José Carlos López Hernández, Licenciado en Sociología por la Universidad Veracruzana, región Xalapa. Maestro en Ciencias Sociales por el Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales. 

Abriré las presentes reflexiones para las y los lectores de La Revista.cr sosteniendo que la coyuntura sociopolítica en Latinoamérica puede sentipensarse[1] -de manera panorámica- a partir de la tríada problematizadora CRISIS-DEMOCRACIA-RESISTENCIA, la cual, se interrelaciona con dos ejes en constante tensión al interior de la región: la pobreza y la desigualdad. No obstante, cabe resaltar que dicha tríada problematizadora experimenta múltiples direcciones, ya que responde a condiciones históricas que devienen del siglo XX, pero, que implosionaron en el siglo XXI como producto de:

  • La acumulación de malestares sociales que reflejaban un hartazgo ante promesas incumplidas y que se codificaron en narrativas sociopolíticas producidas en los 80 y 90 en Latinoamérica a través de las famosas transiciones democráticas.
  • El aumento de la bina desigualdad-pobreza durante los 90 en el marco de un consenso de Washington -instaurado en Latinoamérica a mediados de la década de los 80- que encapsuló un decálogo de reformas estructurales, tales como, disciplina fiscal, eliminación de subsidios, incremento del ingreso fiscal, liberalización de las tasas de interés, regímenes flexibles en torno al tipo de cambio, libre comercio, inversión extranjera, desaparición de las empresas paraestatales, fomento a la competencia y derechos de propiedad a la usanza estadounidense, lo que a su vez, trajo consigo tres escenarios socioeconómicos y políticos: privatización, desregulación y liberalización comercial.

En ese sentido, podría decir -apoyándome de Murillo (2021) y de Olvera (2016; 2019)- que los últimos 5 años del siglo XX advirtieron dos horizontes en el ocaso: las crisis económicas y la multiplicación de las resistencias latinoamericanas. Por lo anterior, vale la pena formular una primera pregunta:

  1. ¿Cuál podría ser uno de los catalizadores de la multiplicación de resistencias en Latinoamérica durante el siglo XXI?

Definitivamente, las resistencias latinoamericanas del siglo XXI, responden -en gran medida- a la operacionalización del neoliberalismo en la década de los 80 y los 90, el cual, se caracterizó por el achicamiento del Estado, la privatización y el mercadocentrismo. Es decir, fueron estas tres características -altamente neoliberales- las que multiplicaron los siguientes escenarios: a) el abandono de servicios de salud, educación y vivienda con el propósito de privatizarlos; b) el mantenimiento de estructuras salariales clasistas, sexistas y racistas; c) la naturalización de desigualdades de clase, raza, género, etnia; e) el desbordamiento de violencias exacerbadas; y f) el extractivismo y la explotación medioambiental como moneda de cambio.

Bajo ese hilo de ideas, expresaré una segunda pregunta:

  1. ¿Cuáles han sido los principales efectos de las grietas y rebeldías latinoamericanas ante las secuelas sociopolíticas de los 80, 90, 2000 y el virus pandémico del 2019?

Desde mi punto de vista, han generado una cadena de recambios políticos en Guatemala, México, El Salvador, Argentina, Perú, Chile y Colombia; manifestaciones como parte de la erosión de legitimidades políticas en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Brasil; avalanchas de colapsos sociopolíticos y socioeconómicos como los experimentados en Haití, Honduras y Cuba; crisis de corte institucional en Ecuador, Costa Rica y Panamá. Por ende, es importante sentipensar dialécticamente el periodo del 2019 al 2022, ya que la COVID-19 ha dilatado en la región una pandemia fragmentada en las siguientes tríadas:

  • Miedo, angustia e incertidumbre por parte de la población.
  • Aislamiento social preventivo y obligatorio, control biopolítico y procesos de desmovilización ciudadana.
  • Desempleo, desaceleración y recesión económica.
  • Corrupción, violencia e impunidad en ámbitos públicos y privados.
  • Desigualdades, pobrezas y fragilidades democráticas.

