Javier Cambronero: (II) El centenario de la Sociedad de Seguros de Vida del Magisterio Nacional

Hoy, cien años después, seguimos disfrutando de dichos beneficios y otros, gracias al espíritu pionero de los educadores de esa época. Estos en extremo fueron solidarios; no se dejaron guiar por el egoísmo y el individualismo

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Javier Cambronero Arguedas, Educador, Ex Diputado.

Represión en tiempo de los Tinoco

II PARTE

“…en un gobierno como el nuestro, presidido por un joven lleno de honradez y patriotismo, es nuestra obligación ayudarlo para que los intereses creados y los intereses mezquinos no lo conduzcan por las tortuosas veredas de la intriga y la mala fe”. Así se expresa el diputado ramonense Rafael Rodríguez Salas, en 1915 sobre la incipiente gestión gubernamental de Gonzàlez Flores. Don Rafael, posteriormente seria perseguido por los esbirros de Tinoco, ubicados en San Ramón.

De manera que el año 1916 cierra con mucho descontento en las calles y con pocos apoyos políticos para don Alfredo. Con la guerra, aumenta la carestía de alimentos y materias primas.

La ruptura del orden constitucional con el advenimiento de la dictadura de los Tinoco y su intento de perpetuación con elecciones nacionales (27 de enero y 01 de abril 1917, respectivamente), coinciden con la profundización de los efectos de la Primera Guerra Mundial. Muchas de las importaciones de bienes, dejaron de llegar y otros productos sufrieron un alza descomunal en los precios.

Se mancilla la honorabilidad de don Alfredo González  F. cuando es presa de afirmaciones infames que decían que él deseaba buscar la reelección y que se presentaría como candidato en los próximos comicios; lo cual se ha determinado que es falso. Al mismo golpe de los Tinoco penosamente, se suman con sus simpatías los expresidentes Ricardo Jimenez, Carlos Durán, Rafael Iglesias, Cleto González. Endeblemente, acorralado, se le echa encima la clase política, el ejército y su ministro de defensa Federico Tinoco Granados.

La vida urbana en Costa Rica se ve severamente golpeada y hay una importante disminución en los ingresos de las familias. La malnutrición, el hambre y pobreza se acentúan.

La firma de contratos petroleros y la enajenación de oro y plata generan grandes sentimientos nacionalistas y el rechazo de intelectuales y maestros, que poco a poco empiezan a cobrar fuerza como movimiento social. Los precios de alimentos básicos se tornan exorbitantes en harina, manteca, arroz. Muchas  familias solo comían plátanos y chayotes; frijoles y aguadulce, de vez en cuando.

Tinoco y el círculo de poder que le rodea,  deciden redactar una nueva constitución y para eso instalan una comisión de notables para elaborar dicho proyecto. La misma estuvo integrada por Bernardo Soto, Carlos Durán, Rafael Iglesias, Ascensión Esquivel y Cleto González. Toda la clase política que la había dado la espalda a don Alfredo. Dicho texto serviría para convocar una Asamblea Nacional Constituyente. Dicha carta magna sirvió para adicionar un valioso artículo 10 donde se reconocía como obligación del estado, velar por el bienestar de los trabajadores. Dicho artículo, desafortunadamente no durará mucho, dado que esa Constitución tuvo una vida efímera, pues al caer Tinoco, es restituida la Constitución liberal de 1871.

El gobierno de los Tinoco, legitima diversas forma de saqueo de las escuálidas finanzas públicas, al propiciar el contrabando, el no pago de impuestos y privilegia  a banqueros y cafetaleros de la época. Así como el favoritismo en el otorgamiento de contratos públicos y politización en nombramientos de la función pública. Surgen sindicatos,  sociedades de artesanos y sociedades de socorro mutuo; los trabajadores van descubriendo y poniendo en práctica que sólo organizados y unidos, pueden enfrentar de alguna manera los embates de la crisis y luchar por mejores condiciones de vida.

