Jacobo Schifter: José, el primer drag

La misma Biblia lo indica cuando se va a presentar -por vez primera- ante el faraón: se afeita y se cambia de ropa. Algo común para un hombre,  pero que no suele describirse en la Biblia. El narrador insinúa que José está preocupado por su apariencia y actúa como si fuera un eunuco o una mujer. 

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Jacobo Schifter SikoraHistoriador (Ph.D). 

Theodore Jennings, teólogo, encuentra implicaciones eróticas en la historia  bíblica de José y sus hermanos.  Lo primero que se nos viene a la mente es que José tiene un manto de colores. Pero no es un ropaje común. Tiene mangas largas y llega hasta los pies. Esto se nos repite para darnos a entender que no es un vestido común: es uno de mujer. La misma descripción de  vestido está en los que usan las princesas vírgenes en 2 Samuel 13

Es indumentaria femenina usada por las vírgenes. Y lo más extraño es que el manto es regalado por su padre, quien prefiere a José por ser el más lindo de sus hijos.  Esto es lo que hace que sus hermanos, quienes resienten el favoritismo y el regalo, lleguen a odiarlo (Génesis 37: 3-4). El manto convierte al hermano en fuente de atracción paterna y por esto, sus labores serán femeninas. En lugar del pastoreo de sus hermanos, José acompañará y cuidará a su padre.  No es de extrañar que cuando estos atacan a José, lo primero que hacen es destrozar el manto. Pues si no hubiera ya suficiente indicación de homoerotismo, Jacob recoge uno de los pedazos ensangrentados y se lo pone sobre sus genitales. La idea es que ahí es donde le duele la desaparición de José.

Al refugiarse en Egipto, José conoce a Potifar, el capitán de la guardia. Él favorece a José y se nos recuerda que el israelita es «muy guapo». La esposa de Potifar no está ciega y se lo quiere llevar a la cama. A pesar de las presiones de la esposa, José sale huyendo como cualquier gay ante el acoso femenino. La mujer lo acusa de violación y lo manda a la cárcel. Aquí nuevamente otro hombre, el carcelero, se siente atraído por José.  Este hombre flechado será quién lo lleva a la recámara real a interpretar los sueños del Faraón. El faraón  le brinda su anillo, un collar para el cuello y ropa fina. Además, lo hace su consejero.

¿Qué hace a José tan apetecido? Pues ser guapo y un objeto de gozo para los hombres. Si hubiese sido feo, ¿habría llegado al puesto máximo bajo el Faraón? José nunca había mostrado interés por las mujeres en contraste con sus hermanos que hasta le quitan la concubina a su padre.  Él ha tenido una vida difícil de atracciones y de rechazos. Pero sabe que lo que lo salva son sus encantos. La misma Biblia lo indica cuando se va a presentar -por vez primera- ante el faraón: se afeita y se cambia de ropa. Algo común para un hombre,  pero que no suele describirse en la Biblia. El narrador insinúa que José está preocupado por su apariencia y actúa como si fuera un eunuco o una mujer.

Finalmente cuando José regresa donde su padre, una historia extraña se suscita. En Génesis 48:5 (LBLA) se nos dice que los hijos de José serán reivindicados por su padre como si uno fuera la madre y el otro, el padre. No existe ninguna razón para que ambos compartan la cría de ellos, a menos que José no pueda brindarles un modelo viril. Jennings concluye que José ha sido un travestido todo el tiempo y que al final, se convierte en una especie de madre de probeta para darle -después de la muerte de Raquel- hijos a Jacob. Así que los travestidos tienen en José una abuela de la que sentirse orgullosas.

 


El autor es Historiador, profesor universitario, fundador del Instituto Latinoamericano de Prevención y Educación en Salud (ILPES), autor de numerosas publicaciones sobre sexualidad, Premio Aquileo J. Echeverría en Ensayo.

 

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