Jorge Cornick: Los que no se vacunan

La primera de estas medidas distribuiría de manera más justa los costos de atender la pandemia, y la segunda distribuiría de manera más justa los riesgos creados por quienes no se vacunan.

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Jorge Cornick, Economista.
Las personas que deciden no vacunarse contra el Covid-19 suelen recurrir al falso argumento de que «es mi cuerpo, es mi decisión».
El argumento es falso porque con su decisión no ponen en peligro su salud y su vida, sino la de todas las personas con las que tienen contacto, y aún en la más liberal de las tradiciones, la libertad individual no incluye la libertad de causar daños a otros.
La pregunta práctica, sin embargo, es ¿qué hacer con estas personas? No entraré a discutir si el estado tiene el derecho, e incluso la obligación, de imponer la vacunación de manera obligatoria. Esa discusión sería ociosa, porque el estado no tienen ni la capacidad operativa ni la legitimidad ante la ciudadanía para imponerla. Pero esto no significa que no se pueda hacer nada.
En primer lugar, la CCSS podría imponer un sobrecargo en las cuotas del seguro de saludo para todas las personas que decidan no vacunarse, que estaría enteramente justificado porque estas personas imponen costos adicionales al sistema de salud pública.
En segundo lugar -y suponiendo que se pueda encontrar una manera eficiente de emitir certificados de vacunación- el estado podría imponer la obligación de presentar un certificado de vacunación para ingresar a toda oficina pública, y tal vez incluso para ingresar a todo espacio público (cines, restaurantes, bares, etc.)
La primera de estas medidas distribuiría de manera más justa los costos de atender la pandemia, y la segunda distribuiría de manera más justa los riesgos creados por quienes no se vacunan.
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