Joaquín Lizano Gutiérrez, un patriarca herediano en la Costa Rica del siglo XIX

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Emilio Gerardo Obando Cairol, Genealogista.

En ausencia de partidos políticos, con estructura y organización permanentes, Costa Rica descansó, en la segunda mitad del siglo XIX, en gobernantes que ejercieron la primera magistratura del país, amparados en su liderazgo, carisma y conocimientos en el sector público, apoyados por personas que sirvieron como ministros de gobierno, gobernadores de provincia, o bien en otros cargos de nombramiento del presidente de la República, quienes, en su mayoría, actuaron con patriotismo, lealtad y principios éticos y morales.

Tales funcionarios podrían ser catalogados como de segunda línea y sobre ellos hay escasa información, o bien ésta se halla dispersa en documentos que, con el paso del tiempo, ya casi nadie consulta. Sin embargo, muchos de ellos contribuyeron con sus conocimientos y formación cultural y política al desarrollo de una nación que, por lo general, había postergado sus decisiones relevantes en espera de que se aclararan los nublados del día.

Joaquín Lizano Gutiérrez fue uno de ellos. Ministro de gobierno en las administraciones de Bruno Carranza Ramírez, Tomás Guardia Gutiérrez, Vicente Herrera Zeledón, Bernardo Soto Alfaro y José J. Rodríguez Zeledón, a la vez que fungió como miembro del Poder Legislativo, en condición de diputado y senador en los períodos 1860-1862, 1862-1863, 1866-1868, y en 1890-1892 y 1894-1895. en la cuarta Asamblea Constituyente de Costa Rica de 1859; en la Asamblea Constituyente de 1869; en la Asamblea Constituyente de 1880. Además, fue Regidor por Puntarenas en 1858 y Gobernador de Heredia del 8 de agosto a diciembre de 1867.

De allí que el Lic. Cleto González Víquez escribiera sobre don Joaquín lo que sigue:

“A don Joaquín Lizano le debe Heredia mucho de su adelanto material y cultural, por la labor intensa que desplegó en favor de su riqueza y adelanto, con desinterés y entusiasmo no sobrepujados antes ni después; y al poner a esa escuela, cuya construcción dirigió, su nombre venerado, no hizo Heredia sino demostrar el alto aprecio que le merecían sus servicios y presentar su prócera figura a las generaciones venideras para recuerdo y para estímulo de las virtudes cívicas.”

Joaquín de Jesús Lizano Gutiérrez nació y fue bautizado por el presbítero José María Porras en la iglesia parroquial de Heredia el 4 de abril de 1824. Fue el tercer hijo de José Dámaso Lizano Avendaño y Dámasa Gutiérrez Flores.

Heredia, ciudad en la que nació don Joaquín, tuvo sus inicios en 1706 en el paraje llamado Lagunilla o El Barreal. En 1712 se crea una ayuda de parroquia, a la cual se denominaba Nuestra Señora de la Concepción. En 1717 ya se hace mención de la nueva población de Cubujuquí. Aunque todavía no tenía el título de villa, dicha población asumió ese calificativo a partir de 1722. Fue hasta el 1° de junio de 1763 que el Capitán General, Gobernador y presidente de la Audiencia de Guatemala don Alonso Fernández de Heredia le concedió el título de Villa de la Inmaculada Concepción de Cubujuquí, al que los vecinos le agregaron “de Heredia” en honor a don Alonso. Sentado éste en sus posesiones, muy poco fue lo que hizo por las tierras que gobernaba. Vanidoso y altanero, manejábase como si su poder no reconociera límites ni cortapisas y no soportaba observación alguna, por razonable que fuese. El título de villa le fue revocado en 1780, y no fue sino hasta 1813, por instancia del Pbro. Florencio Castillo ante las Cortes de Cádiz, que volvió a otorgársele tal distinción. El 10 de noviembre de 1824, el primer Jefe de Estado Juan Mora Fernández le confirió el título de ciudad.

De los hermanos de Joaquín alcanzó reconocimiento político Saturnino, quien nació en Esparza el 29 de noviembre de 1826, que, además de ser Gobernador de Puntarenas en cuatro oportunidades, ocupó la secretaría de varias de carteras de Gobierno, en el período de 1876 a 1882, siendo llamado por el benemérito, general y presidente Tomás Guardia Gutiérrez a ejercer la presidencia interinamente desde el 17 de junio de 1882, para llegar a ser, a partir del 6 de julio siguiente, fecha de la muerte de Guardia, presidente en ejercicio de Costa Rica, hasta el 10 de agosto de 1882.

