Jorge Guardia: Elecciones de medio período en USA (I)

El país seguirá tremendamente dividido en todos los sentidos antes mencionados, sobre todo ideológicamente.

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Jorge Guardia Quirós.

Marea Roja

En esta primera etapa, tanto las encuestas (incluido el promedio publicado por Real Clear Politics), como las opiniones de analistas, académicos, comentaristas y políticos de ambos partidos predecían un triunfo de los candidatos republicanos.  Sus argumentos eran los siguientes:

  • Los republicanos tomarán holgadamente el control de la Cámara Baja (al menos, 25 asientos)
  • El Senado estará muy reñido, pero con una ligera inclinación hacia los Republicanos.
  • En algunos Estados, los resultados se sabrán hasta el miércoles, o, incluso, podrían ir a desempate en diciembre.
  • No se descarta que el GOP pueda lograr una pequeña mayoría en el Senado (52-48), pero insuficiente para alcanzar mayoría calificada para aprobar temas álgidos como Impeachment o resellar leyes tributarias (reducción de impuestos; temas de salud o ecológicos).
  • Si los Republicanos controlaran ambas cámaras, podrán aprobar comisiones especiales para investigar anomalías en el Gobierno de Biden, como las supuestas acciones de Hunter Biden en Ucrania, Rusia o China, o exigir rendición de cuentas en temas controvertibles como los cierres durante la Pandemia, gastos, contrataciones cuestionables, desobediencia de las leyes de migración y demás.
  • Los republicanos se encuadraban a ganar varias gobernaciones y mayorías en congresos estatales.

¿Cuáles factores explicaban el ascenso republicano?

Nos dimos a la tarea de identificar los principales factores que explicaban esa percepción generalizada, bajo la premisa de muchos de ellos estarían presentes en la elección presidencial del 2024.

  • Varios eran los factores, bastante generalizados, aún en Estados típicamente demócratas (como Nueva York), aunque existía entre ellos un cierto orden de prioridades, señalados en diversas encuestas. Por eso, los analistas hablaban –y aún lo hacen- de cambios estructurales en la composición (disección) del electorado. Hay artículos muy ilustrativos en Real Clear Politics, Wall Stret Journal, Político, y videos en Fox News, CNN y otros medios, algunos de los cuales deben leerse con mucho tiento (como dirían los mejicanos) por sus conocidos sesgos partidarios.
  • Lo más relevante es que, en conjunto, han permitido construir una retórica conservadora uniforme y coherente, utilizada en todas las campañas estatales y distritales, bastante creíble según algunos analistas y que resuena entre los electores como una especie de leit motif. Al contrario de lo que sucedía en otras elecciones de medio período, donde se discutían temas de interés puramente local, en éstas se desplegaban unificadas. La retórica de los candidatos en New York (territorio tradicionalmente demócrata) era casi un copy-paste de otros en Florida, Texas, Wisconsin, Pensilvania, Minnesota y aún en California, tierra también convencionalmente demócrata.
  • Las encuestas de los últimos meses señalaban a la inflación como el mayor culpable del descontento generalizado, por encima del aborto (tema principal de los demócratas), que ocupó las mentes electorales después del Fallo de la Corte Suprema del caso Roe Vs Wade, en junio pasado, cuando los demócratas experimentaron un repunte (Ver gráfico de intención de voto).
  • Los economistas estamos familiarizados con el concepto de inflación, pero los votantes lo definen con el estómago. Poco conocen (o les importa) las causas mediatas o inmediatas, no manejan los índices de expansión monetaria del Banco Central (la FED) ni son capaces de cuantificar el gasto gubernamental o estatal y su impacto en la demanda agregada, ni las causas externas (choques de producción ocasionados en el exterior) ni otras minucias intelectuales, modelos proyectados, ni las expectativas. Lo que sienten los votantes, que también son consumidores, es cuánto les cuesta de más ir al supermercado a adquirir sus provisiones.  Empiezan sustituyendo productos finos de precios elevados por otros más baratos, disminuyen las cantidades de ciertos bienes a los que están acostumbrados, y al final de día sienten frustración y con enojo. Los republicanos, ni lerdos ni perezosos, han explotado esa coyuntura, aunada a otros elementos relacionados con la conducción de la economía. Un porcentaje elevado de los encuestados responde con una mala nota la conducción de la economía, que se traduce, a su vez, en una baja nota (41%) en la popularidad del presidente Biden. Así es la política.
  • Las mujeres caucásicas en los suburbios, que juntas suman un porcentaje superior al 20% del electorado total, tradicionalmente fieles al partido demócrata especialmente en temas sociales, aparentemente han comenzado a migrar al Partido Republicano. Antes, superaban a las rojas por 12 p.p., pero ahora las encuestas señalan que las rojas superan a las azules por 15 p.p. Este cambio, de mantenerse, sería algo cualitativo y cuantitativo muy sustantivo. Temas del vientre (aborto) parecían haber sido parcialmente sustituidos por otros más inmediatos, como llenar la panza primero. Y, en política, lo primero es lo primero.
  • Otras migraciones se comenzaron a observar entre afroamericanos y latinos, tradicionalmente demócratas. La Florida, que ganó el Gobernador Ron Desantis holgadamente con amplio apoyo de los latinos, es un buen ejemplo, no. No es que todos se han volcado –claro que no-, sino que han disminuido los porcentajes que los apoyaban y han aumentado el porcentaje de los que ahora se cuentan entre los republicanos. En elecciones reñidas, todos los puchitos cuentan. Para muchos latinos, cuyas generaciones posteriores son americanos, ya asimilados, la retórica demócrata no les llega como antes. Se sienten gringos, hablan inglés perfectamente, estudian, trabajan, consumen, van al Dr., dedican horas al óseo y hacen todo, o casi todo, lo que hacen sus homólogos caucásicos. También empiezan a discriminar entre la ideología y los resultados.
  • Los Afroamericanos, por su parte, también son consumidores y la bolsa les duele en los supermercados. Resienten la inmigración descontrolada de inmigrantes ilegales, que compiten con sus trabajos y salarios. Antes, los demócratas eran el partido de los trabajadores. Ya, no.

