Jacobo Schifter: Los muertos decimos “Pura Vida”

Los matrimonios, por ser entre los vivos y los que no, suelen ser exitosos ya que los divorcios son poco frecuentes. Aparentemente, los fallecidos son más fieles que los vivos. Finalmente, muchas jóvenes madres solteras se dan cuenta que al reclamar la pensión alimentaria, tuvieron relaciones con finados.

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Jacobo Schifter SikoraHistoriador (Ph.D).

Costa Rica es el país más feliz de América Latina y duodécimo en el mundo. También somos el segundo mejor país de Latinoamérica para estirar la pata. Así se desprende del segundo Índice de Calidad de Muerte publicado el año pasado por The Economist Intelligence Unit y la Fundación Lien. El estudio coloca a Inglaterra (Reino Unido) como el país que ofrece los mejores cuidados a sus enfermos, incluso hasta la fase terminal. En Latinoamérica, Chile es el país que ofrece mejor calidad de muerte a sus habitantes y ocupa el puesto 23 del índice con 58,6 puntos, seguido por Costa Rica con 57,3 puntos. De acuerdo con la clasificación por región, Costa Rica se ubica en la cuarta posición del Índice de Calidad de Muerte por detrás de Estados Unidos, Canadá y Chile, en la región de las Américas. 

Queremos morirnos porque sabemos que aquí nadie fallece de verdad y por eso estamos tan contentos. Es más, los muertos siguen vivos y los vivos estamos ya muertos. Las citas en la Seguridad Social duran tanto que, aunque hayamos pateado el balde, esperamos que nos atiendan. Una señora de 90 años, por ejemplo, recibe su cita médica para el año 2040. Para asistir a ella, deberá regresar del otro mundo y por esto en los hospitales, en la noche, se ven fantasmas. La gente asegura que son los difuntos que acuden a sus citas y nadie se asusta por esto: si el médico nos espera después de muertos es porque está seguro de que hay vida eterna. 

Nuestros difuntos siguen comiendo y consumiendo. Cientos de ellos, por ejemplo, aún cobran su pensión. Y lo mejor es que no dejan de trabajar. Tenemos muchos muertos que son presidentes de sociedades anónimas y cuando se descubre algún desfalco, los demás nos enteramos que el representante legal estaba a la par de San Pedro. Los finados también se casan y miles de extranjeros obtienen así su residencia. Es más, los muertos se nos hacen atractivos. Nuestros jóvenes, a diferencia de otros países,  sienten una gran atracción por aquellos que están por ir de paseo con Anubis, el dios egipcio de la muerte.

Es muy común ver cómo políticos pensionados de 98 años encuentran el amor con jóvenes de 18. Las bodas en la unidad de cuidados intensivos son el pan de todos los días. Tanto así que los invitados ahorran enviando flores que sirven tanto para la ceremonia como para el funeral. Y si no son los ticos los felices de palmarse, ahora hasta los norteamericanos de la tercera edad vienen a nuestro país a obtener finales felices. Los matrimonios, por ser entre los vivos y los que no, suelen ser exitosos ya que los divorcios son poco frecuentes. Aparentemente, los fallecidos son más fieles que los vivos. Finalmente, muchas jóvenes madres solteras se dan cuenta que al reclamar la pensión alimentaria, tuvieron relaciones con finados.

Estamos tan felices que los vivos y los muertos decimos “¡Pura Vida!”.

 


El autor es Historiador, profesor universitario, fundador del Instituto Latinoamericano de Prevención y Educación en Salud (ILPES), autor de numerosas publicaciones sobre sexualidad, Premio Aquileo J. Echeverría en Ensayo.

 

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