Jack D. Torres Leandro, Académico

El fenómeno de la corrupción es un tema que se encuentra en la palestra latinoamericana, en sus distintas formas, incidiendo de manera ineludible en el desarrollo económico, social y político de la región.

Algunos actores, solo miran la corrupción desde el Estado, acá una interrogante ¿qué pasa con el sector privado? acaso es eximido de tal situación, la miopía que preocupa es el resultado de los análisis que pudiera darse, todos sin excepción pagamos los actos del corruptor y el corrupto; deteriorando la aplicación de políticas económicas justas en su diseño y aplicación (Begovic, 2005).

Tal y como lo plantean Turkson, y Alberti  (2017), la corrupción en su raíz etimológica, indica un desgarro, una ruptura, una descomposición y desintegración de una determinada sociedad, aspecto que cada vez es palpable en varias naciones del orbe.

Antes de pasar adelante conviene señalar que la consecuencia de la corrupción, en el contexto biológico del hombre, revela una conducta antisocial de consideración que disuelve la validez de los contactos humanos y por tanto, los pilares en los que se fundamenta una sociedad: la coexistencia de personas y la vocación a desarrollarla.

Concedido lo anterior, de manera prospectiva, hoy muchos ni siquiera logran imaginar el futuro; estamos en un punto de inflexión donde se encuentra en juego la esperanza en el mundo, sin la cual la vida pierde ese sentido de búsqueda y de posibilidad de mejora; esto por cuanto todos estamos, en efecto, muy expuestos a la tentación de la corrupción, hasta cuando pensamos que la hemos derrotado, se presenta de formas inesperadas.

Ampliando la comprensión del significado de corrupción, si bien integra aspectos asociados a delitos con sobornos, desde la connotación antropológica (actualmente un dilema global) parte de dos orientaciones muy claras según Soto (2003), a saber:

  1. En la raíz de cualquier actitud corrupta hay un notable cansancio de la trascendencia.
  2. Se utiliza la palabra corrupción, para el delito y con ello calificar un deterioro incluyendo los propios recursos y capacidades de una nación.

De lo anterior es imperativo entender que la corrupción es una de esas enfermedades sociales que requiere la convergencia y cooperación de los hechos técnicos a partir de una serie de visiones, entre ellas la antropológica.

Esto por cuanto, sus variadas manifestaciones contagian los sistemas de justicia, de la legislación, del gobierno, de la hacienda, de los servicios públicos y los valores enraizados en la sociedad considerados como aceptables, visibilizando un claro desequilibrio entre el poder y la colectividad.

Como consecuencia, la corrupción denota el mal olor de la injusticia, opresión, esclavitud, mediocridad, torpeza, hipocresía, indiferencia, idolatría, negación de la creatividad y con ello la propia libertad. En el campo cultural, se enfoca en blindarse a si mismo, negar la posibilidad de trascender, superarse de ir más allá; un ejemplo pedagógico que resume lo expuesto es como cuando se cierran las ventanas de la casa y jamás se ventila, inherentemente el resultado es la imposibilidad de respirar sanamente.

De igual modo, la persona que se corrompe poco a poco su vida va perdiendo su fuerza vital, ya que se vende así mismo al extremo de quedar extenuado mental y psicológicamente hablando. Esta tesitura guarda una relación con el consumo de una droga, es tal la adicción que la persona se convierte en una mercancía que puede comprarse y venderse.

Así las cosas, la corrupción llega a tornarse en una condición de vida, siendo la realidad habitual de quien la manifiesta, proviniendo desde el interior de cada ser humano, de manera análoga sucede con las organizaciones, ya que éstas ,al fin y al cabo, son sistemas que se encuentran interconectados en su interior.

Se comprueba de este modo que se llega a una especie de desequilibrio, en un lado de la moneda el corrupto se encuentra encerrado en la convicción de ser autosuficiente, y por otro en la idolatría que él otorga a algo que somete su corazón. Desde esta perspectiva, sujeta a tensiones del ser, emerge una presión que ocasiona una degradación hasta la propia putrefacción.

