Jeanette Amit.

 

IV

Mi nombre me sostiene.

Corto puñal que alguien puso ahí,

junto a mi muerte,

para verlo crecer igual que un árbol.

 

La medida imperfecta

Mido la longitud pausada de la sombra

a través de mi cuerpo.

Resto las distancias de mi mano a tu mano

y el peso de los signos que heredamos.

Descifro los enigmas de mi suerte,

la velocidad que alcanza el miedo en nuestros ojos.

Numero las venganzas de tu boca.

Peso la luz que se empoza en mi garganta.

Y al final sumo, sumo y no sé nada,

las cifras en la piel no se terminan,

nada es divisible entre mis pasos

y todas las respuestas son conjuros.

Los números empiezan entre el cuerpo

a confundirse poco a poco con la muerte.

No hay ecuación que acierte un maleficio

ni un cálculo correcto del deseo.

Mido y peso cada incógnita hecha con jirones de olvido.

Pero no hay suma cierta,

no hay explicaciones infalibles

que puedan fascinarnos como un crimen.

 

Mis costumbres

Yo tengo esa costumbre de morirme de noche

cuando la hierba sube a la altura del pecho

y los ojos no son

más que toros dormidos deteniendo la brisa.

Costumbre ingobernable

la de quedarme quieta

dejando que se escurra esa urdimbre del sexo

por entre los vestidos y la piel de la sombra.

Y es que morir se vuelve un juego entre las manos

ya rotas y manchadas,

una apuesta de sed que apunta al cuerpo

y se teje sola y sin vergüenzas.

Que morir es correr estando quieta

y devolverme así, sobre mis pasos,

hasta encontrar junto a mi cuerpo

el cuerpo alucinado de la tierra.

 

La última pregunta

Las cosas que me alcanzan me golpean de frente.

Yo las tomo casi con violencia

trinchadas en mis dedos como anillos

en una ceremonia de locura.

Todo lo que toco cambia de color o de muerte,

cada cosa alimenta y bifurca mi boca.

Así, las cosas que me alcanzan me perforan, suicidas,

me abren tajos de luz a mitad de los pechos.

¿Qué me alcanzará mañana?

¿Cuál será la estrategia de su golpe?

Quizá tú

con la fiel imprudencia del amante,

del lobo avorazado por la noche.

Quizá tú vengas,

tan dispuesto a proponer la guerra

de una vez ahora,

cuchillo silbando en cada mano,

la boca transgresiva,

el pecho abierto en aguas.

Quizá seas tú esa última lanza que me mate.

Tal vez cambies un trozo de mi vida

y lo apuestes a un juego de huracanes.

Quizá tú seas

la señal de un sitio oscuro

donde un golpe rompe lo que amo,

donde cada cosa muere

y se hace redondez y cercanía.

Cuando yo te intuyo plegado a mi memoria

ahuecando mi carne con tus ojos:

brazo más que tiempo,

hueso destellante e invasivo.

Quizá seas tú

ese primer ojo que me miró de cerca,

el labio del que nació mi boca,

la casa anochecida

donde cada cosa se anuda finalmente a su sombra.

O quizá sea yo

la última pregunta que persiste

sonámbula entre todos mis poemas.

 

Que no se vea mi deseo

Que no se vea mi deseo,

el hilillo de sangre que se teje en su sombra,

su maleficio rojo como el olor del vino.

Que solo sea una espina apuñalando el aire

o un chasquido de niños abrazando la lluvia.

Que nadie sepa que este aullido es mi cuerpo

donde la tierra se humedece

abierta en sus dos bocas vigilantes.

No.  Que no se vea mi deseo,

mi fantasma que canta,

el sudor que desciende del verbo a la caricia,

la huella que se inunda con mi nombre

y así me rompe el cuerpo,

lo cabalga de noche,

dejando ahí la causa de todo lo que gira:

tatuaje indescifrable cortando tu mirada.

Desmemorias

Recuperar la memoria no es fácil.

Trivial y cotidiana como el tiempo.

Esos retratos lentos que gotean tan detrás de los ojos

que los nombres no se ven

o nunca llegan a calzar en la boca.

Recordarte no es fácil.

Retenerte en mi tacto antes de caer al suelo

y los golpes retumben como piedras

a lo largo y ancho de mi cuerpo.

Cuando empiece el olvido

a preguntar por mí,

por mi nombre y mi deseo.


Publicado en el libro: “La lucidez del Cuerpo”
Ediciones Perro Azul, San José, Costa Rica, 2008.

Jeanette Amit

Por Jeanette Amit

Es psicóloga, escritora y máster en Literatura Latinoamericana, doctora en Estudios de la sociedad y la cultura. Autora de: "Testigos del vértigo", "La Lucidez del Cuerpo", "Lenguaje y Realidad Social", "La metapoesía en Octavio Paz: trabajo de escritura y psiquismo creador (Estudios)", "Asedio de la luz : lo único real es el deseo", entre otras obras.