Corina Rodríguez López

Javier Cambronero Arguedas, Educador, Ex Diputado.

Es de bien nacidos, ser agradecidos”, que gran sabiduría del evangelista al consignar en el evangelio de San Lucas, capitulo 17, esta hermosa y justa frase para mostrar uno de los valores humanos más dignos y excelsos, como es la gratitud.

Y en ese sentido debo  mencionar que sobre la figura de Corina Rodriguez López he hecho mención en tres oportunidades de mi vida; en primera instancia al participar en un certamen organizado por el CCHJFF, para bautizar la sala de su segunda planta; segundo, un discurso mío pronunciado en el plenario de la AL en conmemoración del Día Internacional la Mujer y mi última y tercera participación en el acto cívico al inicio del Desfile de Faroles el pasado 14 de setiembre, bajo un intenso aguacero y un parque ramonense abarrotado.

El pasado martes 8 de noviembre, se conmemoran 40 años de su desaparición física.

Destacada luchadora social, literata, artista y educadora.

Insigne y polifacética mujer ramonense del siglo XX.

Hoy, es un momento memorable para encontrarnos con nuestros viejos abuelos, y destacar quiénes somos, de dónde venimos. Lisimaco Chavarría Palma, Carlomagno Araya Félix Angel Salas Cabezas, Rafael Rodríguez,  Manuel Lico Rodríguez, Julio Acosta García, Jose Joaquín Salas Perez, Federico Salas Carvajal, Emma Gamboa Alvarado, Alberto Manuel Brenes, Carlos Luis Valverde Vega, Miguel Angel Hidalgo Salas, Bertalía Rodriguez López, Jorge Carvajal Salas, Juana Varela, Eliseo Gamboa Villalobos, Rafael Lucas Rodriguez, José Figueres Ferrer, Deseado Barboza Ruiz, Juan Guillermo Ortiz Guier, José Zaglul Son, Ermelinda Mora Carvajal, Domingo Ramos Araya, Vera Ledezma Rojas, Olger Villegas Cruz. Y al lado de ellos, merecidamente, Corina Rodrìguez Lòpez.

En el àmbito de la educación costarricense podemos ubicar merecidamente a Corina al lado de grandes y egregias educadoras como Carmen Luya y Emma Gamboa.

En el ámbito del desarrollo polìtico del paìs y al aporte que a ello han hecho señeras figuras ramonense, podemos poner a Corina al lado de Figueres Ferrer.

Y en medio de Figueres Ferrer y Emma Gamboa, podemos situar sin duda a Corina. Al lado de Emma Gamboa por su ternura, amor a la educación, amor a los niños, a las letras y a la naturaleza. Y al lado de Figueres Ferrer por su fogosidad, alma inquieta y espíritu transformador.

¡Y qué mejor oportunidad reviste esta ocasión para rememorar a esta gran educadora ramonense, de esas que destacan para bien en la historia costarricense; que penosamente el olvido y la indiferencia de varias generaciones de intelectuales, académicos, educadores y políticos, han mantenido con ingratitud e injusticia en el ostracismo patrio! Ostracismo donde en forma infame y a conveniencia de algunos pocos, hemos enviado a algunos costarricenses a una especie de limbo o purgatorio. Y eso lamentablemente ha ocurrido a la ilustre Corina Rodríguez López, cuyo momento de reivindicación histórica ha llegado. Tan grande es figura, que destaca en nuestra historia por su sensibilidad social, capacidad de lucha, de denuncia, de propuesta; y ser flamante llama de luz eterna, que ilumina, guía y orienta; que no consume nunca, su propia energía.

Corina Rodríguez participó en el desfile del 15 de setiembre de 1922 –hace 100 años- ante el Monumento Nacional, en el Parque Nacional, y de ello nos deja constancia de lo que vivió y sintió en aquel entonces. En una Costa Rica rural, agrícola, de pocos núcleos urbanos, donde campeaba muchas veces la injusticia social, a pesar del sudoroso esfuerzo de miles de costarricense que con su trabajo tenaz desde siempre, tratan de sacar avante a su familia y obtener el pan con dignidad. Para ella –Corina- “decir niño es sinónimo de ternura, esperanza y amor”. Pues su alma se compungía al mirar infantes desnutridos, en muchos lugares del país; sí, maltratados y olvidados por sus progenitores, como si estas pobres e indefensas criaturas fueran las culpables de penas y angustias de hombres y mujeres insensatos. Para estos últimos, los niños son un obstáculo, un tropiezo, un estorbo.

Su preocupación por los demás, el estado de la niñez desvalida y de lucha por la justicia social, la han hecho sujeto de su propia historia.

