Jorge Vilaplana: Leónidas y la Pandemia

La respuesta a la crisis ha sido un tablero de ajedrez. 

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Jorge V. Vilaplana, Economista.  

Al tratar de encontrar sentido a la locura que han sido estos últimos meses, mis pensamientos me fueron acercando a la antigua Grecia, a la invasión Persa de hace veinticinco siglos y la batalla de las Termópilas, en la que 300 Espartanos liderados por Leónidas se enfrentaron e interrumpieron el avance de las fuerzas invasoras.  Esta valiente gesta, le “compró” tiempo al resto de Grecia de organizarse repeler y finalmente derrotar a los Persas.

La pérdida de miles de vidas, el aislamiento físico y la consecuente paralización y casi suicidio económico que las naciones alrededor del mundo hemos sufrido a la fecha, nos ha comprado un tiempo valioso para evitar futuras muertes, entender un poco más la patología del virus invasor, mejorar los protocolos de tratamiento y empezar a descubrir medicamentos, viejos y nuevos que nos permitan incrementar la probabilidad de supervivencia, y adelantar en la investigación y desarrollo de una eventual vacuna.

Para los que han pagado el precio último de perder la vida, o a un ser querido, quizás eso no sea mucho consuelo, pero para los que nos hemos beneficiado de su sacrificio no nos queda más que agradecerles y verlos como héroes.  Héroes también aquellos que, a riesgo propio, se dedicaron y atendieron a miles de afectados respondiendo al llamado de la emergencia.

La respuesta a la crisis ha sido un tablero de ajedrez.  Claramente ha habido líderes y lideresas que, tomando el toro por los cuernos, le han hecho frente a la misma.  Pero también tenemos casos en que el comportamiento timorato e inepto, ha promovido la negación y fomentado la deflexión de responsabilidades, evidenciando limitaciones de liderazgo, preparación y visión, que más bien agravan la ya difícil situación.

Nos recuerda el adagio que el que ignora la historia, inevitablemente volverá a repetirla.  El gran esfuerzo de contención realizado por las autoridades en los focos de la pandemia corre peligro.  Este virus ha demostrado una resiliencia tremenda. La apertura gradual en varios lugares ha tenido que echar marcha atrás para evitar que el contagio se salga de control.  Centros de investigación como el CIPRA, en la Universidad de Minnesota, hablan de un futuro de tres escenarios, en los que el elemento común es la repetición de olas, que únicamente varían en intensidad ó frecuencia.  Y a pesar de ello, los recientes videos con gente ignorando las distancias mínimas y sin portar el más elemental mecanismo de protección, nos alarman y nos llaman a reflexión.

La persistencia y elevada mortandad de la mal llamada “Pandemia Española” del siglo pasado, digo mal llamada pues aparentemente hay evidencia de que se originó en Kansas y fue llevada por las tropas norteamericanas que se incorporaron a la primera guerra mundial, obedeció el mismo patrón que al parecer presenciamos hoy en día.  La gente cansada del confinamiento y bajo fuerte presión económica abandonaría la protección de sus hogares y se expondría al virus, gestando ciclos de apertura y encierro.

Lo que diferencia 1918 de hoy en día radica esencialmente en la interconectividad que nos da la internet.  Las noticias legítimas y rumores infundados fluyen a gran velocidad haciendo a veces imposible la distinción entre una y otros.  Para complicar las cosas, pseudo expertos y brotan por todas partes y la gente se encuentra cada día más desinformada.  Irónicamente, la segunda parte del reporte del CIPRA se enfoca precisamente en la comunicación y la necesidad de que la información correcta sea transmitida en forma concisa y transparente.  Su ausencia y la falta de liderazgo resultan en la proliferación de diversas teorías de la conspiración y el señalamiento infundado de culpables.

A pesar de los insistentes clamores de expertos en epidemiología y fundaciones dedicadas al mejoramiento de la salud mundial y de los ambientalistas llamando a limitar la urbanización y explotación de nuestro entorno, se hace caso omiso.  Esta vez no topamos con la suerte que tuvimos con el Ebola, H1N1, SARS y MERS, ya que el virus no se quedó en un lugar remoto o circunscrito a una población limitada, entró por la puerta grande a nuestras ciudades y de ahí se esparció

Las consecuencias a mediano y largo plazo para los desafortunados que pertenecen al veinte por ciento de los infectados que se enferman gravemente, aún requieren estudio.  Los daños causados por el virus directamente  o por sobre-reacción del sistema inmune, probablemente causen problemas permanentes que requerirán atención médica continua a largo plazo.

Si juzgamos los resultados de recientes brotes de los parientes cercanos del Coronavirus que nos acosa en estos momentos, el desenlace más probable de esta Pandemia es que se logre encontrar un tratamiento efectivo, más no una vacuna en el corto plazo.  Quedaremos en una situación muy similar a la del SIDA hoy en día, que en última instancia, si bien no es lo que muchos quisiéramos por los menos nos dará un respiro de tranquilidad en la reducción de la mortalidad.

Volviendo la Leónidas y sus 300 Espartanos y sus contrapartes en esta Pandemia, creo que para realmente honrar su sacrificio, lo mínimo que como ciudadanos podemos hacer es discriminar y desechar la información falsa que circula por todo lado, actuar responsablemente y apegarnos a los lineamientos sanitarios que recibimos de las autoridades en salud y evitar la saturación de los centros médicos, ya que en el mejor de los casos nos ayudará a no enfermarnos y en el peor, impedirá que contagiemos a nuestros seres queridos.

Reporte University of Minnesota, descargar:

 

 

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