Jorge Castro Martínez: Alternativas para el desarrollo sostenible en Costa Rica

Con el COVID 19 la situación social y productiva del país empeorara aún más, se reduce la perspectiva a decrecimiento económico de -3,6; se espera incremente el déficit fiscal entre 8 y 10%; así como un endeudamiento del sector público hasta de un 70%.

0

Jorge Castro Martínez.

Nuestro país se destaca en el mundo por disponer de una democracia consolidada, mantener estabilidad  política, una esperanza de vida similar a la de los países desarrollados y alta inversión en seguridad social, que la  posiciona en un alto nivel de Desarrollo Humano. Además se distingue por aprovechar la matriz energética renovable y de tener grandes bondades en biodiversidad y protección ambiental.

Sin embargo, esa percepción es incompleta, si bien muchos de los indicadores de desarrollo social y humano nos ponen en condiciones ventajosas con respecto a otros países, prevalecen múltiples problemas en las dimensiones del desarrollo sostenible. A pesar de que se tiene una economía diversificada y abierta al entorno internacional existe bajo desarrollo productivo, constantemente presionamos por más y mejores servicios públicos y persiste la famosa triada de la pobreza, desempleo y desigualdad social.

La pobreza por línea de ingreso, ha sufrido un estancamiento con promedios cercanos al 20% en las últimas 3 décadas, alcanzando el 21% en el 2019, representando 336.895 familias en esta condición social y 5,8% en pobreza extrema.

El desempleo es otro problema de larga data, por más de una década se ha mantenido en dos dígitos, para el 2020 logra su máximo valor 12,5% representando 314.153 personas desempleadas, 38 mil más que el mismo período del 2019.  Además, se conjuga con la expansión de la informalidad 47,1% y la brecha de género con el 18% de desempleo.

La desigualdad por línea de ingreso se mantiene en el valor 0,51, no obstante, esta medición esta minimizada, puede agravarse si se valoran las disparidades territoriales, los grupos vulnerables o las dimensiones del desarrollo (salud, educación, empleo, vivienda, entre otros); sobre todo en quienes no pueden satisfacer necesidades básicas como lo son albergue y acceso a bienes y servicios básicos.

En el ámbito económico, el énfasis ha sido mantener inflación baja y estable y con el predominio de un crecimiento económico sostenido, pero bajo cercano al 3%, insuficiente para alcanzar el crecimiento potencial  de la economía y lograr una mejor distribución de la riqueza.

Otros problemas poco atendidos, refieren a la congestión vial, la expansión desordenada y desarticulada de los asentamientos residenciales y comerciales; la concentración y dependencia de bienes y servicios en la  Gran Área Metropolitana. Además, coexisten problemas de contaminación ambiental, bajo tratamiento de residuos sólidos y líquidos, inseguridad ciudadana, entre otros.

Como vemos las causas de los problemas que aquejan al país son complejos y diversos, son estructurales y no solo coyunturales. Con el COVID 19 la situación social y productiva del país empeorara aún más, se reduce la perspectiva a decrecimiento económico de -3,6; se espera incremente el déficit fiscal entre 8 y 10%; así como un endeudamiento del sector público hasta de un 70%.

Debemos buscar soluciones y respuestas novedosas, de carácter inclusivo, participativo, con conciencia crítica, sentido estratégico de manera que haya compromisos graduales y complementarios.  La pandemia aligera grandes cambios sociales, económicos, ambientales y tecnológicos, por tanto, el rumbo que tomemos depende de lo que hagamos en el presente.

Es el momento de contrarrestar la dualidad entre lo público y lo privado, es hora de abandonar connotaciones erróneas y despectivas, es hora de pensar en el tipo de sociedad que deseamos y de reflexionar como integramos, aún más estas dos caras de una misma moneda.

El sector público cumple un rol clave en nuestra sociedad, brinda protección social a los menos favorecidos, genera valor público al invertir en infraestructura educativa y salud, protege las reservas forestales, brinda seguridad pública y justicia social. Por su parte, el sector privado, es el principal responsable del crecimiento económico y la creación de empleo del país, maximiza sus utilidades, generar riqueza, productividad y competitividad.

Si bien existen diferencias en ambos sectores, en cuanto a la velocidad de respuesta, flexibilidad y apego o no al escrutinio público, mantienen un circulo virtuoso interdependiente, por ejemplo el sector privado, a través de su dinámica genera empleos, paga cargas impositivas y contribuye con el erario público; el sector público por su parte, distribuye recursos, forma capital humano, habilita infraestructura pública necesaria para el transporte de bienes y mercancías, que propician la atracción de inversión extranjera directa y la competitividad del país.