Época de los Tinoco

Naciò en 1895 y se traslada a vivir en San Josè y Heredia en su juventud. Le correspondiò vivir los ajetreados y tormentosos años del gobierno de don Alfredo Gonzalez Flores y el golpe de Estado que le propinaron los hermanos Tinoco. Ya en esa época surge la huelga como instrumento de lucha y la calle como espacio de expresión del conflicto, a través de marchas, piquetes, concentraciones, etc.; asi como la aparición de organizaciones formales de obreros, intelectuales, estudiantes, artesanos y trabajadores de diversa índoles, sobre todo en el ámbito urbano. Ya existe la Confederación General de Trabajadores y el Centro de Estudios Germinal.  Se crean diversas organizaciones de obreros en diversas partes el país, entre ellas, en  San Ramon con la Sociedad de Obreros y Artesanos, conocida como el Club de Amigos, aún hoy vigente.

En esos años, 1 914 y sucesivos el país atravesaba una difícil situación económica que se agrava muy rápidamente con el estallido de la I Guerra Mundial y el cierre de mercados para productos costarricenses. En esa época como expresión de lo mal que estaba la situación más del 50% de las fincas poseían alguna hipoteca. Era común que los gobiernos de la época para enfrentar problemas de fluidez y de déficit, recurrieran a onerosos préstamos a la banca, banca privada que es la que existía y que a su vez hacia pingues ganancias lucrando con los fondos públicos. Penosamente, dicha práctica perversa se mantiene. En el caso del café, las casas exportadoras daban adelantos a los productores y luego les descontaban dichos créditos en condiciones de usura.

Se opuso a la dictadura de los Tinoco y fue a la calle demandando justicia y libertades al lado de Joaquín García Monge, Omar Dengo, Carmen Lyra y muchos destacados educadores y educadoras que participan activamente en la quema del diario La Información, vocero de la dictadura tanquista.

Además, se agudiza una crisis alimentaria asociada al alto precio de la harina. El Congreso debe interceder, pues hay una seria afectación en las ciudades y en el quehacer de los panaderos. De igual manera muchos alimentos escasean, lo que desata altos precios y especulación, por lo que, para contrarrestar sus efectos el gobierno, contaba con escasas herramientas. En agosto de ese mismo año, el gobierno toma la difícil decisión de rebajar salarios a los empleados públicos, así como rebajar impuestos a algunos productos de consumo básico para evitar un alza desmedida en los precios. Hay descontento popular y malestar social. Durante todo el 1915 la comercialización de alimentos siguió siendo un dolor de cabeza, pues mucha gente deseó exportarlos por el buen precio que tenían en otras latitudes, pero que a su vez generaba desabastecimiento en el mercado local. En San José el clima de descontento social continúa y hay huelga de panaderos, quienes reclaman mejores salarios y una reducción de su jornada laboral. Así  como trabajadoras cigarreras y de las purerìas.  En enero de 1916 se efectúa una exitosa exportación de panela de dulce a Inglaterra con lo cual la producción azucarera se orienta a dicho fin y no a surtir las necesidades del mercado nacional. Este elemento, una vez más atenta contra la estabilidad de precios y disponibilidad de alimentos para la población, dicha situación se agudiza por la conducta de los dueños de carnicerías, pues 40 de ellos ejercían presión sobre los precios ofrecidos en San José, pagando barato la carne y vendiendo sus cortes a precios altos. Ello ocasionaba que la misma, cada vez se alejara más de las mesas de las familias costarricenses, sobre todo las de escasos recursos.

La vida urbana se ve severamente golpeada y hay una importante disminución en los ingresos de las familias. La malnutrición, el hambre y la pobreza, tocan la puerta de centenas de hogares costarricenses.

La firma de contratos petroleros y leyes de enajenación del oro y la plata, generan grandes sentimientos nacionalistas, como pocas veces visto en el país y el rechazo de intelectuales y maestros, se hace patente. El magisterio nacional poco a poco cobra fuerza como movimiento social y sujeto de su propia historia. Los precios de los alimentos básicos se tornan exorbitantes en harina, manteca, arroz. Muchas familias solo comían plátanos y chayotes; los frijoles y aguadulce, solo de vez en cuando.

Corina vive toda esa realidad, propia de esa época. Época donde la mayoría de empleados públicos, ayer como hoy, estaba compuesta por maestros, que para 1 900 no llegaban a 200. Desde 1915, a  los funcionarios públicos se les pagaba con el sistema denominado tercerillas; práctica que colocaba aún en posición más vulnerable a los trabajadores, pues sobre sus salarios ya recaían impuestos, y el concepto como tal, consistía en que mensualmente el trabajador recibía tan sólo dos terceras partes para hacerlas efectivas, y el tercio, se le pagaría a fin de año, con un supuesto reconocimiento de intereses. Ese medio de pago, denominado tercerillas, era adquirido por usureros quienes se lo compraban a los trabajadores en un 80% de su valor facial de esa manera obtenían doble ganancia cuando lo cobraban a la Pagaduría Nacional. Dichos salarios oscilaban entre 100 y 300 colones y se descontaba sobre ellos, entre un 15% y un 30% el valor del mismo.

