Jack D. Torres Leandro: Discurso sobre el Homo Ethicus I

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Jack D. Torres Leandro, Académico

Desde hace décadas, la Ética viene despertando un creciente interés, hay quienes se ponen dicha camisa; sin embargo, uno se pregunta ¿Moralmente tiene los atestados para hacerlo? Al remontarnos a la historia, durante siglos ha sido la Cenicienta entre las ramas de la filosofía, pero cada vez más tenemos claridad, como sociedad, la indivisibilidad del conocimiento del mundo del propósito de transformarlo y mejorarlo.

En esta partitura, solo un animal inteligente y libre es capaz de ver la realidad en la cual puedan germinar semillas invisibles que llamamos posibilidades. Por ejemplo, en la rama no esta está escrita la flecha que podría llegar a convertirse, los metales no piden ser convertidos en automóviles, el agua no es por si misma energía eléctrica, el ser humano es quién inventa en la realidad esas y todas aquellas oportunidades inverosímiles.

Llegado a este punto, dejemos el romanticismo, solo la libertad inteligente se convierte así en una fabulosa hormona de crecimiento que es administrada conforme a la realidad que cada ser humano logra interpretar.

La otra cara de la moneda, podemos elegir posibilidades negativas, de hecho en todo momento estamos obligados a elegir, más no acertar; el mundo a podido contemplar como se ha inventado la música y de igual manera la cámara de gas.  Por ello, es de suma importancia una brújula que nos oriente en el confuso y agitado mar de la vida, en mi opinión eso es la ética, el homínido debe convertirse en homo ethicus, buscando diseñar un mundo habitable.

Es decir, requiere elegir bien para no acabar mal, respetar la realidad, aprender constantemente a respetarse asi mismo; abrir lo ojos y aprender a mirar; superar la mal llamada ley de la selva, no ser lobo para el hombre; usar la brújula y el mapa; saber que el terreno está minado; estar dispuesto a sufrir, concluyentemente sostener un esfuerzo inteligente al servicio del equilibrio personal y social.

Sobre este tema, ha habido grandes escritores de la Ética, desde Sócrates hasta Mounier, y temas adyacentes que han logrado a configurar a los pueblos y las mentalidades de sus propios habitantes. Éstos y muchos otros, con sus ideas han iluminado el camino y nos enseñan que solo hay una cosa más importante: el sentido de la vida.

Esta primer escrito, de cuatro que tengo pensado desarrollar, quisiera aprovechar para hablar sobre los hábitos y las virtudes.  Siguiendo a la historia, misma que desciende de Sócrates, Platón y Aristóteles, este último diseña la conducta ética con las cuatro virtudes que describen el obrar humano: la determinación práctica del bien (prudencia), realización en la sociedad (justicia), firmeza para defenderlo o conquistarlo (fortaleza) y la moderación para no confundirlo con el placer (templanza).

Aristóteles nos enseño que toda virtud es un hábito de elegir y realizar profundamente lo mejor, se trata de una conquista libre guiada en todo momento por la razón.  La regla general, una conducta mala tanto por exceso como por defecto, al igual que es malo para la salud tanto la falta de ejercicio como su exceso, Homero en su momento lo expreso “… quien recibe a un huésped y lo ama en exceso, o en exceso lo aborrece, resulta irritante.”

Así pues, el exceso y el defecto destruyen la virtud, y el término conocido como medias tintas lo conserva en su estado fuera de todo riesgo, llamando popularmente como zona de confort. Por tanto, la virtud no es tanto un conocimiento teórico como una conducta estable, pues sería inútil saber qué es la virtud y no saber al final del día como conseguirla, de la misma manera que no nos conformamos con saber en que consiste la salud, sino queremos estar sanos.

Una interrogante que merece especial atención, ¿cómo se forjan las virtudes?; leyendo la Ética a Nicómaco este nos responde: ¡por los hábitos, mismos que no son innatos, sino que se adquieren por repetición de actos! Al igual que una golondrina no hace verano, un acto aislado no engendra una virtud; de hecho en mi opinión nadie tiene la probabilidad de llegar a ser bueno sino realiza muchos actos buenos.

Dentro del conglomerado de hábitos, existen: motores, intelectuales, volitivos y emocionales pero todos presentan un rasgo común: conquistan la facultad de realizar lo que antes parecía imposible, o de hacer mejor y con facilidad lo que se hacia de modo deficiente y con legítima dificultad.

En otras palabras, éste conserva la posición ganada con el sudor de los actos precedentes. Por ello, cuando la repetición se cristaliza en un hábito, la ética se convierte en una gratificante tarea de mantenimiento. Lo dicho hasta aquí permite traer a Aristóteles en sus enseñanzas, si practicamos la justicia nos hacemos justos, y si nos pasamos la vida bebiendo nos haremos borrachos; a través de los actos se decantan en nosotros una forma de ser que permanece, bien puede cambiar, sin embargo la historia no olvida.

Simplificando, la realidad tal cual la interpretemos nos brinda posibilidades de apropiarnos de forma perfectiva o negativa, reconociendo en los primeros la forma de llegar a ser excelentes en nuestro desempeño cotidiano.

En conclusión, cuando un hábito malo se cristaliza, puede resultar imposible erradicarlo; siendo el dueño responsable de dicha impotencia porque ha llegado a ser injusto o depravado a base de cometer injusticias, y en su mano estaba no haber llegado a lo que ahora se convirtió.

En una segunda entrega, hare una relación entre la ética y la prudencia, misma que será oportunamente. Déjeme saber, por favor, sus opiniones, sobre un tema que amerita ser comentado al correo [email protected]

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