Jorge A. Rodríguez Soto: El café y Costa Rica: un producto que puede potenciar el desarrollo

En la producción de café cerca del 80% de la biomasa producida por la planta es desecho (cascaras y pulpa), mucho de esta biomasa residual se procesa como compostaje para hacer abonos.

Jorge A. Rodríguez Soto, Economista.

La historia del café en Costa Rica inicia a finales del siglo XVIII, en el valle central, de hecho, el primer cafetal estuvo en un cruce de la Avenida Central cerca de la Catedral Metropolitana. Desde sus comienzos, los gobiernos locales impulsaron su producción, y en los primeros años de la vida independiente del país, ya se apostaba por este producto para promover el desarrollo de la economía nacional. La exportación del café inicia desde 1832, y se consolida hacia mediados del siglo XIX, siendo el único producto de exportación de Costa Rica hasta 1890. Por aquel entonces grupos de emprendedores enviaban barcos con café hacia Europa, que luego regresaban con manufacturas. Así, por un período importante de la historia costarricense el café fue el motor del modelo desarrollo, a tal punto que los granos de oro están presentes en el escudo nacional.

Actualmente, el sector se ve fuertemente amenazado, por las condiciones climáticas del fenómeno del niño, que pueden disminuir la productividad de las plantas y favorecer la aparición plagas como la roya. Una segunda amenaza importante está en el tipo de cambio, el café ha sido un producto de exportación clave para el país, pero esto mismo se ha vuelto su vulnerabilidad en el contexto actual. En este momento, el dólar se deprecia con respecto al colón, por el contexto inflacionario internacional. Entonces, los productores que perciben ingresos en dólares reciben cada vez menos colones por los mismos dólares, mientras deben cubrir costos de producción que parecen variar poco.

Aunque en este momento, el café, tal vez, no ocupa un lugar tan prominente en el producto interno bruto; no debemos dejarnos engañar, pues, más allá de su impacto en las cuentas nacionales, sigue siendo un producto vital para el desarrollo de las comunidades y territorios. Al 2020, el 24,3% de las fincas en el país se dedicaban a la producción de café, siendo el segundo producto agropecuario que ocupa la mayor cantidad (la ganadería vacuna estaba primero con 28,5%). Además de ello, es importante añadir que los cantones rurales que presentan mejor desempeño en temas de desarrollo y pobreza multidimensional tienden a coincidir con la distribución de la producción de café (a excepción de los territorios colindantes con la frontera sur).

Figura 1. Mapa de producción del café en Costa Rica

Fuente: ICAFÉ.

 

Lo anterior sugiere que la producción de café posee impactos relevantes a nivel social y económico en los territorios rurales. En especial al considerar el gran número de iniciativas desde la cooperación y economía solidaria en el sector, que promueven una distribución más justa de los ingresos. Pero, aún más allá de los impactos socioeconómicos, la producción del café posee, también, impactos relevantes en materia de desarrollo sostenible. Aun siendo ecosistemas artificiales, ofrecen variedad de servicios ecosistémicos esenciales para el país y el equilibrio de las relaciones sociedad-ambiente. Particularmente, en materia de polinización y constituir corredores biológicos entre las diversas áreas protegidas del país.

Considerando todo lo anterior, es importante pensar en ventanas de oportunidad para este sector, pues no parece que los retos que enfrenta en materia de cambio climático y tipo de cambio vayan a solucionarse pronto. Un camino para generar ingresos adicionales está en la innovación, mediante iniciativas de bioeconomía y economía circular. En la producción de café cerca del 80% de la biomasa producida por la planta es desecho (cascaras y pulpa), mucho de esta biomasa residual se procesa como compostaje para hacer abonos. Si bien es cierto es una estrategia que permite mitigar el impacto ambiental de estos desechos y aumenta la circularidad de la producción, se trata de una iniciativa de muy bajo valor agregado, es el mínimo procesamiento que puede dársele para evitar la contaminación que provocaría su vertido.

Por otro lado, cooperativas, empresas e instituciones públicas, como las universidades estatales o LANOTEC, realizan esfuerzos importantes en investigación y desarrollo en temas asociados al aprovechamiento de los recursos biológicos. Algunas de estas investigaciones han llegado a productos novedosos y de alto valor agregado, por ejemplo, al desarrollo de biomateriales, emulsiones, harina de café, cerveza o destilados, métodos para producir energía, entre otros. Pese a estos desarrollos, parecen haber obstáculos, muchas veces se desarrollan productos, pero no se realizan estudios de viabilidad económica, ni se procede a otras etapas. Esto es lamentable, y parece común al sector agropecuario en Costa Rica, pues suelen realizarse pruebas y planes piloto para introducir innovaciones, pero suele haber poco apoyo al escalamiento. Así no se logra una verdadera innovación, en el sentido social y económico, que pueda realmente favorecer el mejor desarrollo del sector y los territorios que dependen de él.

Ante la crisis que enfrenta el sector cafetalero, y la falta de acciones gubernamentales, quizás sea un buen momento para explorar estas ventanas de oportunidad verdes. Pues su mayor reto histórico, la enorme cantidad de biomasa residual, podría convertirse en una fuente de ingresos adicional relevante. Además, el momento histórico parece sugerir acciones en esta línea, pues se vive un paradigma tecno-económico que favorece las iniciativas de alto valor agregado y ambientalmente sostenibles, caracterizadas por acciones en tema de bioeconomía y economía digital. Por otro lado, el gobierno también debería reconsiderar sus posiciones, ya que no se trata solo de números en cuentas nacionales, sino de desarrollo territorial, estilos de vida y relaciones sociales, no es tan fácil como cambiar de actividad.


Jorge A. Rodríguez Soto. Economista graduado de la Universidad Nacional en 2020, actualmente investigador académico y escritor independiente; y estudiante del MS.c en política económica del Centro Internacional de Política Económica.
E-mail: jorgeandresrodriguezsoto@gmail.com

 

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