Jennifer Méndez: Ojalá el mundo fuera…

En un mundo donde las mujeres son marginadas y discriminadas, la sororidad es una herramienta poderosa para luchar contra la opresión y construir una comunidad más justa, unida y empática.

 Jennifer Méndez Solano, Periodista.

En el colegio, la fiesta, la universidad, donde fuera, siempre se escucha la repetida incógnita, aunque sin demasiado afán de obtener respuesta, ¿por qué las mujeres siempre van juntas al baño?

El mundo entero ha dejado esa duda prácticamente resuelta, la respuesta es abrumadora y cruel, en un trayecto por más corto que sea, cualquier cosa podría pasarle a una mujer, basta con ver las noticias para tener los pelos de punta. En Costa Rica, según la Encuesta Nacional de Seguridad Ciudadana (ENSCR), 2022, las mujeres (72,7%) perciben con mayor intensidad que los hombres (57,6%) la posibilidad de ser víctima de un delito.

El informe de ONU Mujeres, publicado en noviembre 2021, confirmó que luego de la pandemia, la violencia contra la mujer había aumentado. “El 40 % de las encuestadas afirma que, desde el inicio del COVID-19, se sienten menos seguras caminando solas por la noche. Cerca de tres de cada cinco mujeres también piensan que el acoso sexual en espacios públicos ha empeorado durante la pandemia del COVID-19”.

La sola idea de recorrer algunos pasos podría convertirse en un momento de angustia y ansiedad para cualquier niña, adolescente o adulta. Por ello, las mujeres se sienten más seguras y protegidas al ir acompañadas, pues al menos se abre la posibilidad de que el acoso, o cualquier situación de riesgo, disminuya cuando hay más personas presentes.

Pero una vez cruzada la puerta de ese baño, muchas cosas podrían cambiar, como todo con excepciones. Pero con éxito, el espacio sea gigante o demasiado pequeño, está envuelto de un aire más seguro, más tranquilo, con menos o nulas miradas acosadoras, silbidos, gritos o palabras no deseadas. Lo que si se encuentra en menor o mayor cantidad son manos amigas, la que no falla es esa que se concede a sí misma la misión de permanecer en la puerta, casi como una escolta, vigila el ambiente, tal cual lo hace en cada sitio, solo en caso de que algo llegue a suceder.

Pocas o ningunas serán las mujeres que se han negado a ayudar a otra en un baño, sea conocida o totalmente desconocida, no importa qué tipo de ayuda sea, dar una toalla, abrochar su vestido, dar un consejo en un momento de crisis, adular el maquillaje de horas que a veces esconde más de un problema, o simplemente sonreír.

Y si, eso tiene una palabra, sororidad, que, aunque puede parecer nueva, se practica desde el siglo XIX, gracias al movimiento feminista. En un mundo donde las mujeres son marginadas y discriminadas, la sororidad es una herramienta poderosa para luchar contra la opresión y construir una comunidad más justa, unida y empática.

Ojalá el mundo empiece a sentirse cada vez más como ese sanitario de mujeres, donde toda la sociedad entienda que el acoso, la discriminación, y la violencia de género no es ni será nunca una opción. Un mundo donde siga floreciendo, independientemente del lugar y la situación, el apoyo mutuo y la solidaridad entre mujeres.

 

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