Ha de recordarse que la mayoría de empleados públicos estaba compuesta por maestros, que para 1900 no llegaban a 200. Desde 1915, a los funcionarios públicos se les pagaba con el sistema denominado tercerillas; práctica que colocaba aún en posición más vulnerable a los trabajadores, pues sobre sus salarios ya recaían impuestos, y el concepto como tal, consistía que mensualmente el trabajador recibía tan sólo dos terceras partes  para hacerlos  efectivos, y el otro tercio, se le pagaría a fin de año, con un supuesto reconocimiento de intereses. Ese medio de pago, denominado tercerillas, era adquirido por usureros quienes se los compraban a los trabajadores en un 80% de su valor facial y de esa manera obtenían doble ganancia cuando lo cobraban a la Pagaduría Nacional. Dichos salarios eran entre 100 y 300 colones y se descontaba sobre ellos, entre un 15% y un 30% sobre el valor del mismo.

Bajo la dictadura de los Tinoco, asume la cartera de educación don Roberto Brenes Mesén, gran pedagogo. Coincidió con una época de despidos y persecución de maestros. Varias escuelas fueron cerradas. Extrañamente atacó los programas educativos vigentes, los cuales él mismo había elaborado junto a Garcia Monge y a Omar Dengo. Termina renunciando el 12 de marzo de 1918. Una semana después, los militares toman la Escuela Normal y despiden a todo el personal. Nombran personal en forma interina, para generar cierta lealtad hacia el régimen. Hubo nombramientos abusivos y distribución de prebendas, entre quienes no poseían principios morales ni éticos.

Las protestas sociales en las cuales participa el magisterio nacional van a ir creciendo. Sus demandas son de carácter económico y contra los despidos. En ese periodo 1918-1919 el magisterio va consolidándose como una fuerza social  y urbana a considerar. Nombres como Carmen Lyra, Garcia Monge, Omar Dengo, Corina Rodriguez, Carlos Luis Sáenz y Lilia González ,estaban al frente de diversas manifestaciones.

En medio de ese ambiente de protesta y desasosiego, en aras de proteger a sectores sociales muy golpeados y en total desventaja, surge la idea de promover la creación de una Sociedad de Socorros Mutuo del Personal Docente. El maestro ateniense Alejandro Rodriguez Rodríguez, el 7 de marzo 1918, en nombre de la Asociación de Inspectores Escolares, plantea al Congreso de la República dicha iniciativa, que  se materializará, dos años después, el 24 de diciembre 1920. De manera que a partir  de ese momento los educadores y trabajadores en general de la educación, podrán contar con una institución que, ante la enfermedad y muerte, les brindará socorro y auxilio,  dignamente. Hoy, cien años después, seguimos disfrutando de dichos beneficios y otros, gracias al espíritu pionero de los educadores de esa época. Estos en extremo fueron solidarios; no se dejaron guiar por el egoísmo y el individualismo. Camino, que otros grupos de trabajadores transitarán posteriormente.

Para 1919, aumentan las protestas y la calle es escenario del conflicto social, y la situación se torna insostenible. Desde enero 1919, hay revueltas populares en diversas partes del país contra la tiranía. La prensa de la época se mostró parcializada y criminalizaba a quienes se atrevían a protestar.

El 5 de marzo de 1918, en la frontera sur, había sido asesinado por tropas tinoquistas el periodista y diputado constituyente Rogelio Fernández Güell, con lo cual la situación del régimen castrense se tornaba compleja y continuaba sumando animadversión entre la población costarricense.

A mediados de junio de 1919, la sede del periódico La Información que se comportaba como vocero del régimen de facto, fue atacada y quemada por la población tras sendas manifestaciones, donde los maestros de la época jugaron un papel muy importante contra la dictadura.

En julio del mismo año,  en una refriega militar en la zona norte del país, caen víctimas de las balas de la dictadura, el maestro de origen salvadoreño Marcelino García Flamenco y Selim Acosta.

El régimen enfrentaba diversos alzamientos y la fuerza más poderosa, es  la que comandaba el ramonense Julio Acosta García, secundado por  Jorge Volio, cuyas fuerzas  avanzaban desde el norte hacia el centro del país.

En agosto, cae la tiranía de los Tinoco. Joaquin Tinoco, hermano del presidente y jefe del ejército había sido asesinado a inicios de agosto. Por su parte, Federico Tinoco huye hacia Europa.

 

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