En marzo de 1918 en la frontera sur, había sido asesinado por tropas tinoquistas el periodista y diputado constituyente Rogelio Fernández Güell, con lo cual la situación del régimen castrense se tornaba compleja y continuaba sumando animadversiones entre la población costarricense. En junio de ese mismo año, en una refriega militar en la zona norte del país, caen víctimas de las balas de la dictadura, el maestro de origen salvadoreño Marcelino García Flamenco y Selin Acosta.

Las protestas sociales –antes de 1920- en las cuales participa el magisterio nacional van a ir creciendo. Sus demandas son de carácter económico y contra los despidos. En ese periodo 1918-1919 el magisterio va consolidándose como una fuerza social y urbana a considerar. Nombres como Chamen Lyra, García Monge, Omar Dengo, Corina Rodriguez, Carlos Luis Sáenz y Lilia González, no sólo estaban al frente de diversas manifestaciones, sino además constituyen todo un referente de confianza y liderazgo para el magisterio nacional. La calle es escenario del conflicto, y la situación se torna insostenible para la tiranía. La prensa de la época se mostró parcializada y criminalizaba a quienes osaran desafiar el orden establecido.

Las turbulencias de los años veinte y treinta

Las actuales generaciones de costarricense hemos crecido con la idea de que mucho de lo que poseemos y hemos construido como sociedad es producto tan solo de los hechos del 48, lo cual siendo cierto, no es exhaustivo. Es conveniente hurgar un poco en el pasado para comprender las intensas transformaciones sociales y económicas que experimenta el país, antes de dicha década.

Crear instituciones para no morir en medio de la miseria y la indigencia, nos da a través de la Sociedad de Vida del Magisterio Nacional un maravilloso ejemplo. En el contexto de su creación, surge para socorrer a la maestra sin título, trabajadora, madre, esposa, expuesta al cansancio prematuro y la enfermedad, a epidemia, a pobreza, a los bajos salarios y la usura. Y de esa manera brindar alivio y consuelo. No es caridad, es una organización sostenida por nuestros propios aportes. Les comparto: “El 12 de abril de 1921, se analizan las primeras solicitudes de ayuda. Particularmente me detengo en una de 1924, planteada por M.R. viudo, artesano, quien solicita anticipo para gastos médicos y de funeral. Indica que su esposa R.Q.S. trabajó 30 años en diversos lugares y murió en Palmares, ejerciendo como maestra. Señala el viudo “no hay otros bienes que pertenezcan a la fallecida. El auxilio es para cancelar gastos de entierro, enfermedad y otras necesidades de la fallecida. Así firma el 20 de marzo de 1924 y presenta factura  la funeraria de don Guillermo Zúñiga por 200 colones y otros gastos.”

Esas grandes trasformaciones que se incuban en esos años, nos harían un país diferente; la preocupación por la niñez, sobre todo la niñez desvalida y desamparada, fue una constante en esta valerosa mujer; que a pesar  de sufrir persecuciones, humillaciones  e incomprensión, siempre se mantuvo altiva, luchando por la creación de lugares para niños abandonados, que tuvieran atención médica oportuna, y de esa manera robárselos a la muerte, producto de parásitos y enfermedades contagiosas; y fue además beligerante luchadora contra el alcoholismo que desde ese entonces como hoy en día, carcome a la sociedad costarricense. Sabía que esos niños requerían ternura, techo, un pedazo  de pan, abrigo y escuela para ser felices. Ya hace 100 años nos hablaba de la insana presencia de niños en cantinas y arrastrados injustamente a la cárcel; muchos de ellos harapientos, vendedores de periódicos, limpiabotas y otros menesteres en nuestras pocas ciudades y ambos puertos existentes.

