Jack D. Torres Leandro: Orientaciones sobre los valores culturales a las puertas del Bicentenario

A las puertas del bicentenario, sigo cuestionándome que valores culturales nos orientaran hacia la senda del bienestar, ¿usted? 

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Jack D. Torres Leandro, Académico

Para esta conversación he considerado oportuno retomar un texto del libro de Ética para Amador, escrito por Fernando Savater, el cual nos expone:

“…En una palabra, entre todos los saberes posibles existe al menos uno imprescindible: el de que ciertas cosas nos convienen y otras no. No nos convienen ciertos alimentos ni nos convienen ciertos comportamientos ni ciertas actitudes. Me refiero, claro está, a que no nos convienen si queremos seguir viviendo. De modo que ciertas cosas nos convienen y a lo que nos conviene solemos llamarlo bueno porque nos sienta bien; otras, en cambio, nos sientan pero que muy mal y a todo eso lo llamamos malo. Saber lo que nos conviene, es decir: distinguir entre lo bueno y lo malo, es un conocimiento que todos intentamos adquirir todos sin excepción…”

Conforme lo anterior, todas las sociedades enfrentan ciertas orientaciones básicas en la regulación de la actividad humana (Kluckhohn y Strodtbeck, 1961). El énfasis, los valores culturales, mismos que evolucionan y cambian con el tiempo a medida que las sociedades enfrentan los retos que se les presentan.

La primera orientación es definir la naturaleza de las relaciones y los límites entre la persona y el grupo, para lo cual presento una inquietud que me he cuestionado en varias ocasiones ¿en qué medida las personas son autónomas frente a la integración de grupos?

Lo anterior, nos permite establecer dos ubicaciones polares, denominándolas  autonomía versus arraigo. En las culturas autónomas, las personas son vistas como entidades limitadas, animándoles a cultivar y expresar sus propias preferencias, sentimientos, ideas y habilidades, y encontrar significado en su propia singularidad.

Derivado de esta tesitura, dos tipos de autonomía,  la intelectual anima a los individuos a perseguir sus propias ideas de forma independiente. Ejemplos de valores importantes en dichas culturas, incluyen la capacidad de mirar hacia el futuro, la curiosidad y la creatividad. Por su parte, la autonomía afectiva, anima a los individuos a buscar experiencias afectivamente positivas para sí mismos, denotando valores tales como  el placer, la emoción y la amplitud de conocimiento según el contexto social.

En culturas con énfasis en la integración, las personas son vistas como entidades integradas en la colectividad; esperando que el significado de la vida venga en gran parte a través de las relaciones sociales, a través de la identificación con el grupo, la cotidianidad de la vida colectiva y el esfuerzo por alcanzar metas compartidas.

Tras esta digresión, las culturas basadas en el pasado enfatizan mantener el  statu quo y la restricción de acciones que puedan perturbar el orden tradicional, dinamitando cualquier posibilidad de acercarse al futuro, denotándose en ellas valores tales como el orden social, respeto por las tradiciones, seguridad, obediencia y la sabiduría.

Por otro lado, todos los seres humanos al de manera responsable debemos comportarnos en procura de preservar el tejido social, en otras palabras participar en la creación de trabajos productivos; no obstante nuestra realidad es otra,  nos encontramos insertos en la sociedad del espectáculo que busca destruir el legado de nuestros predecesores.

Es así como, los unos con los otros, debemos motivarnos a reconocernos como iguales, recordando que compartimos las mismas necesidades como seres humanos,  donde la economía del bien común debiera ser el norte para retomar la senda de bienestar, sin detrimento de región, condición social o económica. A este tenor, los valores que prevalecen en culturas que buscan preservar el tejido social incluyen la igualdad, justicia social, responsabilidad, ayuda y la honestidad.

La segunda orientación parte de regular el trato que las personas dan a los recursos humanos y naturales, siendo la respuesta cultural la búsqueda de la armonía, enfatizando encajar el mundo social al natural; del cual cognitivamente se aprecia y acepta en  lugar de cambiar, dirigir o explotar partiendo de valores como la paz, la unidad con la naturaleza, la protección del medio ambiente, entre otros.

Llegado a este punto, la realidad que predomina a criterio de este servidor, es la cultura de dominio, aquella que nos polariza como sociedad y en los espacios adyacentes donde se tenga participación; alimentándose de valores como la ambición, la osadía y la autosuficiencia.

Conviene señalar, las orientaciones de valores culturales encuentran expresión en las normas, prácticas, instituciones, y empresas de una sociedad, calibrando las contingencias que las personas deben adaptar en su vida diaria en aras de evolucionar según corresponda.

Concordantemente, se determinan los comportamientos, las actitudes y preferencias de valor individual que es probable que se consideren más o menos legítimas en contextos sociales comunes, que se deben reconocer ya sea para alentar o desalentar.

En tal sentido, la cultura  es un conjunto de estímulos y demandas a la que cada individuo está expuesto de manera única, dependiendo de su ubicación en la sociedad. Esta prensa afecta las prioridades de valor de cada miembro de la sociedad. Ningún individuo experimenta la presión plena de la cultura, ni nadie puede ser plenamente consciente de la cultura latente de su sociedad.

He dejado para el final responder ¿qué es un valor cultural?,  siendo creencias, tradiciones y costumbres que son compartidas por un grupo determinado de personas, mismos que cambian de acuerdo a las tradiciones de cada región; de manera sumaria, a nivel país se denota en la forma de pensar y de cómo es concebida la vida siendo determinantes para el crecimiento socio-económico ya que en su conjunto permite fortalecer la identidad colectiva de los ciudadanos.

De cara al bicentenario, sigo cuestionándome que valores culturales nos orientaran hacia la senda del bienestar, ¿usted?

Referencias bibliográficas:

  • Kluckhohn, F. R., & Strodtbeck, F. L. (1961). Variations in value orientations.
  • Savater, F. (1991). Ética para amador (No. BJ1142. S38 2001.). Barcelona: Ariel.
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