Joaquín Alberto Fernández Alfaro, Genealogista, historiador e investigador.

Carmen Naranjo Coto fue una de esas figuras excepcionales que dedicaron su talento, inteligencia y energía al desarrollo de Costa Rica. Escritora, embajadora y servidora pública, su nombre permanece ligado a algunas de las iniciativas sociales y culturales más importantes del país durante la segunda mitad del siglo XX.

Nació en Cartago el 30 de enero de 1928, hija de don Sebastián Naranjo Prida, de origen español, y de doña Caridad Coto Troyo. Falleció en su residencia de Tambor de Alajuela el 4 de enero de 2012.

Carmen Naranjo Coto – 1928-2012

Realizó sus estudios secundarios en el Colegio Superior de Señoritas y posteriormente ingresó a la Facultad de Ciencias y Letras de la Universidad de Costa Rica, donde obtuvo el título de Licenciada en Filología. Más adelante realizó estudios de posgrado en la Universidad Autónoma de México y en The School of Letters de la Universidad de Iowa, en los Estados Unidos.

Mis recuerdos de Carmen se remontan a la época en que trabajó junto a mi padre en el Departamento de la Habitación de la Caja Costarricense de Seguro Social y posteriormente en el Instituto Costarricense de Electricidad. Tenía una mirada penetrante, un semblante siempre jovial, una inteligencia vivaz y un carisma natural que atraía a quienes la rodeaban.

Muy joven inició labores administrativas en la Caja Costarricense de Seguro Social. Entre 1950 y 1954 trabajó en el Departamento de la Habitación, participando en el grupo que ideó y elaboró la legislación que dio origen al Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo.

Posteriormente viajó a Caracas, donde colaboró en un programa de las Naciones Unidas. A su regreso a Costa Rica, en 1955, ingresó al Instituto Costarricense de Electricidad, donde desempeñó importantes funciones administrativas. En 1965 regresó a la Caja, institución en la que ocupó los cargos de Secretaria General, Secretaria de la Junta Directiva y Subgerenta Administrativa.

En 1971 fue nombrada Embajadora de Costa Rica en Israel, cargo que desempeñó hasta 1974. Ese mismo año asumió como Ministra de Cultura, Juventud y Deportes, función que ejerció hasta 1976. También colaboró como experta para las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos, así como en el Instituto Centroamericano de Administración Pública y UNICEF.

Paralelamente, Carmen destacó en el campo de las letras, ámbito en el que alcanzó reconocimiento nacional e internacional. Fue cercana a figuras como Lilia Ramos, Julieta Pinto, Karen Olsen Beck de Figueres y Alfonso Chase, formando parte de una generación que enriqueció profundamente la vida cultural costarricense.

Novelista, cuentista y ensayista, es considerada una de las escritoras más importantes de Costa Rica y una de las voces más destacadas de la literatura latinoamericana contemporánea. Su obra incorporó con fuerza el espacio urbano a la narrativa nacional y retrató la realidad de la clase media costarricense, así como los valores y contradicciones de su tiempo.

Su trayectoria literaria fue reconocida con el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en novela en 1966, 1971 y 1987; el Premio Editorial Costa Rica en 1973 y el Premio Magón en 1986, la máxima distinción cultural del país. En 1977 recibió de España la Orden de Alfonso X el Sabio y, desde 1988, integró la Academia Costarricense de la Lengua.

Entre sus obras más conocidas destacan Los perros no ladraron, Memorias de un hombre palabra, Camino al mediodía, Hoy es un largo día, Diario de una multitud, Mi guerrilla, Nunca hubo alguna vez y Cinco temas en busca de un pensador, entre muchas otras.

Escuchar a Carmen era descubrir a una mujer excepcional, de vasta cultura, pensamiento sereno y profundo amor por Costa Rica.

Su legado trasciende los cargos que ocupó y las responsabilidades que asumió. Permanece vivo en las instituciones que ayudó a construir, en su extraordinaria obra literaria y en el ejemplo de una ciudadana comprometida con el servicio público, la cultura y el desarrollo de su país.