Jorge Guardia: La economía bajo la mirada de Jorge Guardia

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La situación económica del país es un tema permanente desde hace muchos años, acentuada en períodos electorales como en el que nos encontramos transitando, ahora, hacia una segunda ronda entre dos candidatos que no acaban de aclarar sus posiciones respecto a las medidas que tomarían de llegar al poder.

Desde el ciudadano de la calle, pasando por las amas de casa, empleados públicos, empresarios, agricultores, entre otros, se hacen una serie de preguntas sobre la realidad del país y qué nos espera a todos.

Recogiendo el sentir ciudadano sobre esta materia, decidimos consultar con Jorge Guardia [1], reconocido académico, abogado y economista, de sólida formación profesional y amplia experiencia, quien gentilmente nos brinda sus opiniones, en busca de dar respuesta a las inquietudes de nuestros lectores.

P: Hace varias décadas se viene hablando del déficit fiscal, que el Gobierno gasta más de lo que recibe y que es necesario realizar cambios en la legislación para buscar un balance y sanear la economía.

En vista de ello cabe preguntarse: ¿es la situación económica realmente grave y, en particular, la fiscal?

R: Con excepción de lo fiscal, yo he sostenido que la situación macroeconómica es buena: la inflación es baja; la deuda externa es relativamente reducida en comparación con la deuda interna pagadera en colones; el régimen cambiario, a diferencia del vigente en 1980, es más flexible; el tipo de cambio está en una zona de confort (aunque podría ser un poco más flexible); las exportaciones crecen; el BCCR mantiene un buen nivel de reservas, relativamente estable tras los eventos de mayo-junio pasado (aunque el BCCR ha perdido algo de reservas en los últimos dos por ventas al sector público); el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos (4% del PIB) se financia holgadamente con entradas de capital directo (5% del PIB); la demanda interna (gastos privados de consumo e inversión) está controlada y no presiona la inflación ni, tampoco, la compra de divisas; las tasas de interés reflejan una prudente política monetaria acorde al programa macroeconómico; la expansión del crédito privado crecerá 6,9% en 2018 conforme al compromiso adquirido bajo el nuevo esquema de Inflation targets; y la producción, según el IMAE, viene repuntando desde agosto de 2017, cuando revirtió la caída (punto de inflexión).  Eso descarta una recesión.

El problema fiscal y la estructura de gastos e ingresos sí son más delicados. En el 2017, cerró en 6,2% y según el BCCR se espera que, si no se adoptan medidas fiscales adicionales (recorte de gastos, aumento de impuestos), podría llegar a 6,7%. Ese escenario pasivo, de materializarse, presionaría indebidamente las tasas de interés, presionaría el tipo de cambio, provocaría una pérdida de confianza que redundaría en menor inversión nacional y extranjera, afectaría el crecimiento real y, desde luego, la pobreza y distribución del ingreso.

Pero yo me siento optimista.  Como también dije en otra oportunidad, el déficit fiscal se resolverá por un imperativo inexorable: ya no hay posibilidades de rodar más el balón.  El nuevo gobierno tendrá que rebajar gastos, quiera o no quiera, y negociar ingresos en la Asamblea; si no, las tasas de interés enviarán recordatorios cotidianos hasta forzar voluntades.

P: La coyuntura actual se caracteriza por la incertidumbre, no ha habido ambiente en la Asamblea Legislativa para llegar a acuerdos y traducirlos en legislación. Ahora el proceso electoral profundiza ante el público la incertidumbre al no tener claras las propuestas, equipos de Gobierno, así como que ira a suceder con esta nueva composición política en la Asamblea Legislativa.

La pregunta a hacerse es: ¿se ve voluntad política en los posibles futuros gobernantes para enfrentar el tema fiscal?

R: Yo creo que sí.  Recientemente, se aprobó dar el trámite expedito del Art. 208 bis del Reglamento de la Asamblea Legislativa a la reforma fiscal, lo cual es una buena señal de que hay conciencia en el país y sus representantes de que se debe resolver.  Sin embargo, no creo que será un proceso fácil.  Deberá enfrentarse la reducción de gastos, incluyendo los disparadores del gasto –en especial, el espinoso tema de los pluses salariales, la planilla del Estado y los ajustes semestrales que tradicionalmente han sido más elevados que la inflación acumulada-, y también examinar el impuesto sobre la renta que contiene muchas distorsiones que van en detrimento de la neutralidad en la asignación de recursos (eficiencia) y de la distribución del ingreso (justicia tributaria).

Lo más importante es tener en consideración lo dicho por la nueva fracción del Partido Liberación Nacional: mientras el nuevo gobierno no haga una propuesta para reducir fehacientemente los gastos, no le aprobarán la reforma tributaria.  El Partido Unidad ha mantenido una posición similar.