Afirmaré ahora que a partir de esta construcción de ideas para entender la corrupción desde dos tipos de visiones, partiendo quizás de una visión ideológica impuesta por la propia globalización que tiende a hacerse esfera, en vez de un poliedro.

Con todo y lo anterior, pareciera que todos los problemas o las propias oportunidades se leyesen con los lentes de la técnica, preocupa pensar en que pasará con un concepto que ha llegado a ser parte de la cultura del descarte, la ética. En este último punto, me refiero en particular, a ¿cómo combatir la corrupción en la sociedad?, siendo interpretado en su conjunto como la globalización de la indiferencia.

Dicho término acuña a la corrupción en si misma, teniendo su origen en la incapacidad de mirar más allá, de un encerrarse que produce desesperación porque las oportunidades económicas y sociales parecieran estar más a disposición de los “privilegiados” que al propio bien común.

Dicho de otra forma, la colocación de personal, al nepotismo, cuando se favorece a uno por méritos, sino en virtud de una instancia de corrupción, o sea, a cambio de actividades en razón de un grupo particular de pertenencia, siendo esto un reflejo de un cáncer social que debe buscarse una cura tanto para el corto, mediano y largo plazo.

En otras palabras, agudiza el egoísmo del ser humano, la resignación a la desconfianza negando en todos sus extremos la posibilidad de trascender en el caminar de la vida ya sea desde el individuo, sociedad u organización[1]. Su génesis, la desafección a la política, debido en gran parte, a un intercambio ilícito y a incapacidad, mediocridad, carencia de ideas y de debate sobre lo que concierne a las personas.

Llegado a este punto, quisiera detener la conversación para introducir la noción del costo de la corrupción, considerando el trabajo de Monteverde (2018), análogamente de las dos caras de Jano[2], en una se observa el perjuicio al Estado que producen los actos de corrupción; y la otra, refiere al beneficio indebido para el sector privado como resultado de la actividad corruptiva. Con esto en mente, expongo un ejemplo:

  1. Sector público = costos fiscales más costos adicionales de responsabilidad del estado.
  2. Sector privado = beneficio indebido, obtenido por la empresa, a través de un servicio prestado para el estado.

Considerando así el asunto de la corrupción, si bien pareciera una travesía imposible, existen acciones que pueden realizarse para mitigar sus efectos, especialmente hacia los más vulnerables partiendo de una planeación adecuada, decisión, resistencia y por encima de todo una fuerte voluntad política. Se desprende, una necesaria sumatoria de esfuerzos desde el gobierno, la academia, el sector privado, los medios de comunicación para buscar puntos comunes sobre el abordaje necesario, aspecto que vemos por ahora muy distante.

Cabe concluir que, de previo a tomar acciones contra la corrupción es necesario constatar y cuantificar las desigualdades del mundo, siendo la única meta la búsqueda incansable de la justicia, sin dejarse estampar por ideologías que con frecuencia simplifican de modo artificioso la realidad o por formas deterioradas culturales en el lenguaje tanto en la forma como en el estilo.

Consecuentemente, es necesario educarse en la valentía, exponiéndose a quedarse solo por no ceder ante la ola común, por ir contracorriente, porque al momento de decir “puede pararse en cualquier momento que se desee”, denota que se encuentra hasta la coronilla involucrado en el juego, tal y como sucede con las drogas resonando en el Evangelio según San Mateo capítulo 6, versículo 21 “…donde se encuentre tu tesoro, allá esta tu corazón.”

 

Referencias bibliográficas:

Turkson, P. K. A., & Alberti, V. V. (2017). Corrosión: Combatir la corrupción en la Iglesia y en la Sociedad. Mundo y Cristianismo.

Soto, R. (2003). La corrupción desde una perspectiva económica.

Begovic, B. (2005). Corrupción: conceptos, tipos, causas y consecuencias. Centro para la apertura y el desarrollo de América Latina, 26.

Monteverde, V. H. (2018). El costo de la corrupción Y el beneficio indebido: Dos caras ocultas del mismo espejo. Revista Internacional de Transparencia e Integridad, 6, 1-14


[1] Entiéndase público o privada.

[2] Jano refiere a la mitología romana, dios de las puertas, los comienzos y los finales; representado con dos caras mirando hacia ambos lados de su perfil.