En ese marco de análisis, Murillo (2021) nos ayuda a repensar el conjunto de movilizaciones juveniles entre los años 2020 y 2021 en países como Bolivia, Perú, Paraguay, Colombia, Chile, México, entre otros, ya que el motor de estas resistencias se alimentó del conjunto de rebeldías, descontentos sociales y nuevas búsquedas generacionales por romper con la naturalización de las desigualdades, las pobrezas y el acartonamiento de las democracias.

Por lo cual, es significativo entender dichas resistencias a partir del siguiente triescenario:

  1. Fragmentaciones políticas bidireccionales caracterizadas por movilizaciones, pero, con una nula consolidación de liderazgos, así como también, movilizaciones juveniles en las calles bajo el arribo de nuevos performances de resistencia.
  2. Paralizaciones sociopolíticas unidireccionales aglutinadas en movilizaciones a partir de viejos líderes y cuadros políticos VS nuevos líderes y cuadros políticos.
  3. Liderazgos reestructuradores -de corte unidireccional- del sistema político expresados a partir de descontentos ciudadanos bajo la lógica del desencanto de la política tradicional, trayendo como resultado, liderazgos renovadores o regeneradores.

En ese tenor, sostendré que la pandemia de la COVID-19 abrió un cuarto escenario caracterizado por incertidumbres sociales, políticas, económicas, culturales y medioambientales encapsuladas en movimientos LGTBIQ+, feministas, ecologistas, indígenas, afrodescendientes, entre otros. Es así como, siguiendo esa premisa, me parece fundamental enunciar una tercera pregunta:

  1. ¿Qué tipo de crisis sociopolítica nos depara el 2022?

Regímenes políticos entrelazados en sistemas y modelos económicos que están experimentando riesgos locales, nacionales, regionales, continentales y globales, que reflejan a su vez, contingencias sociales y naturales de corte sistémico, estructural y coyuntural que delatan las irremediables consecuencias de una crisis civilizatoria que pone en jaque a la madre tierra y al conjunto de los seres vivos que cohabitamos en ella. Es decir -con base en Olvera (2016;2019) y Svampa (2019)- el capitalismo como sistema, el neoliberalismo como modelo, la globalización como proceso, el globalismo como ideología y la pandemia COVID-19 han refracturado los tejidos sociales, de tal forma, que actualmente vivimos en mundos fragmentados que producen la exacerbación de esquemas de autoexplotación (sociedad del cansancio), vigilancia y control biopolítico.

Lo anterior, muestra los retos teóricos, conceptuales y metodológicos para observar, describir, comprender, interpretar y explicar la interrelación CRISIS-DEMOCRACIA-RESISTENCIA, pero, sobre todo, la necesidad de articular reflexiones de corte multi, inter y transdisciplinar con el propósito de sentipensar -de manera macro, meso y micro- la realidad latinoamericana. Veremos entonces que la tríada CRISIS-DEMOCRACIA-RESISTENCIA irradia una Latinoamérica entre la periferia, semiperiferia y el sur global que enfrenta diagnósticos sociopolíticos de debilidad estatal y polarización democrática enmarcados en un arcoíris sociocultural de resistencias controladas y desestructuradas biopolíticamente en el marco de la COVID-19 y en medio de una confrontación geopolítica tripolar (EUA-CHINA-RUSIA) que delinea nuevos mapas y zonas de influencia neoextractivistas, que a su vez, tiene el gran reto de aprender a desensamblar y desincorporar las implicaciones inherentes a genes históricos de territorios colonizados, para después, construir alternativas plurales, ecológicas y diversas enclavadas en proyectos anticapitalistas, antineoliberales y antipatriarcales que transparentan a su vez las 4 contradicciones del capitalismo: capital-trabajo, capital-naturaleza, capital-género y capital-raza/etnia.

Lista de referencias


[1] El concepto sentipensar se recupera del sociólogo, investigador y escritor colombiano Orlando Fals Borda quien asumía que el acto sentipensante busca unir corazón y cabeza, para después, juntar acción y pensamiento.