Jacobo Schifter: Dejemos en paz a doña Ofelia

Doña Ofelia es una mujer que dejó quién sabe a qué persona cercana y querida o familiar directa que le dejó la tarea de manejarle sus declaraciones y que ella ahora está seguramente protegiendo. Ella firmó será acusada por eso pero como todos los que no sabemos un pito de pago de impuestos, nos pueden embarcar nuestros hijos, primos, sobrinos a ponerlos la soga en el cuello.

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Jacobo Schifter SikoraHistoriador (Ph.D).

El antisemitismo es más que una creencia acerca de los judíos. Es un gran placer; un orgasmo del alma. Si tratáramos de convencer a un antisemita de que la información que tiene es errónea, falsa, basada en mitos, sin fundamento científico, no lograremos convencerlo porque le privaríamos de un gran deleite. De ahí que tropecemos con una actitud ciega que no quiere oír los hechos. Este está convencido de que los judíos controlamos el mundo, que somos tanto comunistas como capitalistas, que explotamos a los cristianos, que somos todos ricos y que nos creemos superiores. Puedes enseñarle un montón de judíos pobres, que viven de la seguridad social y que reciben alimentos de la comunidad, y esto topará con oídos sordos. Si les cuentas que los judíos que quieren participar en política lo hacen para retribuir en algo a la patria que nos acogió, ellos asumirán que lo hacemos para robar y para hacer dinero en negocios turbios. (En mi caso, cuando la epidemia del sida no recibía atención del gobierno yo mismo fui acusado de beneficio económico). Si un judío estaba luchando en contra de una epidemia debía ser para hacer dinero.

Como este odio es un placer, otorga una serie de beneficios.

  1. Tradición. El antisemitismo es el odio más antiguo que parece universal y como está en la Biblia, justificado. Estuvo fomentado por dos mil años por el cristianismo que hizo a un lado el hecho que Cristo, su familia y sus seguidores y la primera iglesia en Jerusalén eran judíos. Tanto así que la Iglesia Católica transformó a Judas en el único judío. Los evangelios, escritos no por los evangelistas sino por autores desconocidos y más de 40 años en adelante después de la muerte de Cristo, no estaban interesados en convencer a los judíos de quién era el Mesías, porque los hebreos ya estaban derrotados y expulsados de Israel, sino a los romanos. Entonces, en vez de culpar a los verdaderos responsables de la muerte de Cristo, era más conveniente culpar a los judíos. Esta acusación ha envenenado a Occidente por dos mil años y para los antisemitas, es la forma fácil de odiar (un gran placer psíquico) sin ser censurados por los “políticamente correctos”. (¿Estará Cristo dispuesto a dejar entrar al Cielo a un antisemita que desprecia a doña Ofelia, que es de su familia o por lealtad a su pueblo, mandarlo al mismo infierno? No lo sabremos hasta que nos muramos, pero yo no quisiera apostar por los antisemitas.
  2. Amistad con los otros. Si eres antisemita y escribes, por ejemplo, un libro de poesía para los niños palestinos (sin importarte los que son masacrados en Siria o en Líbano, pero solo los que supuestamente sufren en Israel) encontrarás nuevos amigos. Odiar a Israel es ahora el nuevo antisemitismo que te permite odiar a los judíos y, al mismo tiempo, aparentar defender los derechos humanos y dar clases en la UCR y en la UNA.  (A los abusadores sexuales que son más cochinos que doña Ofelia no los echan y menos los mandan a la chirola. Si un rector nombre a su propia hija, alabado sea el señor) Cuando publicas una foto de un niño palestino llorando, los  neo nazis,  los miembros del Opus Dei, los partidarios del Frente Amplio, los estudiantes del Medio Oriente de la UCR, José María Villalta y hasta Corbin del Reino Unido te enviarán felicitaciones. Estarás feliz de tener nuevos amigos que si no fuera por los judíos, te odiarían a muerte. ¡Y lo haces en nombre de la justicia social! Nadie te puede tachar de racista porque eres la Madre Teresa reencarnada.
  3. Perdón por tu fracaso. Sartre opinaba que los antisemitas son resentidos sociales. Sentirse fracasados es un peso emocional enorme. Pero si puedes culpar a los judíos y acusarlos de que monopolizan el dinero y tus oportunidades de surgir, sientes un enorme placer porque tu mediocridad no es culpa tuya. Los judíos son la razón de por que no triunfas. Si ellos no existieran, vivirías como un rey y con toda la fama del mundo.