Inseguridad

  • El segundo caballo de batalla republicana fue la amenaza de la inseguridad ciudadana, incrementada en muchos estados, particularmente los dirigidos por los demócratas, como York. A ello se suma el movimiento fuerte de reducir los fondos para la policía (Defund the Police), la práctica de liviandad con los delincuentes (los soltaban a veces sin juzgarlos) y las protestas por aprensiones de individuos pertenecientes a ciertos grupos étnicos.

Inmigración

  • La política de fronteras abiertas (se habla de 5.000.000 de inmigrantes en este período, en su mayoría ilegales) es otro tema descuidado por los demócratas y explotado por los republicanos. Saben que USA se formó de inmigrantes, principalmente europeos, y que muchos han contribuido al desarrollo, pero estos temas altamente ideológicos, populares en las universidades y dentro de ciertos intelectuales de izquierda, resuenan poco frente a una sociedad de trabajadores que es socialmente conservadora y mucho menos filantrópica. Es una realidad con la que no han sabido lidiar los demócratas.
  • La política de fronteras abiertas apareja infiltración de coyotes, vendedores de drogas, antisociales, individuos proclives a delinquir, y, además, muchos no son trabajadores calificados, por lo que aumentan los problemas y las cargas del Estado para mantenerlos.  En política, la solidaridad humanitaria que puedan expresar o sentir los dirigentes, cede ante el individualismo colectivo de los votantes, aunque uno no esté de acuerdo.
  • La educación en todos los niveles es también causa de un malestar acumulado. Con la pandemia y los cierres generalizados, especialmente en los estados controlados por los demócratas, se incrementó el apagón educativo. Siendo la sociedad americana muy competitiva, con un sistema de precios e incentivos que premia o castiga a los más, o menos, eficientes, los padres (incluidos latinos, afroamericanos, caucásicos y asiáticos) se inquietan enormemente porque muchos de sus hijos en edad escolar no pueden leer y escribir, o les cuesta hacerlo, y llevan un déficit educativo. Pero no sólo ese es el problema. Los sindicatos, controlados por demócratas, han forzado temas de la educación en las primeras etapas con contenidos que muchos desaprueban, con literatura gráfica explícita, la educación sexual muy temprana, temas de género y otros que ha enfriado a muchos demócratas, precisamente por su formación conservadora. Y, claro, los adversarios han explotado ese tema.
  • Otro tema que he podido observar en los debates, Town hole meetings, los medios y demás, es que la dirigencia demócrata ha envejecido, se ha vuelto demasiado dogmática, arrogante y descalificadora, y está dominada por el ala izquierda del partido, como Alejandra Ocasio-Cortéz de Nueva York y Kevin Newson en California. Quien no piensa como ellos era –es-, irónicamente, antidemocrático. Entre los republicanos, por el contrario, han surgido muchas caras nuevas, muchachas bonitas e inteligentes con un dinamismo y convicción notorio.
  • Los demócratas confunden la democracia representativa y con sus principios aún vigentes de la división de poderes, frenos y contrapesos, con la plataforma política y programática del partido. Algunos han hecho del tema un último caballo de batalla, diciendo que, si pierden el Congreso, se acabará la democracia. Eso es, a mi juicio, una exageración que, además, tiene poca resonancia en el electorado. Más bien, en ese tema, los republicanos han señalado que, en muchos estados, incluido California –Estado Santuario- se permite votar sin un documento confiable de identificación, especialmente en voto por correo, sin exigir los requisitos formales requeridos en la mayoría de las legislaciones, como portar un documento aceptable como el pasaporte, número de identificación de la seguridad social (social security number) o licencia de conducir, para los cuales no necesariamente hay que ser ciudadano americano. Yo, por Ej., obtuve la licencia de conducir durante los 15 años que viví en Washington sin ser americano.
  • Finalmente, el argumento esgrimido de que un triunfo republicano sería el fin de la democracia fue claramente desmentido por el ex congresista Tray Gowdy: Si los republicanos controlan solo la Cámara Baja, podrán aprobar algunas leyes que serían paradas en el Senado y/o eventualmente vetadas por el Ejecutivo; si también ganaran el Senado, pero por una pequeña mayoría, podrían aprobar leyes que, de seguro, serían vetadas por el Poder Ejecutivo, pero no tendrían la mayoría calificada para ejercer el resello. Prácticamente, tampoco pasaría nada. El orden constitucional continuarías en vigor, como antes, y el Ejecutivo tendría que negociar las leyes con los republicanos, como hizo inteligentemente Bill Clinton, cuando perdió el control del Senado.

