Jiddu Rojas Jiménez: Muerte física de José Martí y vigencia del pensamiento Martiano. ¿Pero por qué insistir Martí?

Edición especial - José Martí

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Jiddu Rojas Jiménez.

(Publicado en Facebook el 19 de mayo del 2020)

El 19 de Mayo, y se conmemora la caída en combate contra las tropas coloniales españolas de José Martí, M:.M:., en 1895 en Cuba, más allá de nuestros afectos personales, o del justo y merecido Panteón nostálgico, hay temas que recordar y reflexionar.

Martí (1853-1895), robusto intelectual, adelantado antimperialista, literato, poeta modernista, periodista, abogado, filósofo, Masón y Librepensador, y líder revolucionario cubano, igual que otros próceres independentistas latinoamericanos, -pero mucho más que otros por su lugar diacrónico tardío en nuestra historia a finales del siglo XIX-, es parte no sólo del imaginario de liberación de un América Latina, Nuestra América (su concepto/Idea Reguladora), que la piensa, la imagina, que la desea, y que lucha porque sea más soberana, realmente democrática, más libre, más igualitaria y con justicia social.

Ángel de la Guardia acompañó a Martí en el momento final. Foto: Archivo.

El Nacionalismo de Martí es Demócrata (porque evoluciona del Liberalismo nacionalista al Radicalismo democrático y republicano), es Popular (en el sentido de Pueblo Político de Helio Gallardo), y es Antimperialista, porque las condiciones capitalistas de las potencias colonialistas o expansionistas enfrentadas geopolíticamente, España y EE.UU., lo permiten. Ni Marx ni Bakunin ni las luchas obreras y socialistas de los países centrales e industrializados, le son ajenas. Está exiliado en Nueva York, en las «Fauces del Monstruo» (sic).

El Expansionismo Norteamericano evoluciona a su primera fase imperialista. Y el Colonialismo español, a veces retardatario y pre-moderno, ha evolucionado a un conato de Imperialismo o Sub-imperialismo.

Mientras, la heroica lucha de los «Mambises» cubanos desde 1868, adquiere un matiz claramente anti-esclavista, popular y clasista, además de patriota.

Martí, su discurso y proyecto nacional inclusivo, llevan ventaja histórica, y encuentran vigencia, debido a su contexto histórico de transición, frente a los aportes y discursos de otros grandes próceres latinoamericanos. Lo universal y lo particular se articulan en el discurso político y filosófico de Martí.

Lo nuevo, la mutación, la «anomalía» (Negri), se articula desde nuestras raíces no europeas, sino indígenas, africanas, mestizas, mulatas; idea radical que inicia una nueva mirada discursiva no eurocéntrica.

Martí es un pionero del Latinoamericanismo. Martí no es la «Patria del Criollo» (recordando al maestro guatemalteco Severo Martínez).

Martí a pesar de sus textos ilustrados y cosmopolitas, y de un uso y abuso de un lenguaje culteranista, excesivamente barroco, propio de la corriente literario Modernista en voga, nos habla desde un pluralismo identitario relacional, o sea desde la construcción de identidad política popular.

Martí hijo de Españoles pobres (de Madre de Canarias), trabajadores pero honorables, construye su identidad, es cubanísimo, y desde los 16 años, prueba la tortura, la prisión y los trabajos forzados españoles.

Su posterior pensamiento y tenacidad política, su coherencia humanista, y su trabajo conspirativo junto a su Partido Revolucionario Cubano (y de Puerto Rico) , y al Gran Oriente de Cuba y las Antillas (G:.O:.C:.A:.), es también fruto de varias heroicas derrotas (1868-1878), La «Guerra Chiquita» (1879-1880), y de la Expedición del Honor en 1895, que zarpa desde Puerto Limón, Costa Rica junto a Flor Crombet y Antonio Maceo (no en vano estuvo en 1893 y 1894 en Costa Rica).

El historiador y compañero Rodrigo Quesada Monge, lo expone con más detalle historiográfico en su texto «El Legado de la guerra hispano-antillana-norteamericana» (EUNED, 2001), que se libra desde Cuba, Puerto Rico, Guam, y Filipinas. Una primera pequeña gran guerra global, a finales del siglo XIX (1898).

Muerto Martí, su proyecto es traicionado por la oligarquía anexionista criolla cubana, por la clausura del Partido Revolucionario de Cuba y de Puerto Rico, es traicionado por la total ocupación Norteamericana (1899-1902), por el Presidente Tomás Estrada Palma, por los grandes latifundistas agro-exportadores, por la aceptación de la vergonzosa Enmienda Platt que legitima la ocupación Norteamericana y la eleva a rango constitucional hasta 1934, por la Anexión colonial e ilegal de Puerto Rico y el exilio de sus Independentistas, por la masacre de Independentistas (los «Katipunan») y civiles filipinos/as, y la ocupación de Guam, por tropas de la nueva potencia emergente (EE.UU.).

Hechos consolidados para entonces, el matonismo del Imperialismo Norteamericano, ha nacido. Y ha nacido hijo bastardo, pero diferenciado, del Expansionismo del Destino Manifiesto, de la Guerra de rapiña texana de 1836, o la de México en 1845, o de la derrota de sus Filibusteros en 1856/1857 frente a tropas costarricenses y centroamericanas.

Ha nacido con vocación de ultramar.

El Canal de Panamá, y la creación de la República de Panamá (1903), separada de Colombia, aprovechando las intrigas internas, y los justos localismos del Istmo, el abuso del centralismo conservador colombiano, y su reconocida autonomía federal, termina de perfilar y apoyar la vocación imperialista norteamericana, con la ocupación de la Zona del Canal.

El Caribe, hasta la fecha, -lo confirma su geopolítica actual con Cuba o Venezuela-, es su «Mare Nostrum», y al interno degenerá en la transformación de una república democrática hija de la Revolución de 1776, hacia un Imperio. El siglo XX será su siglo a pesar de la URSS y su campo socialista, como curiosamente, lo será de la decadencia de varios países del sur de Europa, como antiguas potencias.

De todos estos escenarios latinoamericanos y mundiales, Martí fallecido en 1895, fue un profeta laico y lúcido, y es nuestra opinión, que con plena vigencia, para entender los retos de los Estados nacionales latinoamericanos y caribeños, en este convulso Siglo XXI de Pandemias globales, que extraña más y mejor Estado Social de Derecho.

En conclusión, bien harían políticamente, los proyectos populares latinoamericanos, en no «regalar» (a la derecha populista o fundamentalista), sino, en disputar, re-apropiarse y resemantizar, la hermeneútica de las nacionalidades y de lo nacional-inclusivo, de la Patria inclusiva, de la «Matria», como lo enseñó y practicó Martí. Lección no totalmente asimilada, y que desgraciadamente refuerza la falta de originalidad de ciertas voces trasnochadas, hechas como adrede, para equivocarse.

Les queda abajo, adjunto, un lindo artículo en Cuba/Debate, histórico-testimonial, de difusión cultural, sobre la muerte del prócer cubano y «nuestroamericano», José Julián Martí Pérez, en combate (1895).

Gracias, autor Mag. Jiddu Rojas.

Como todo acontecimiento importante, la muerte del Apóstol está rodeada de mitos y manipulaciones. Una figura esencial de aquel momento fue Ángel de la Guardia, el único soldado cubano que presenció el momento final. ¿Quién fue? ¿Por qué cargó junto a Martí el 19 de mayo de 1895? Cuba Debate.

 

 

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