La desarticulación de estas dos partes, traería consigo un panorama desalentador para el desarrollo, por ejemplo ante un bajo nivel educativo, condiciones insalubres en la población, una baja inversión en infraestructura y un desequilibrio en el manejo de los recursos naturales; se reduciría el nivel de productividad nacional, afectaría el accionar del sector público como el privado; ensancharía  más las brechas entre las clases sociales e incrementaría círculos de violencia, rezago y pobreza, ante un entorno de cero oportunidades.

Ambos sectores se complementan, se necesitan uno al otro y hay oportunidades a futuro, desde mejorar la gestión de los servicios públicos o disminuir trámites y costos de producción que afectan principalmente al sector empresarial; es posible articular recursos financieros, humanos y capital físico; fomentar procesos de avance tecnológico, de investigación y de desarrollo; intercambiar experiencias en el manejo de información masiva. Esto mediante sinergias de ganar-ganar esperando contar con un sector público más funcional, con mayor legitimidad social y un sector privado más innovador, competitivo y transformador del desarrollo empresarial y nacional. Costa Rica es una economía pequeña, interconectada al entorno internacional y desde un panorama externo se le ve como uno solo.

Otras dualidades necesaria de atender son el predominio del valle centrismo y la dicotomía entre la economía de los regímenes especiales y definitivo, históricamente el desarrollo nacional se ha visto anclado en la GAM, con el predominio de políticas públicas y estrategias empresariales muy focalizadas que no transcienden a otros territorios; nos acostumbramos a hablar de promedios, de generalidades y a los planteamientos verticales y centralistas.

El desarrollo endógeno fuera de la GAM, ha sido olvidado, prevalecen altas tasas de desempleo, pobreza, grandes disparidades económicas, tecnológicas y sociales. Sin embargo, en estas regiones hay un sinnúmero de oportunidades para el desarrollo, pero es necesario considerar sus dinámicas productivas, identificar sus necesidades, limitaciones y potencialidades; así como dotarlos de las condiciones necesarias.

En estos territorios es posible aumentar el nivel de educación acorde con el mercado laboral; diversificar y aumentar los niveles de producción, comercialización y agro industrialización; establecer zonas francas industriales, tecnológicas y de servicios; incrementar la atracción de inversión extranjera directa y la innovación y el desarrollo; así mismo es posible generar encadenamientos productivos entre los sectores primario, secundario y terciario; además de facilitar incentivos al sector empresarial del régimen definitivo y fortalecer los sectores que componen el índice de actividad económica nacional, actualmente dispares en cuanto al alcance productivo, generación de riqueza y empleo.

Un ejemplo de cómo dinamizar esta economía territorial, podría ser con el impulso marítimo-portuaria en las zonas de Limón y Caldera, convirtiéndolos en polos de desarrollo. Así se podría estimular el comercio, el empleo, la producción y colocar a Costa Rica como un destino más competitivo para la inversión, comercialización y atracción turística. Nuestro país posee una posición geográfica estratégica en el continente, que le brinda ventajas comparativas y que le facilita conexión al comercio marítimo mundial y acceso hacia los principales mercados de EUA, Europa y Asia y no es aprovechada completamente.

Ante los estragos de la pandemia, la prioridad ha sido atender la salud pública, proteger a sectores más vulnerables, asistir a las personas afectadas por pérdida o reducción de su jornada laboral y salvaguardar los principales sectores económicos, por tanto, los recursos públicos disponibles y el capital de trabajo de muchos empresarios se ha limitado.

Es necesario apostarle a nuevos planteamientos, nuevos mercados y esquemas alternativos de financiamiento, como lo son alianzas público-privado, mecanismos de concesión, fideicomisos e inclusive potenciar el uso de fondos de inversión, instrumento financiero rentable con sentir colectivo y poco aprovechado para el desarrollo de nueva obra pública, desarrollo inmobiliario, corporativo y demás.

Costa Rica debe contrarrestar el predominio de las dualidades predominantes, mejorar la coordinación entre instancias públicas y privadas, concatenar esfuerzos ya existentes y romper el paradigma cortoplacista, para así alcanzar un verdadero desarrollo sostenible.

 


Jorge Castro Martínez.
Lic. en Planificación Económica y Social y Mag. en Evaluación de Programas y Proyectos de Desarrollo.

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...