Un país perfectamente dividido

¿Qué pasó el día de las elecciones de medio periodo en USA?

La marea roja no se dio, al menos en la intensidad esperada, pero los republicanos ganaron el voto popular (número de votos totales); los demócratas mantuvieron el Senado, pero los republicanos tienen altas posibilidades de ganar la Cámara de Representantes, pues, al día de hoy (15 de noviembre, 2023) ya llevan 217 asientos, mientras que los demócratas 205, y el número clave para controlarla son 218.

Por eso pienso que en las pasadas elecciones de medio período los republicanos y demócratas se repartieron el poder en dos mitades bastante similares numéricamente, pero muy distintas ideológicamente. Una división numérica casi perfecta, pero aparentemente irreconciliable.

¿Qué pasó?

Haber perdido el Senado por la mínima provocó un gran sinsabor entre los republicanos. De inmediato, brotó la búsqueda de culpables entre ellos y proliferaron los parabienes para los demócratas. Pero ninguno, a mi juicio, logró explicar a satisfacción las causas del menor desempeño ni las perspectivas para el 2024.

Voy a recopilar algunas causas (en orden ascendente de importancia), en la esperanza que se puedan rescatar algunas enseñanzas.

  1. ¿Fallaron las encuestas? Esa es una inquietud permanente en todas las elecciones democráticas del mundo, incluida la nuestra. A su favor, podemos decir que los republicanos aumentaron de manera importante su participación en la Cámara Baja (y podrían ganarla), y predijeron que el resultado del Senado era pronóstico reservado. En contra, que ya las encuestas no son técnicamente para el día de las elecciones, sino que deberían abarcar el tema espinoso del voto por correo.
  2. Los demócratas sostienen que prevaleció el mensaje de los demócratas sobre la democracia en peligro y, presuntamente, los votantes cerraron filas para salvarla. La argumentación no me convence, a pesar de que el propio presidente Biden la esgrimió como causal en su conferencia de prensa tras su reciente encuentro con Xi Gin Pin.
  3. También esgrimen que la elección de medio período fue un referendo sobre la labor del presidente Biden, redimido por los propios electores. Tampoco me convence. Las encuestas señalaban un porcentaje de aprobación muy bajo del presidente (41%) y un porcentaje aún mayor (70%) sobre la dirección económica equivocada del país (70%).
  4. Los demócratas financiaron mejor sus campañas que los republicanos, lo cual afectó la propaganda, especialmente al final. Como argumento, no me gusta mucho, pero tiene algún sentido.  Históricamente, hemos visto a muchos ganadores con pocos recursos, y a la inversa: perdedores rebosantes financieramente. En nuestro medio, uno de los partidos mayoritarios es un buen ejemplo.
  5. La calidad de los candidatos se ha mencionado ahora y en el pasado como causal de reveses electorales, especialmente entre los republicanos que fueron apoyados por Trump. Tampoco creo que haya sido el factor decisivo en este caso, pero, como regla general, un buen candidato siempre ayuda.
  6. Relacionado con lo anterior, no faltan quienes le echen toda la culpa a Trump. Para un porcentaje alto de analistas e ideólogos, él siempre será un perdedor. Algunos, incluyendo republicanos, van más allá: abogan por que se retire de la política y le dé oportunidad a otros que susciten menor rechazo entre los votantes, incluidos especialmente los independientes que, a última hora, se fueron a los demócratas, según encuestas de salida de urnas (exit polls). Este argumento, me parece, que tiene un buen grado de razón. El mensaje debe resonar entre los independientes, que, al final, son quienes deciden la elección.
