Jacobo Schifter: ¿Qué pasa cuando morimos?

Cada vez más, enseñamos la sexualidad, pero de cómo es morir, jamás.

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Jacobo Schifter SikoraHistoriador (Ph.D).

En la Costa Rica hasta los años 1950, el entierro era toda una procesión solemne. Los majestuosos coches fúnebres tirados por caballos eran la norma. Hoy, desplazadas las carrozas y los equinos por los automóviles, el tránsito glorioso hacia la morada final permanece en la memoria de los más añosos como recuerdo de una época en que hasta la parca se vestía de gala. Con la modernidad, el desfile en la calle se ha sustituido por los coches en fila con las luces encendidas y los dolientes, con la excepción de lugares rurales, no más en  las calles.

En la América Latina del siglo XIX la gente necesitaba de plañideras. Si los funerales no tenían a los cónyuges y a los familiares en total desconsuelo, estaban, para dar un toque de dolor intenso, las lloronas.  Antes del descubrimiento de los antibióticos, era frecuente que muchos niños murieran, lo mismo que los adultos jóvenes. La gente estaba expuesta a la muerte todos los días.

¿Existe el arte de morir? ¿Y si lo hay, qué podemos hacer para tener una buena muerte? Una de las pocas obras sobre el tema es el libro The Art of Dying de Peter Fenwick y Elizabeth Fenwick. Peter Fenwick es un famoso neuropsiquiatra y miembro del Colegio Real de Psiquiatría del Reino Unido y la autoridad mundial acerca de las experiencias cercanas a la muerte. Elizabeth Fenwick es autora de varios libros de salud, embarazo y cuidados infantiles.Ahora, las familias extendidas han desaparecido y la experiencia de lidiar con familiares muertos, reducida. La muerte no es respetada ni honrada.  La gente pega gritos, no por el muerto sino porque el funeral bloquea una calle o hace el tránsito demasiado lento.  Como lo escribió Ernest Becker en su libro The Denial of Death hace ya más de 30 años, nuestra sociedad moderna está basada en negar la muerte. Gracias a una ideología de que una buena vida es consumir, viajar y disfrutar los placeres del cuerpo, la muerte es la negación rotunda. De ahí que la escondamos en el armario y que preferimos no saber nada de ella. Antes, a los niños, no se les hablaba del sexo o de la muerte. Cada vez más, enseñamos la sexualidad, pero de cómo es morir, jamás.

“Tal vez morir sólo sea, ir con asombro marchando,
entre un rumor de hojas secas, y por un parque extasiado”
Gabriela Mistral

 

 

 

 

 

Los autores pasaron miles de horas entrevistando a personas moribundas y aquellas que sufrieron paros cardíacos y fueron revividas. También a las enfermeras (los doctores nunca están en el momento y son los que menos saben), familiares y amigos de los difuntos. Entre lo que descubrieron es que la mente y la conciencia es mucho más compleja y enigmática de lo que creemos. También que en Occidente (en Oriente, es distinto y en vez de túneles, experimentan cruzar ríos o llegar a islas) las personas suelen saber dos meses antes que se van a morir, tienen visitas de sus padres fallecidos, hermanos y amigos, experimentan una dualidad entre lo particular del mundo y lo universal y morir es una experiencia generalmente  hermosa y placentera y no del todo en soledad.

Los investigadores no creen que sean meras alucinaciones de los moribundos porque son experimentadas por las personas que están cerca. Cuando la persona muere, estos suelen ver que el cuarto se ilumina.  Es común ver pájaros, búhos y lechuzas u otros animales en las ventanas.También que personas cercanas que no pudieron estar en el momento de la muerte, experimentan contactos con los ya muertos y saben del fallecimiento antes de que nadie se los diga. La evidencia sugiere que somos más que un cerebro y que algo, ya sea el alma o el espíritu continúa, aunque sea por un tiempo.

¿Existe una mala muerte? En algunos casos, si la persona lucha por conservar su vida terrenal con las relaciones y las personas que ahí habitan, el proceso se torna angustiante. Los miles de moribundos y los que regresaron aseguran que lo mejor es despedirse de todo, soltar todo amarre y dejarse ir en el proceso.

 


El autor es Historiador, profesor universitario, fundador del Instituto Latinoamericano de Prevención y Educación en Salud (ILPES), autor de numerosas publicaciones sobre sexualidad, Premio Aquileo J. Echeverría en Ensayo.

 

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