Jacobo Schifter: Algunas importaciones vienen de afuera

Siguiendo el pensamiento de la ex diputada, es de presumir también que una mayoría de las exportaciones  van a otros países. Si esto es así, debe haber una minoría de exportaciones que son importadas. 

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Jacobo Schifter SikoraHistoriador (Ph.D).

«La mayoría de nuestras importaciones vienen de otros países», dijo la ex diputada Silvia Sánchez en Costa Rica. La gente se burló de ella: «¿De dónde van a venir las importaciones sino de afuera?» Sin embargo, esto ha sido una injusticia. Existe, en esta frase, un profundo análisis de nuestra situación. 

Si no todas la importaciones vienen de otros países, se supone que algunas vienen de nosotros mismos. Esto significa que algunas importaciones se originan en las exportaciones. ¿Cuál sería un producto nacional que se importa a nuestros países? 

En el caso de Venezuela, las exportaciones de petróleo subsidiadas a Cuba son en realidad importaciones que pagará el pueblo. Cada exportación se torna en dinero perdido que se añade al deficit fiscal y que actúa, a la larga, como una importación más. 

Pues los asesores latinoamericanos que laboran en ONG´s extranjeras o que asesoran a nuestros gobiernos en sus compras, son casos de exportaciones (los asesores) que nos hacen comprar equipos y servicios (importaciones). Un caso típico fue el de Costa Rica en que enviamos a nuestros asesores a buscarnos equipo médico y que a la larga, lo terminamos importando pagando mucho más de su valor real. Nuestras ventas de asesorías nos llevan, entonces, a endeudarnos aún más. 

Estos asesores de adentro pero que trabajan afuera,  reciben contrataciones millonarias en el extranjero para proyectos de desarrollo que, en teoría, no tenemos cómo hacerlos. De estas asesorías  tenemos, entonces, una serie de mercaderes internos que reciben tajadas millonarias por estas importaciones. 

Siguiendo el pensamiento de la ex diputada, es de presumir también que una mayoría de las exportaciones  van a otros países. Si esto es así, debe haber una minoría de exportaciones que son importadas. 

Un ejemplo sencillo de exportaciones que se importan a nuestro país fueron aquellas de varios empresarios  hace unos años. En vista de una ley que premiaba a los exportadores con un porcentaje de estas, los capitalistas locales enviaron chucherías a Estados Unidos, cobraron los beneficios por vender al extranjero y años después nos daríamos cuenta que en realidad eran  importaciones. Algunos mandaron estatuas de la Nigüenta, hecha de yeso, a Miami. Allí las recibían para triturarlas y mezclarlas con patas de gallina y dárselas a los caimanes que eran los únicos americanos dispuestos a consumirlas. El Estado pagaba un premio por la exportación y los únicos que se beneficiaban eran los lagartos.

La más obvia de nuestras exportaciones exportadas a Costa Rica es nuestro café. Mandamos el producto afuera para que Starbucks nos lo venda de regreso ahora cuatro veces más caro. Esto lo aprendimos en la Segunda Guerra Mundial cuando Costa Rica exportaba caucho a los Estados Unidos. De este caucho los americanos hacían llantas que por la escasez de la guerra, el gobierno tico las vendía diez veces su precio. Sobra decir que un familiar presidencial tenía el monopolio de las llantas. 

Una exportación exportada a Costa Rica es cuando el Ministro de Cultura financia y envía a un grupo de los máximos talentos (sus amigos, obviamente) de nuestra literatura y de la poesía para que nos representaran en Paría. No importa si no venden ningún libro o si nadie llega a oírlos porque estos se exportaron para impresionarnos en el mercado local. Ahora, una vez de regreso, podrán asumir que son ya internacionales y así subirles aquí el precio a sus obras. Esto es una exportación que se exporta a Costa Rica y que se convierte, por arte de magia, en una importación más. 

Finalmente, tenemos las exportaciones de nuestros presidentes que viajan al extranjero para lograr que las compañías inviertan en nuestro país. Todos sabemos que ninguna transnacional se va a venir a invertir aquí gracias a un almuerzo de 45 minutos con Carlitos. Entonces, el viaje del presidente, que todos pagamos, no sirve de otra cosa que inflar más nuestra deuda comercial. 

Algunas exportaciones y algunas importaciones son la misma cosa. 

 

El autor es Historiador, profesor universitario, fundador del Instituto Latinoamericano de Prevención y Educación en Salud (ILPES), autor de numerosas publicaciones sobre sexualidad, Premio Aquileo J. Echeverría en Ensayo.

 

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