  7. El tema del aborto, se dice, resonó en el mensaje general, especialmente el dirigido a las mujeres, como un distintivo demócrata. No estoy tan seguro. El número de votantes pro-life es muy amplio entre republicanos como para convertirse en un tema compartido por todos. Creo, más bien, que seguirá siendo una diferencia filosófica fundamental entre cada partido. Pero sí me parece que algunas posiciones republicanas son muy extremas, al igual que otras de sus contrapartes que aceptan el aborto aún en etapas de avanzada maduración del feto, deberán reconsiderarse.
  8. Si bien, la crítica al Gobierno por la alta inflación fue el caballo de batalla republicano, tampoco supo explicar bien las causas y, sobre todo, las soluciones. Fue el tema número 1 en las encuestas. ¿Por qué se desinfló al final? Deben haber convergido otras causas más puntuales, capaces de permear entre los independientes (indecisos, en nuestra jerga) y aquellos electores en los denominados estados veletas (swing states) que son, al final, los que inclinan la balanza.
  9. Entre todos, hay un argumento elaborado por la analista Mollie Heminway que debe ponernos a pensar seriamente. Asegura que el triunfo demócrata en el Senado, especialmente en contiendas que de antemano se sabían muy reñidas, se explica porque madrugaron a los republicanos con el voto adelantado por correo, aceptado en muchos estados, como Arizona y Pensilvania, antes y aún después de las elecciones, con insuficientes requisitos de verificación. El argumento cobra fuerza al corroborar que un porcentaje elevado de ellos fue adjudicado a los demócratas.  Aunque el tema se ha ventilado en pasadas elecciones y no se ha demostrado una “alteración masiva” de sufragios, se siente siempre mucha inquietud. Tal vez, lo único que ciertamente podemos afirmar es: qué dicha que en Costa Rica somos tan rigurosos al verificar que cada votante ejerza su derecho con su respectiva cédula de identidad.

¿Qué pasará en 2024?

Les ofrezco, por ahora, algunas observaciones preliminares:

  • Es muy probable que Donald Trump se lance en las primarias del Partido Republicano, pero no estará solo. Habrá candidatos que competirán con él, Como Ron Desantis y otros, que le saldrán al paso.  En lo personal, preferiría que no lo hiciera. Es demasiado polarizador, y su estilo personal (bocón y descalificador) es repudiado por muchos. Habiendo tantos candidatos idóneos, como Nikki Haley, Mike Pompeo, Ron Desantis, Ted Cruz, entre muchos otros, sería un error aferrarse a Trump.
  • En las filas demócratas, Joe Biden tiene grandes posibilidades de ser apoyado, no sin discusión. La pelea se dará entre el ala izquierda del partido (progressives) y los más centristas. Para mí, uno de los temas que pesará será la avanzada edad del presidente en ejercicio (79 años hoy), pues tendría entonces 81 años. Su salud física y mental será objeto de discusión en los debates y por la prensa.
  • El país seguirá tremendamente dividido en todos los sentidos antes mencionados, sobre todo ideológicamente. Eso no cambiará mucho en el futuro.
  • La calidad de los candidatos jugará un papel importante en la escogencia de senadores, congresistas y gobernadores.
  • Aquel que logre cautivar a los independientes e indecisos tendrá mayores posibilidades. Y en un país altamente polarizado, las plataformas y mensajes electorales tendrán también que moderarse.

[1] Este artículo se concibió en dos partes: la primera dos días antes de las elecciones del 8 de noviembre y la segunda una semana después, cuando aún no se había terminado de contabilizar una veintena de recintos electorales. Los resultados podrían variar, especialmente en la Cámara de Representantes.


Jorge Guardia Quirós, DEA, Ll.M Socio Consultor de Ecoanálisis. Diplôme d´Études Approfondies (DEA) Relaciones Económicas Internacionales. Sorbona (París I). Master of Business Law & Taxation (Ll.M), Havard University. Diploma en Tributación Internacional (ITP) Harvard University. Licenciado en Ciencias económicas, Universidad de Costa Rica. Licenciado en Derecho, Universidad de Costa Rica. Ex presidente ejecutivo del BCCR. Ex asesor del Fondo Monetario Internacional, entre otros.
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