Hoy por hoy, hay en el país 960 mil niños (0-12); son poco más del 18% de la población. De esa cantidad el 41% son pobres. Miles de niños y de niñas que nacen en uno de los 10 países más desiguales del mundo. Esto a todos debería de preocuparnos ¡

Ante el dolor y sufrimiento de miles de niños costarricenses, no hay adulto alguno que escape a su responsabilidad de no contribuir a hacer del país un lugar más seguro, bonito multicolor y alegre para ellos.   Así como necesitan alimentos, también requieren de cuentos y aventuras. Tras la fundación del PANI en 1930, estuvo el aporte y lucha incalificable de grandes hombres y mujeres co mo Corina

Todos, absolutamente todos, estamos llamados a servir a los niños, como lo hizo ella. Luchó por la niñez y su patriótico aporte, al lado de otros grandes costarricenses, contribuyó de manera significativa  a la

Su aporte al país hay que verlo En la perspectiva del desarrollo de una sociedad con mayor arraigo a profundos valores democráticos y desarrollo económico, social, cultural y político del país, para todos.

Esa tumultuosa época, de la cual fue protagonista y no pasivo agente que ve tan sólo trascurrir las cosas y el tiempo; junto a su formación en sociología e historia, y la mentorìa recibida al lado de García Monge,  contribuyeron a darle una visión más amplia para entender dichas las transformaciones que vivía el país y el mundo. La Costa Rica clasista y racista de inicios del siglo XX empezaba a cambiar hacia una sociedad más inclusiva donde una incipiente clase media y urbana empezaba a surgir a la luz del desarrollo de un estado más grande y la generación de políticas públicas y sociales donde salud, educación, vivienda, legislación laboral empezaban a aparecer en el horizonte.

Surgen en esos años instituciones claves y  legislación social para el desarrollo del país: El INS (1924), Ley de Riesgos del Trabajo (1925), Ley de Jornada de Ocho Horas (1920) a Ministerio de Salud (1927) y el de Trabajo (1928).  Surge en 1924 el INS y 1925 ley de Riesgos del Trabajo. El PANI (1930). Hay preocupación por la cuestión social. No como graciosa concesión de la clase gobernante, sino más bien fruto de la lucha social de muchos hombres y mujeres de bien, Las ideas de Jorge Volio, el surgimiento del grupo Germinal, la aparición de la Liga Cívica, la creación de la CGT, la aparición del  Partido Comunista y más tarde del CEPN van configurando un marco previo a la Guerra Civil del 48 y el advenimiento del Estado Benefactor. Los avances científicos en investigaciones desarrolladas por Clodomiro Picado sobre sueros antiofídicos, salvando miles de vidas de humildes trabajadores en las bananeras, presas además  del paludismo, la malaria y tuberculosis.

En esas preocupaciones por la niñez desvalida, funda Corina, en la época de don Ricardo Jiménez Oreamuno, la Casa del Niño, es cofundadora de la Liga Antialcohólica, anticipando a las ideas en los años setenta del ramonense Dr. Charles Chaassoul cuando surge el INSA, hoy IAFA.

Recientemente fueron declaradas como beneméritas de la patria un grupo de mujeres que lucharon por el derecho al voto femenino, en los años treinta. Increíble que en dicha lista no se incluyera a doña Corina. Esa también fue una constante en su vida.

Su vida, generosa y modesta, sigue el ejemplo de un gran maestro como el desampare daño Joaquín García, en cuyo Repertorio Americano, doña Corina escribió varias veces. Ya lo hacía hace 100 años.

Ese pundonor, pasión y desenfado  con que defendió las causas justas, le valió el exilio al ser expulsada del país tras la Guerra del 48,  donde el bando ganador la consideró una enemiga, cuando su única bandera era la lucha por la justicia social y por una vida digna para hombres y mujeres en el campo y la ciudad.


Hoy al hacer un balance sobre la vida de dos grandes mujeres ramonenses y educadoras, una benemérita de la patria y la otra no. De ambas debemos sacar el máximo aporte; que sea el currículo de la escuela, arma poderosa para transformar vidas y destacar con sumo respeto y admiración, el ejemplo y talante de una gran mujer como Corina.

Hoy, aquí muchos nos sentimos hijos de Corina por su legado. Te marchaste hace 40 años pero no con las manos vacías; con muchas obras que mostrarle al Creador y de la cual hoy nos instituyes como guardianes.

Escribía el 9 de octubre de 1922, un bellísimo poema que debe resonar en nuestro oído:

Si el sol es tan bueno

Mi niño es mejor:

¡retoño de mi alma

Que solo es amor ¡

El agua es tan pura,

Mi niño es mejor:

¡bebiò de mis senos

Tan solo fulgor ¡

El pan es tan santo

Mi niño es mejor:

¡lo ungí con el llanto

 De mi corazón ¡

En su ternura, nos habló de Andersen, de Perrault y de Tía Panchita.

Expulsada de la patria por cometer un gran pecado: amar demasiado a los suyos: los pobres y los desamparados ¡

Confío en que después de este homenaje póstumo, Corina Rodríguez López,  ya no resultará más ser una extraña, para esta generación de educadores y las que están por venir.