Jeanette Amit.

Una biblioteca puede pensarse como una metáfora del mundo, de la forma en que nuestro entorno material resulta humanizado mediante los variados lenguajes culturales o se enriquece en significado gracias a todo lo posible de imaginar, crear y enunciar con ellos.

En particular, una biblioteca pública puede pensarse como modelo para otro tipo de sistema económico basado en una noción distinta de riqueza social, en otro modo de producción creativa y de consumo cultural solidario, donde lo público prima sobre lo privado, donde el bienestar no está sometido al imperativo de la inmediatez. Esta sería una economía que se nutre de lo heterogéneo para facilitar la posibilidad de convivir, pensar y dialogar desde todas nuestras diferencias como sociedad.

Considero que sería positivo tomar esta metáfora y modelo como inspiración para construir acuerdos en torno a lo que implica una ciudadanía responsable en un Estado de derecho. A lo largo de su extensa historia, la Biblioteca Nacional ha sido un pulmón vital que nos conecta como comunidad. Primero, como reservorio de textos, experiencias de escritura y lectura en múltiples registros. Segundo, como canal para reunir voces en diálogo y poner en circulación discursos culturales diversos. Tercero, como un espacio de encuentro donde, individual o colectivamente, podemos extraviarnos para luego reencontrarnos y reimaginarnos.

Como institución benemérita, la Biblioteca Nacional ha hecho suya la tarea de conectar el pasado con el presente: conservando y trayendo a la memoria las voces documentadas de nuestro pasado, pero además ofreciendo espacios y canales para visibilizar el quehacer de personas y colectivos culturales contemporáneos.

En tiempos cuando los derechos a la educación y a la información siguen debilitándose resulta imprescindible apoyar a las instancias que están en la primera línea de su defensa. La Benemérita Biblioteca Nacional, su directora Laura Rodríguez Amador junto a todo el personal que sostiene sus actividades merecen nuestro profundo agradecimiento por esa labor cotidiana de hilar y dinamizar el tejido plural de la memoria costarricense, de registrar, comunicar y diseñar nuestra realidad social con sus cambios y continuidades. Esperamos poder celebrar como comunidad muchos más aniversarios y alcances de esta tan querida y necesaria institución cultural pública.