Joaquín y sus hermanos Enrique, Saturnino y Nicolás, quedan huérfanos a muy corta edad. Del primero se hace cargo su padrino el Presbítero don Manuel Gutiérrez Flores, quien se encargó de suministrarle alimentación, vestido y educación. El cura Gutiérrez, entonces residente en Esparza, era primo doble de Dámasa, la madre de Joaquín, pues aquella era hija de Anselmo Gutiérrez Ruiz y Manuela Gertrudis Flores Porras, mientras que Manuel era hijo de Eusebio Gutiérrez Ruiz y de Ana María Flores Porras.

Menciona Luis Felipe González Flores que Lizano Gutiérrez era muy aficionado a la lectura, actitud que le fue otorgando conocimientos mejores en los campos de su interés. Es muy probable que la relación de Joaquín con su padrino, el padre Gutiérrez, le permitiera adentrarse y conocer los entretelones de la actividad cafetalera.

Aunque su dedicación a la agricultura y al comercio le fueron proporcionando a Joaquín una posición estable, fue su participación en el ámbito público gubernamental la que, como veremos después, le otorgó una imagen de hombre progresista, enmarcado, quizá, en un concepto liberal-patriarcal, pues, aunque inclinado al progreso y al orden, entendido el primero como crecimiento económico y modernización, y el orden como la fijación de las condiciones de tranquilidad en las cuales debía encontrarse el pueblo para permitir la proyección del progreso sin pausa, Joaquín siguió siendo un patriarca, bonachón, sencillo y paternalista.

Empresario de prestigio y filántropo admirable, don Joaquín se distinguió como hombre honesto en sus actividades privadas y públicas, ganando el respeto y aprecio de sus conciudadanos, hasta alcanzar el máximo cargo en el ámbito político, al ejercer temporalmente la Presidencia de la República, del 28 de mayo de 1875 al 4 de noviembre de 1875.

Casa Joaquín en Heredia el 9 de julio de 1859 con Matilde Ulloa Solares, hija de Nicolás Ulloa y Florencia Solares, miembros de dos de las familias más acaudaladas e importantes de Heredia. Nicolás inició estudios sacerdotales en León, Nicaragua, pero no llegó a ordenarse. Posteriormente se dedicó al comercio, la minería y la agricultura. Fue un activo hombre de empresa y llegó a ser uno de los principales cafetaleros y comerciantes de Costa Rica. Fue Diputado por Heredia de 1832 a 1834. Fue candidato a la Jefatura del Estado en 1833, con el apoyo de grupos conservadores de Cartago y Heredia. Presidió la Asamblea Legislativa de 1833 a 1834. Aunque fue nombrado Jefe de Estado el 6 de marzo de 1835, optó por renunciar a este alto cargo. Sin embargo, asumió el rol de dictador, por los rebeldes, en la Guerra de la Liga, del 18 al 28 de octubre de 1835.

Florencia, a su vez, era hija de Pedro Antonio Solares y Berros, inmigrante español, quien alcanzó una sólida posición económica y se le recuerda en Heredia por haber donado dos campanas a la iglesia de la Inmaculada Concepción en 1802.

De las actuaciones políticas de don Joaquín, resaltan las de Secretario de Estado en las Carteras de Hacienda y Comercio, en las que fue nombrado por el presidente provisorio don Bruno Carranza el 16 de agosto de 1870, donde tuvo una colaboración muy eficaz en el sentido de aplacar los odios y venganzas que se habían suscitado contra la persona de don Jesús Jiménez, gobernante derrocado por Guardia, a quien el 10 de octubre de 1870, ´éste le expide amplia y general amnistía en favor de su persona y de sus bienes.

Como Secretario de Hacienda y Comercio, nombrado como tal, a partir del 11 de julio de 1874, en la primera administración del general Tomás Guardia Gutiérrez, don Joaquín pone el dedo en la llaga con respecto al engaño e injusticia que significaron para el país los empréstitos ingleses contratados por el Gobierno para la obra del Ferrocarril al Atlántico, al manifestar que si en la mente del Gobierno no tuvo cabida entonces la idea de concluir el Ferrocarril con sus propios recursos, tampoco la tuvo de hacer frente con  los mismos créditos o empréstitos al pago de intereses y fondo de amortización. Bien añadió, con su alto patriotismo, que el Gobierno costarricense que obra con la buena fe que ha presidido todas las obligaciones nacionales, no pudo concebir que fuese correspondido con deslealtad y mucho menos que operaciones ajenas al buen nombre que debe caracterizar las casas bancarias de un país [Inglaterra] en que la buena fe y el honor son en lo general calidades características, viniese a destruir sus esperanzas y a poner en tela de juicio el crédito y la honra que han sido proverbiales en esta República.

