está recuperando o se está recalentando?

The fact that core inflation is rising on the back of substantial GDP growth and declining unemployment should not come as a surprise. Those who are wringing their hands about economic "overheating" should remember that an absence of price increases would reflect an economy that is still struggling.

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J. Bradford DeLong

BERKELEY – Las noticias financieras y económicas en Estados Unidos últimamente han estado dominadas por los temores sobre la inflación. “Una inflación galopante es el mayor riesgo que enfrentan los inversores, advierte Jim Paulsen de Leuthold”, según el canal de noticias por cable CNBC. Como una potencial protección contra la inflación, “se acerca aceleradamente el momento de esplendor del Bitcoin”, informa Robert Hackett de Fortune. Según US News and World Report, “Se habla mucho de inflación en 2021 en tanto avanzan con cautela los miedos de un gasto elevado del gobierno y el reciente rebote de los precios comparado con los niveles relacionados con la pandemia tiene preocupados a algunos inversores de que la tendencia continúe por algún tiempo”.
Sin embargo, también se lee que “los rendimientos del Tesoro de Estados Unidos se mantienen firmes aun cuando hay un repunte inflacionario”. Después de crecer a un ritmo anualizado del 33,4% en el tercer trimestre, del 4,3% en el cuarto trimestre y del 6,4% en el primer trimestre de este año, la economía estadounidense va camino a una plena recuperación. Se espera que la tasa de crecimiento del segundo trimestre sea de por lo menos el 8%, y quizá considerablemente más alta, lo que significa que la economía estadounidense, en total, habrá regresado por completo a su nivel de producción pre-pandemia para el tercer o cuarto trimestre de este año.
En este contexto, no sorprende que la inflación de base (que excluye los precios de los alimentos y la energía) subiera 0,4 puntos porcentuales el mes pasado. Esa tasa implica casi una tasa de inflación anual del 5%. Pero si se analizan los últimos 12 meses, la tasa de inflación de base (medida por el índice de precios al consumidor) fue del 2,3%, que está a tono con la meta del 2-2,5% de la Reserva Federal de Estados Unidos.
La pregunta no es si habrá o no algo de inflación este año, sino si representará un “recalentamiento” de la economía en general. Muy probablemente, no sea así. La cantidad por la cual la producción económica en 2021 exceda la producción potencial será inferior a cero. Y como deja en claro la Fed con cada comunicado que emite, no permitirá que una espiral transitoria de precios y salarios se incorpore a las expectativas de inflación. La perspectiva para 2021 y después es que la inflación esté en torno a la meta de la Fed, en lugar de no alcanzarla consistentemente, como sucedió en los últimos 13 años.
Asimismo, la economía estadounidense surge de la recesión por la pandemia con un balance intersectorial esencialmente alterado. El gasto en bienes durables actualmente representa 1,7 puntos porcentuales adicionales del PIB, en relación a su nivel de 2019, y el gasto en construcción de viviendas actualmente es de 0,5 puntos por encima de su porcentaje de 2019. Al mismo tiempo, el gasto comercial en estructuras y el gasto de los consumidores en energía están 0,5 puntos por debajo de sus porcentajes de 2019, y el gasto en servicios (hotelería, recreación y transporte) está 2,2 puntos por debajo de su porcentaje de 2019.
Estas dinámicas sectoriales serán los determinantes más importantes de la inflación este año. Para fines de 2021, alrededor del 4% de todos los trabajadores no sólo ya se habrán ido a nuevos empleos sino a sectores completamente diferentes. En una economía donde las empresas muy rara vez recortan los salarios nominales, el traspaso de trabajadores de sectores donde la demanda es relativamente escasa a sectores donde es más intensa requerirá que las empresas ofrezcan aumentos salariales que alienten a los trabajadores a dar el salto.
Pero no podemos saber cuánta inflación generará esta redistribución, porque realmente no hemos visto nada semejante antes. Los economistas tendrán mucho que aprender este año sobre la elasticidad intersectorial de corto plazo en materia de oferta de empleo.
Algo que debería ser claro, sin embargo, es que un repunte de la inflación este año no es nada de lo que tengamos que preocuparnos. Después de todo, los aumentos de precios y salarios son una parte esencial del reequilibrio de la economía. La producción real, los salarios reales y los valores reales de los activos serán más elevados como resultado de la inflación de este año, mientras que el nivel de precios se mantendrá muy por debajo de lo que habría estado si la Fed hubiera alcanzado sus metas de inflación en los años posteriores a la Gran Recesión luego de la crisis financiera global de 2008.
Si bien algunos analistas temen que podamos regresar a los años 1970, esto es sumamente improbable. Las condiciones estanflacionarias de esa década se produjeron a partir de una tormenta perfecta de crisis, y se vieron exacerbadas por la respuesta conflictiva y confusa de la Fed bajo el entonces presidente Arthur Burns. La conducción de la Fed hoy es muy diferente, y no hay ninguna tormenta perfecta de sacudidas repetidas que se puedan comparar con los efectos de la Guerra de Yom Kippur, la Revolución Islámica de Irán, la desaceleración del crecimiento de la productividad de los años 1970 y demás.
Quemar rueda para retomar el tráfico de la autopista no es lo mismo que recalentar el motor.

Copyright: Project Syndicate, 2019.
www.project-syndicate.org

 


J. Bradford DeLong

J. Bradford DeLong is Professor of Economics at the University of California at Berkeley and a research associate at the National Bureau of Economic Research. He was Deputy Assistant US Treasury Secretary during the Clinton Administration, where he was heavily involved in budget and trade negotiations. His role in designing the bailout of Mexico during the 1994 peso crisis placed him at the forefront of Latin America’s transformation into a region of open economies, and cemented his stature as a leading voice in economic-policy debates.

 

 

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