P: La seguridad jurídica y el ambiente económico, y la estabilidad política y social, son los elementos claves para la atracción de inversiones en cualquier país. En nuestro caso la inversión extranjera directa (IED), orientada fundamentalmente al sector exportador, servicios y turismo, ha sido un pilar fundamental en la economía.

Con el déficit fiscal latente, los escasos avances en competitividad y las variables de la economía internacional, nos preguntamos: ¿De haber una baja en la IED y exportaciones, sumado al déficit fiscal, que pasaría?

R: No visualizo una reducción en exportaciones por dos razones: la economía mundial ha iniciado un proceso globalizado de recuperación según el Fondo Monetario Internacional, y el régimen cambiario en Costa Rica es ahora más flexible.  En caso de que continuara la difícil situación fiscal actual, el tipo de cambio tendería a subir e incentivaría las exportaciones.  Y sobre la inversión extranjera directa, no veo, por ahora, una merma, aunque suban las tasas de interés en EE.UU.

P: Periódicamente las calificadoras como Moody´s, Standard and Poor’s (S&P) y Fitch, emiten calificaciones a la deuda de corto y largo plazo de los países. En nuestro caso esas calificaciones han venido decayendo y evidenciando que nuestra economía atraviesa por problemas.

Visto desde el exterior cabe preguntarse: ¿hasta dónde las evaluaciones de las empresas calificadoras repercuten en nuestra economía?

R: El impacto de las evaluaciones de las calificadoras de riesgo es relativo.  La posición convencional es que ante una mala calificación suben las tasas de interés que deben pagar las nuevas emisiones de deuda soberana en el mercado internacional y bajan los precios de las existentes para mantener la nueva rentabilidad.  Algo de eso sucedió recientemente.  Mi posición es que, cuando el endeudamiento total aumenta, los intereses suben aún sin que las calificadoras se pronuncien (el mercado percibe solito el mayor riesgo).  Sin embargo, ni unos ni otras valoran que desde 1990, cuando yo asumí el Banco Central, nunca se ha dejado de pagar la deuda pública, interna ni externa.  El historial de Costa Rica como deudor es muy bueno.

P: Nuestro país depende significativamente de la economía internacional; las principales empresas son de origen extranjero y nuestras exportaciones van al mercado internacional, por ello es imperativo tener una idea del: ¿cómo se percibe la economía nacional desde el exterior?

R: Podemos hablar de distintos actores externos: inversionistas (mercado financiero), inversión extranjera directa, y organismos internacionales.  Los primeros son más sensibles y volátiles (flujos de capital financiero); los segundos son más estables, pues su rentabilidad no depende de tasas de interés ni pago de amortización e intereses sino de la producción y exportaciones (en la actualidad representan un 5% del PIB según el Programa Macroeconómico del BCCR); y los terceros son más quisquillosos, pues cumplen una función de supervisión, como el Fondo Monetario Internacional.  Hasta tanto no se resuelva el problema fiscal, nos seguirán viendo con algún recelo desde el exterior.  Mejorar la situación fiscal ayudaría a mejorar la visión de los actores externos

P: Tal vez el principal reto para cualquier Gobierno sea reducir la pobreza y generar empleo, tarea que viene señalada en todos los programas de gobierno desde el siglo pasado. Sin embargo, logramos avanzar en innumerables áreas, pero la pobreza sigue estancada y no vemos medidas radicales para afrontarla.

La pregunta que todos nos hacemos es a qué se debe esto y: ¿será capaz el actual modelo económico de dar respuesta al desempleo y disminución de la pobreza?

R: Es un error pensar que una política monetaria más expansiva de la necesaria, en relación con la producción real, podría estimular la inversión, crecimiento y empleo.  Eso sólo es posible cuando la brecha del producto es notoria (crecimiento por debajo del promedio histórico), y, aun así, con limitaciones.  Cuando el país enfrenta desempleo estructural por cambio en la estructura insumo-producto, más liquidez no necesariamente resulta eficaz para absorber la mano de obra excedentaria, pues los desempleados en esa condición no siempre tienen las calificaciones que el mercado demanda.  En esos casos, se genera inflación y se mantiene alto el desempleo. Para poder reducir el desempleo estructural y poner la economía a crecer a tasas más elevadas, es necesario hacer reformas estructurales que no están en el tapete. Una de esas reformas es una educación, más orientada a las necesidades cambiantes del mercado; otra, aumentar la competencia para estimular la eficiencia y mejorar la productividad.

[1] Jorge Guardia es Lic. en Derecho y Ciencias Económicos (UCR).  Realizó estudios de posgrado en las Universidades de Harvard y La Sorbona.  Fue funcionario del Fondo Monetario Internacional, Presidente del Banco Central de C.R. y profesor de Economía y Derecho Económico en la UCR.

Fotografía: elfinancierocr.com

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