Jonathan Masís Solís: El papel del Derecho

Podemos imaginar que según la actitud a que muevan al operador jurídico, las disposiciones normativas serán “Derecho de papel” (o de pixeles); o además cumplirán el papel del Derecho: cuando le damos vida jurídica con efectos  sobre las cosas.

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Jonathan Masís Solís. Abogado

En la jerga popular empleamos la expresión “el papel de” para referirnos a la función que cumple en determinado contexto alguna cosa (material o inmaterial) creada por seres humanos de carne y hueso.

Las ciencias duras como las matemáticas, la química, la biología, la astronomía, etc., cumplen el papel de explicarnos el mundo material y cósmico; el papel de la tecnología en buenas manos es simplificarnos la existencia, y además divertirnos. Por su parte, las humanidades nos contestan preguntas existenciales: ¿para qué fuimos puestos en este Planeta? ¿cuál es el sentido de nuestro presente? o vaticinar el futuro de la humanidad de continuar pensando que el Derecho es solo papel (disquisición aparte es discutir si “sirven” o no), pero es la función que cumplen. Así, las humanidades dan contenido al arte, a la música, a la cultura y a las expresiones espirituales que nos hacen persona.

Ahora bien, reflexión particular merece el Derecho. Podría parecer esto un juego de palabras, no es esa mi pretensión ahora, sirva de probanza decir que una cosa es reflexionar ¿cuál es el papel del Derecho? y otra muy distinta, absortos exclamar: ¡Es un Derecho de papel!

Vamos poco a poco. El papel del Derecho en el sentido de la expresión aludida en el primer párrafo es establecer un orden social; permitir que la convivencia entre seres humanos sea pacífica, digna y en alguna medida placentera, facultando para ello, medios coercitivos de ser  necesarios.

En términos prácticos, cuando una Declaración de Derechos Humanos indica: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, su función es fijar y resguardar un perímetro de soberanía personal infranqueable; además, permitir que un Tribunal constitucional, por ejemplo, declare legitimación activa al momento de interponer un Recurso de Habeas corpus o un Recurso de Amparo, contemplando dicha normativa internacional y que así le demos curso a la acción procesal. Por citar solo dos funciones.

También, en su vertiente histórica podemos argumentar que un día (por valiosas razones), un grupo de representantes de las naciones democráticas del Planeta llegaron al consenso de que la libertad humana, la igualdad y en general los Derechos Humanos son inalienables. De esta forma mi vivencia y convicción están respaldadas no solo por lo que considero dado por Derecho natural, decisión divina-celestial, o por la razón práctica que sea; sino porque además una norma positiva que está colocada en la pagina 1 del librillo de normas internacionales, donde estamparon la Declaración de Derechos Humanos, así lo establece. Ese es uno de los argumentos que podemos esgrimir para responder a la pregunta.

Ahora veamos la exclamación. Aunque lleva tiempo analizarla en forma integral, y el espacio es siempre limitado, diremos que ese precepto normativo así positivizado, también puede ser un “Derecho de papel” (la doctrina de Llewellyn se refiere a paper rules). Volviendo otra vez a la jerga común, el sentido de la expresión es claramente figurativo. La frase equivale a decir, el tal Derecho ese (consideran algunos) es letra sin vida, caracteres o pixeles que transmiten unos signos mas o menos comprensibles que significan algo impracticable. Son una cosa que funciona para que las imprentas vendan el librillo en las librerías, los profesores lo expliquen en las clases y los abogados defendamos clientes con base en ellas; todo lo cual está muy bien porque en gran medida ese es su papel, sin embargo, de no ser llevado a la práctica por parte de los operadores jurídicos correspondientes, las convenciones internacionales son un “Derecho de papel”. Y el papel sirve para muchas cosas, cuales más loables, sublimes y triviales algunas.

Anecdótica es la típica escena romántica de las películas de pasar un número telefónico anotado en una servilleta, y así conseguir una cita; o estampar la firma en un millonario cheque al portador y hacerse millonario; o de redactar un hábeas corpus, también en una servilleta y dejar sin efectos una medida jurídico-penal. Podemos imaginar que según la actitud a que muevan al operador jurídico, las disposiciones normativas serán “Derecho de papel” (o de pixeles); o además cumplirán el papel del Derecho: cuando le damos vida jurídica con efectos  sobre las cosas.

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