Jack D. Torres Leandro: Delimitando el horizonte hacia la construcción de un nuevo contrato social

En el presente contexto económico, todos los trabajadores deberían recibir prestaciones mínimas, como la licencia por enfermedad y el seguro de desempleo, independientemente del tipo de contrato de trabajo que tengan, siendo una solución inmediata una pensión estatal mínima vinculada a la esperanza de vida financiada con fondos públicos para prevenir la pobreza en la vejez. 

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Jack D. Torres Leandro, Académico

En un mundo urgido por salir adelante en materia de desarrollo económico, rememoro a  Martin Luther King, el gran líder estadounidense de los derechos civiles, el cuál pronunció un discurso en la línea de lo siguiente: “En un sentido real, toda la vida se encuentra interrelacionada. Todos los hombres son parte de una red ineludible de reciprocidad, atados en una sola prenda del destino. Lo que afecta a uno incide a todos en su alrededor. Nunca podré ser lo que debería ser hasta que usted sea lo que debería ser, y nunca podrá ser lo que debería ser hasta que yo sea lo que debería ser”.

En este sentido,  la pandemia del  Covid-19 fue en muchos sentidos un gran revelador, haciendo que estas interdependencias sean aún más evidentes; este virus silencioso dio la vuelta al mundo y afectó a todos por igual, siendo en alguna medida u otra los más afectados los que presentaban importantes vulnerabilidades de salud, lo cual invita a la reflexión que deseo plasmar en la presente conversación.

Baste lo anterior para experimentar una importante realidad, todos dependíamos de que millones de personas, a las que nunca habíamos conocido, se comportaran de manera responsable y que los sistemas de salud en lugares lejanos pudieran hacer frente a la situación, tarea que para nuestra nación fue titánica, más no imposible, esto gracias al robusto sistema de salud que en su momento visualizaron nuestros antecesores y hoy dicha visión sobrepaso las expectativas en todo sentido.

Considerando así el asunto, logramos vislumbrar como sociedad, la importancia de trabajos poco reconocidos, entre ellas enfermeras, camioneros, empleados de supermercados, trabajadores de los distintos departamentos del sistema de salud, entre otros; entendiendo que sin ellos nuestras vidas hubieran dejado de funcionar de la noche a la mañana.

Tras esta digresión una gran ironía, muchos de éstos trabajadores esenciales se encuentran catalogados entre los peor pagados y los más propensos a tener un trabajo precario con seguridades laborales mínimas. Esta argumentación permite evidenciar como en muchas sociedades, no siendo la excepción Costa Rica, el contrato social cada vez se sigue fragmentando a partir de los cambios tecnológicos y demográficos, sin todavía encontrar respuestas al mecanismo para lograr un equilibrio.

Consecuentemente, vivimos en una sociedad en la que prácticamente las personas se encuentran sujetas a su propia suerte, traducidos en la política de la ira, una epidemia mental que viene afectando la salud de todos los estratos sociales, siendo su punto de inflexión, en unos años ¿cómo será el futuro inmediato?

A este tenor,  considero oportuno invitarle a la reflexión de la necesidad de tomar conciencia y establecer un nuevo contrato social que ofrezca una mejor arquitectura tanto de seguridad como de oportunidades para todos, que tenga menos que ver con «mí» y más con «nosotros», que reconozca nuestra interdependencia y la utilice en beneficio mutuo.

Por tal razón, se requiere un contrato social que trate de poner en común y compartir más riesgos entre todos para reducir las preocupaciones que enfrentamos mientras optimizamos el uso del talento en nuestras sociedades y permite que las personas contribuyan tanto como puedan. Es decir, significa preocuparse por el bienestar no solo de nuestros propios nietos, sino también de los demás, ya que todos ocuparán el mismo mundo en el futuro.

Conforme lo expuesto, dos argumentados para complementar lo dicho hasta el momento:

  1. Seguridad para todos: Todas las personas del mundo debería tener garantizado un mínimo de renta para una vida digna, dependiendo de lo que pueda pagar cada país.

 

  1. Máxima inversión en capacidad: La sociedad debería invertir todo lo que pueda en la creación de oportunidades para que sus ciudadanos sean productivos y contribuyan durante todo el tiempo que puedan al bien común; de los cuales la sociedad deberá proporcionar incentivos y tomar acciones para reducir las cosas que queremos menos, como las emisiones de carbono, la obesidad y las enfermedades mentales.

Como breve conclusión, busco responder la siguiente precisión ¿cuáles son los ingredientes reales de este nuevo contrato social?

Comencemos con la base: los elementos básicos garantizados para una vida digna a la que todos tienen derecho: un ingreso mínimo, un derecho a la educación, un paquete básico de atención médica y protección contra la pobreza en la vejez. Hay muchas formas de proporcionar un piso a los ingresos de las personas: salarios mínimos, créditos fiscales que completan los ingresos de los trabajadores con salarios bajos y transferencias de efectivo destinadas a los hogares más necesitados.

De igual manera, un derecho mínimo a la educación debe incluir el apoyo a la primera infancia y el aprendizaje permanente, este último financiado mediante impuestos generales, por los empleadores o mediante préstamos en condiciones generosas. Adicionalmente, resulta oportuno considerar  que la atención médica ,mínima, sea financiada con fondos públicos y aumente progresivamente con el ingreso per cápita.

En el presente contexto económico, todos los trabajadores deberían recibir prestaciones mínimas, como la licencia por enfermedad y el seguro de desempleo, independientemente del tipo de contrato de trabajo que tengan, siendo una solución inmediata una pensión estatal mínima vinculada a la esperanza de vida financiada con fondos públicos para prevenir la pobreza en la vejez.

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