Pasado el régimen de Guardia siguió prestando grandes servicios a la comunidad, habiendo rehusado hacerse cargo del poder en los últimos días de la administración de don Tomás Guardia, diciendo que solo volvería a la presidencia por elección de los pueblos. Fue designado en su lugar su hermano don Saturnino Lizano.

Al constituirse en presidente de la República, el Lic, José J. Rodríguez nombra el 8 de mayo de 1890 a don Joaquín Lizano Ministro de Gobernación, Policía y Fomento. Su participación en esta administración fue la más exitosa de todas como Ministro de Gobierno. Le correspondió suscribir varios contratos de suma importancia para el desarrollo socio-económico de Costa Rica, así como concretar otros proyectos de interés nacional.

En 1882, el gobierno del presidente Próspero Fernández Oreamuno entró en moratoria de pagos con Keith y con entidades bancarias inglesas, por lo que dicho empresario, por medio de la Costa Rica Railway Company Ltd., tuvo que hacerse cargo de la negociación para el financiamiento de las obras del ferrocarril, a cambio de lo cual Costa Rica otorgó en concesión a la citada compañía territorios con un área de 8 000 000 acres (3 200 km²) de tierras baldías, libres de impuestos, en el Atlántico y otros puntos del país, así como dos parcelas en Limón y el arrendamiento del ferrocarril mismo, por un plazo de 99 años para su correspondiente operación.

Este acuerdo, conocido como el contrato Soto-Keith se firmó el 21 de abril de 1884, entre Keith y el ministro Bernardo Soto Alfaro, quien sería después Presidente de Costa Rica a la muerte del mandatario Fernández Oreamuno. La Costa Rica Railway Company Ltd. contrata, a su vez, con Minor C. Keith para que asuma la construcción de las últimas cincuenta millas de línea férrea, con lo que se daría conclusión a la obra. El hecho más relevante del cuatrienio 1890-1894 fue la conclusión de las obras del ferrocarril al Atlántico, tarea iniciada desde la época del Presidente Guardia y culminada el 7 de diciembre de 1890 por el empresario norteamericano ya citado.

El Congreso Constitucional de la República, por decreto No. LXXIV de 21 de diciembre de 1891, otorgó su aprobación al contrato No. VIII de 13 de mayo de 1891, suscrito entre Joaquín Lizano, secretario de Fomento y el señor Antonio Maceo Grajales, natural de Santiago de Cuba, por el cual Maceo se comprometió a hacer llegar a Costa Rica cien familias agricultoras cubanas, que se establezcan en una colonia en Nicoya, Guanacaste y se dediquen al cultivo del tabaco, caña de azúcar, cacao, algodón y café. En un período de dieciocho meses deberán haberse establecido veinticinco familias y las restantes setenta y cinco en los restantes años. El Gobierno destinará diez mil hectáreas para uso de la colonia.

Costa Rica obtuvo importantes beneficios derivados de la presencia de las familias cubanas en su territorio. Entre otros logros, se puede citar el impulso que recibió el cultivo e industrialización de la caña de azúcar, proceso en el cual los cubanos aportaron sus conocimientos técnicos y experiencia en la materia, además del enriquecimiento cultural y demográfico.

Don Joaquín era hombre de gran generosidad en lo que concernía a obras de caridad. Cuando fue ministro de gobierno, sus sueldos fueron destinados a las casas de beneficencia de Heredia; cuando ocupó la presidencia de la República, los entregó para la construcción de la catedral de San José.

Sabia actitud de un hombre que supo en su propia existencia lo que fue tener necesidades y enfrentar la dura adversidad, para alcanzar después el aprecio y reconocimiento de sus coterráneos, por ser colaborador y maestro, mentor y filántropo de quienes intentaban superarse y aportar luego sus conocimientos y esfuerzos en bien del país.

Murió don Joaquín en la ciudad de Heredia a las dos de la tarde del 28 de mayo de 1901. Hombre probo, intachable en sus actividades privadas y públicas, ganó el respeto y aprecio de sus conciudadanos, pues de un niño descalzo y huérfano, de un sacristán olvidado, surgió el patriarca distinguido que alcanzó el máximo cargo en el ámbito político, al ejercer temporalmente la Presidencia de la República.

Más detalles de la vida y obra de Joaquín Lizano Gutiérrez pueden ser observados en el ensayo de mi autoría disponible en Genearcas,

 

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