Jonathan Masís Solís: Autónomas, letales e inteligentes

El elemento central al crear máquinas inteligentes es relacionar conocimiento con conducta. Es vital prever, predecir y controlar la forma en que el agente obtiene datos del exterior, los razona mediante postulados que confirman o rechazan las observaciones que va realizando.

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Jonathan Masís Solís. Abogado

La inteligencia artificial (AI por sus siglas en inglés), llegó a las mejores y más productivas áreas del quehacer humano. El panorama está en nuestras manos, o la AI nos potencia las mejores capacidades humanas, constituye solo un eslabón de una escalerilla evolutiva de la humanidad. Hoy es resulta esencial que los involucrados, desde los reguladores mediante aspectos técnicos hasta los tomadores de decisiones político-jurídicas, puedan hacer frente a esa potente herramientas. Veamos por qué.

Siempre me han inquietado las mil posibilidades sobre cómo puede la máquina entender las indicaciones y los comandos que reciba mediante el lenguaje (códigos escritos) a ellos incorporados desde su constitución hasta su fase de ejecución. De esto se encargan las ramas denominadas lingüística computacional y procesamiento del lenguaje natural. Así es como partiendo de los conocimientos y la experiencia humana, sabemos que aún hablando un mismo idioma (entre seres humanos pensantes) puede haber equívocos verbales, incomprensiones de contexto y de la semántica. Representa un arduo trabajo que deben realizar los programadores para que la representación de los conocimientos sea adecuados a la forma de razonar de la máquina.

Tal vez uno de los efectos más palpables de los actuales límites de la AI se pueden ver en la fabricación, programación y el uso de vehículos autónomos. Investigaciones al respecto señalan que en esta industria, los primeros resultados se obtuvieron ya desde la década de los años 80. Aunque es hasta 2005 que se constituye una exhibición de vehículos autónomos manejando por rutas sinuosas en el denominado 132-mile DARPA Grand Challenge. Por otra parte, refiriéndonos a armas de guerra, se registra el uso de agentes desde la década de los 90; en la ruta por la conquista del espacio; actualmente la NASA utiliza robots para explorar territorio de Marte de forma autónoma más allá de las indicaciones que por GPS puedan brindar.

La regulación que sobre las máquinas pensantes deben establecer quienes las fabrican, las programan y las dirigen deben ser hoy punto importante de discusión jurídica. Gestionar adecuadamente la AI, nos permitirá sacar el mejor partido de esta valiosa herramienta, y a su vez mantener el valor “seguridad jurídico”, uno de los rectores en un Estado de Derecho moderno.

Se califica de inteligentes a aquellas máquinas que pueden mantener la fidelidad a las órdenes, comandos y códigos dictados por los seres humanos. Dicho en términos jurídicos: son inteligentes las máquinas que actúan conforme a Derecho. Se alude así a cierta razonabilidad en las decisiones, tomando insumos del medio y desarrollando una conducta externa inteligente. Una verdadera máquina inteligente tendrá que regirse por las reglas del correcto entendimiento humano.

Como vemos, hace décadas aterrizaron en la autopista máquinas inteligentes y autónomas, que conducen vehículos capaces de rastrear objetivos bélicos mediante lectura de datos biométricos; o que nos atienden en una tienda de conveniencia. De seguido, surge la pregunta a responder: ¿es posible hoy fabricar maquinaria de inteligencia artificial que llegado determinado momento, mañana desatiendan los comandos, las finalidades y objetivos para las cuales fueron instituidas?

Los motivos por los cuales una máquina inteligente es diseñada pueden ser variopintos: servir tazas de café en un café-bar; conducir medios de transporte para humanos y mercancías, realizar clasificaciones de objetivos valiéndose de datos biométricos e indicaciones por GPS, etc. Otra pregunta tangencial que surge al analizar el tema es: ¿Al salirse de los comandos y objetivos diseñados, una máquina pensante podría infringir normas jurídicas? La respuesta a esta cuestión da pie para interesantes reflexiones. Baste por ahora decir que un robot podría incurrir en acciones antijurídicas, incluso catalogadas como delitos, de cuyas consecuencias punibles serían responsables sus creadores,  programadores y tomadores de políticas digitales.

El elemento central al crear máquinas inteligentes es relacionar conocimiento con conducta. Es vital prever, predecir y controlar la forma en que el agente obtiene datos del exterior, los razona mediante postulados que confirman o rechazan las observaciones que va realizando. La mente humana es una maravilla; emular esta característica a nivel de máquinas puede generar conflictos importantes con consecuencias de relevancia jurídica. La realidad funciona siempre multicausal y multifactorial, por lo cual habría múltiples formas posibles de resolver un mismo problema de la vida, ya los expertos informáticos se encargarán de implementar la lógica formal (lógica booleana), las nociones de utilidad, probabilidad y de estadísticas de ciencias auxiliares, para ofrecer modelos de agentes inteligentes.

En la actualidad, existe la tecnología suficiente para fabricar armas letales autónomas y esa circunstancia hace que se requiera la regulación por parte del ordenamiento normativo. A nivel del derecho internacional se han trazado líneas. En marzo de 2019, el director general de la Oficina de la ONU en Ginebra, Michael Müller, comunicó el criterio de António Guterrez al Grupo de Expertos Gubernamentales sobre las Tecnologías Emergentes en el Ámbito de los Sistemas de Armas Autónomas Letales: expresó su rotundo no, pues dijo que las armas autónomas son: “políticamente inadmisibles, moralmente reprobables y deberían estar prohibidas por el derecho internacional” (ver noticia en línea: https://news.un.org/es/story/2019/03/1453431).

Sabemos las potencialidades que tenemos entre manos cuando nos referimos a AI; nos valemos de las máquinas sirviéndonos tazas de café justo como las ordenemos, pero ¿podemos imaginar lo que harían dirigiendo un ejército?

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