‘Jamais vu’: la ciencia detrás de lo contrario al ‘déjà vu’

Cornelius Krishna Tedjo/Shutterstock

La experiencia del déjà vu, que ocurre cuando creemos erróneamente que una situación novedosa ya sucedió antes, nos deja una espeluznante e incómoda sensación. Pero no es más que una ventana al funcionamiento de nuestro sistema de memoria.

Según nuestras investigaciones, el fenómeno se produce cuando la parte del cerebro que detecta la familiaridad se desincroniza con la realidad. El déjà vu es la señal que alerta de esta rareza: es una especie de “comprobación de hechos” para el sistema de memoria.

Lo opuesto al déjà vu se conoce como jamais vu. Y se experimenta cuando algo que nos debería resultar familiar nos parece irreal o novedoso. En nuestra reciente investigación, que acaba de ganar un premio Ig Nobel de literatura, analizamos el mecanismo que subyace a este fenómeno. Y todo apunta a que es la repetición la que puede hacer que las cosas nos resulten erróneamente extrañas e inusuales.

El jamais vu puede consistir en mirar una cara familiar y que, de repente, nos parezca extraña o desconocida. Los músicos lo sufren momentáneamente cuando se pierden en un pasaje musical muy familiar. Y puede que a usted le haya pasado yendo a un lugar conocido y desorientándose, o viéndolo con “ojos nuevos” sin motivo aparente.

La experiencia resulta aún más inquietante que el déjà vu. Cuando se pide a la gente que la describa en cuestionarios sobre experiencias de la vida cotidiana, escribe relatos como:

“Mientras respondo mis exámenes, escribo una palabra correctamente, por ejemplo ‘apetito’, pero sigo mirando la palabra una y otra vez porque tengo dudas de que pueda estar mal”.

En la vida cotidiana, el jamais vu puede ser provocado por la repetición o la mirada fija, pero no tiene por qué. A uno de nosotros, a Akira, le ha pasado conduciendo por la autopista, lo que le ha obligado a detenerse en el arcén para que su desconocimiento de los pedales y el volante se “restableciera”. Por suerte, en la naturaleza es raro.

Palabras que se vuelven extrañas de tanto repetirlas

No sabemos mucho sobre el jamais vu, y por eso decidimos empezar a estudiarlo en el laboratorio. Partíamos de que si le pides a alguien que repita algo una y otra vez, a menudo se da cuenta de que carece de sentido y empieza a sentirse confuso.

En un primer experimento, 94 estudiantes universitarios se dedicaron a escribir repetidamente la misma palabra. Lo hicieron con doce palabras diferentes que iban desde algo tan común como door (“puerta”) a términos menos comunes como sward (“barba”).

Pedimos a los participantes que copiaran la palabra lo más rápido posible. Y les invitamos a parar si comenzaban a sentirse extraños o aburridos, pero también si les dolía la mano. Detenerse porque las cosas empezaban a parecer extrañas fue la opción más elegida, y cerca del 70 % se detuvo al menos una vez por sentir eso que definimos como jamais vu. Esto solía ocurrir al cabo de un minuto aproximadamente (33 repeticiones), y normalmente con palabras conocidas.

En un segundo experimento utilizamos sólo el artículo the (“el/la”), pensando que era la palabra más común. En esta ocasión, el 55 % de las personas dejaron de escribir por motivos que coincidían con nuestra definición de jamais vu (pero después de 27 repeticiones).

La gente describió sus experiencias con frases que iban desde “las palabras pierden su significado cuanto más las miras” hasta “parecía perder el control de la mano”. Aunque nuestra favorita es:

“De repente no parecía correcto, casi da la sensación de que no es realmente una palabra pero alguien me ha engañado haciéndome creer que lo es.”

Imagen de papel con la palabra 'el' una y otra vez.
Intenta escribir ‘la’ 33 veces.
Christopher Moulin, CC BY

Tardamos unos 15 años en redactar y publicar este trabajo científico. Empezamos en 2003 porque tuvimos la corazonada de que la gente se sentía rara al escribir repetidamente una palabra. Uno de nosotros, Chris, se había dado cuenta de que las líneas que le habían pedido que escribiera repetidamente como castigo en la escuela secundaria le hacían sentir extraño, como si no fuera real.

Tardamos 15 años porque no éramos tan listos como creíamos. La idea no era tan original y novedosa. En 1907, una de las figuras fundadoras anónimas de la psicología, Margaret Floy Washburn, ya había publicado un experimento con uno de sus estudiantes que mostraba la “pérdida de poder asociativo” en palabras que se miraban fijamente durante tres minutos. Las palabras se volvían extrañas, perdían su significado y se fragmentaban con el tiempo.

Perspectivas más profundas

La única novedad que hemos aportado es la idea de que las transformaciones y pérdidas de sentido en la repetición van acompañadas de un sentimiento particular: el jamais vu. El jamais vu es una señal de que algo se ha vuelto demasiado automático, demasiado fluido, demasiado repetitivo. Nos ayuda a “salir” de nuestro procesamiento actual. De hecho, la sensación de irrealidad no es más que una manera de comprobar la realidad.

Es lógico que esto suceda. Nuestros sistemas cognitivos deben ser flexibles, permitirnos dirigir nuestra atención hacia donde sea necesario en lugar de perdernos en tareas repetitivas durante demasiado tiempo.

Apenas estamos empezando a comprender el jamais vu. Las principales explicaciones científicas vienen de la “saturación” –la sobrecarga de una representación hace que pierda el sentido– y del llamado efecto de transformación verbal. Consiste en que repetir una palabra una y otra vez activa a los llamados “vecinos”, de modo que se empieza escuchando la palabra “tres” en bucle una y otra vez, pero luego los oyentes dicen oír “estrés”, por ejemplo.

Por último, nos sentimos halagados por haber sido galardonados con el premio Ig Nobel de literatura. Los ganadores de estos premios aportan obras científicas que “hacen reír y luego hacen pensar”. Esperemos que nuestro trabajo sobre el jamais vu inspire más investigaciones y conocimientos aún mayores en un futuro próximo.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

Publicado originalmente en The Conversation

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