Estos placeres se ven todos reflejados con el trato en los medios de doña Ofelia. La mujer hizo algo malo que hacen la mayoría de los empresarios de este país: maquillar las declaraciones como en  Ecomoda de Betty la Fea. Sin embargo, las redes sociales la tienen crucificada, como si ella fuera la culpable del Cementazo, las Crucitas y la Trocha juntas. Y la ballena causante del Cementazo nada libre en el mar sin que la retraten como el verdadero tiburón que es.  Más bien da cursos de ética y política en una universidad americana, contratado no por sus méritos, sino por la amistad con una maestra de Costa Rica que se fue para esa universidad. Como siempre, los ricos arreglándose la vida. Las fotos que ponen de Ofelia son caricaturas igualitas a las de los periódicos nazis de Alemania que mostraba a los judíos como brujas o ratas. La costurera, que estuvo 20 años en planilla y que nunca se dio cuenta de nada de nada, es la inocente campesina explotada. ¡Pobrecita! ¿Por qué no fue a la OIJ y esperó que la investigación tomara su curso si ya estaba su nombre en las declaraciones juradas de las empresas de doña Ofelia? ¿Qué necesidad había de llamar  a menos que esperara algo más que un bono familiar o una pensión de una supuesta judía millonaria? Me van a perdonar, pero yo en caso de doña Ofelia me hubiera contratado a Juan Diego Castro y me hubiera centrado en el clima antisemita, hostil y vulgar que se ventilaba en la prensa y en los medios sociales y hubiera investigado a la pobre y humilde costurera.

Y algo tengo que agregar. Si lees los comentarios más vulgares y antisemitas contra doña Ofelia, la gran mayoría son por parte de hombres. Esto significa una sola cosa: se le juzga por haber cometido supuesto fraude pero aún más por ser una mujer rica que había destacado. Esta es la gran cólera de los machos que se miran cada vez más desplazados por mujeres que resultan más exitosas que ellos. Y si la mujer es judía, peor aún; no merece ni un poco de piedad. Y que no me vengan que el sexismo aquí no ha tenido ningún impacto.

He trabajado ad honorem en cárceles por más de treinta años como voluntario, llevando talleres, música, pintura, prevención y lo que pueda para hacerles las vidas más llevaderas. Y puedo asegurarles que he presenciado más piedad y humanidad de parte de ellos de todos los que hoy despotrican en contra de esta mujer que cometió un error que cualquiera de nosotros puede cometerlo. Estoy seguro que las privadas de libertad, si la mujer no se muere de depresión antes de ingresar en el Buen Pastor, recibirá más apoyo, perdón y comprensión que afuera.

Doña Ofelia es una mujer que dejó quién sabe a qué persona cercana y querida o familiar directa que le dejó la tarea de manejarle sus declaraciones y que ella ahora está seguramente protegiendo. Ella firmó será acusada por eso pero como todos los que no sabemos un pito de pago de impuestos, nos pueden embarcar nuestros hijos, primos, sobrinos a ponerlos la soga en el cuello.

 


El autor es Historiador, profesor universitario, fundador del Instituto Latinoamericano de Prevención y Educación en Salud (ILPES), autor de numerosas publicaciones sobre sexualidad, Premio Aquileo J. Echeverría en Ensayo.

 

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