Jacobo Schifter: La vida es solo un videojuego 

Los videojuegos lavan la culpa. Los juegos  nos ofrecen la posibilidad de la repetición. Así que si cometiste un desfalco en uno puedes evitarlo en el próximo. Y si ayer te agarraron, mañana puede que no. Ningún error es grave; lo arreglas en el próximo juego. De ahí que si te robas y te atrapan en un proyecto de gobierno, tienes la confianza que en el próximo no te pillarán. Vas aprendiendo cada vez a jugar mejor y a destruir tus oponentes. 

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Jacobo Schifter SikoraHistoriador (Ph.D).

Desde hace tiempo parece que los videojuegos han estado en el centro del huracán de toda polémica. Estos contenidos siempre han sido culpados de diferentes problemas y los medios jamás han destacado sus muchos beneficios, pero ahora hemos llegado al punto de que los videojuegos forman parte de una nueva enfermedad mental, según la OMS. Y es que hace poco la Organización Mundial de la Salud ha reconocido un nuevo tipo de dolencia relacionada con la salud mental. Y realmente estamos de acuerdo, ya que la adicción a los videojuegos, como cualquier otra adicción, supone un riesgo para cualquier persona que sufra de ello, igual que la adicción al alcohol o la adicción al juego.

En primer lugar, nos muestran la vida como hostil. Los otros son adversarios que si no los matamos, ellos lo hacen con nosotros. Pero matar pierde su dimensión monstruosa.  Los personajes no mueren. Uno puede destruirlos y como en los cómics de Tom y Jerry, estos, como si nada hubiera pasado, vuelven a la vida. Algo parecido a los caracteres de Stephen King: los “undead”, los zombies, los vampiros que no acaban de morir. Uno se jala un “Cementazo” y en vez de que te lleven al paredón te tornas en una ballena que nada y da clases en aguas internacionales. Abres el portillo para que el atraco sea posible y te recompensan con una diputación. No tienes por qué renunciar a ella porque esto es un juego y aquí la opinión pública no cuenta.

Cada vez son más las evidencias de que los videojuegos pueden afectar a ciertas partes del cerebro. Los resultados de 116 estudios científicos publicados en el Frontiers in Human Neuroscience revelan cómo los videojuegos afectan al cerebro y al comportamiento. Obviamente, lo hacen en formas negativas: más inmoralidad, vagancia, deslealtad y el síndrome de que nada me importa a mí. En diputados de la provincia de Puntarenas, el cerebro se reduce solo a dos células.

Los videojuegos lavan la culpa. Los juegos  nos ofrecen la posibilidad de la repetición. Así que si cometiste un desfalco en uno puedes evitarlo en el próximo. Y si ayer te agarraron, mañana puede que no. Ningún error es grave; lo arreglas en el próximo juego. De ahí que si te robas y te atrapan en un proyecto de gobierno, tienes la confianza que en el próximo no te pillarán. Vas aprendiendo cada vez a jugar mejor y a destruir tus oponentes.

En los juegos se ha eliminado la finitud: cuando algún político se le encontraba robando,  la pena era el exilio y la muerte física (el paredón) o social (no queríamos saber nada más de él o de ella). Ahora, gracias a la cultura de la inmortalidad obscena, los políticos corruptos están siempre presentes. Como los invasores de un videojuego, escriben en la prensa, nos representan en el exterior, van y supervisan elecciones en otros países, obtienen una Embajada o un puesto en la ONU.(Esto a pesar de que nos han robado hasta los calzones.) En realidad, son los nuevos muertos vivientes que deberían espantarnos, pero que como ya hay tantos, nos acostumbramos a ellos.

¿Se acuerdan de la canción de la película Cabaret: “La vida es solo un cabaret”, pues en la nueva versión de Hollywood la cambiaron a “La política es solo un video juego”.

 


El autor es Historiador, profesor universitario, fundador del Instituto Latinoamericano de Prevención y Educación en Salud (ILPES), autor de numerosas publicaciones sobre sexualidad, Premio Aquileo J. Echeverría en Ensayo.

 

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