José Mª Moreno: El Beresheet (tardígrado lunar)

Probablemente, los primeros seres vivos que pueblen la Luna sean procedentes de estos primeros tardígrados enviados desde la Tierra.

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José Mª Moreno Ibáñez.

Probablemente, los primeros seres vivos que lleguen a poblar la Luna, sean los procedentes de estos primeros tardígrados enviados allí desde la Tierra.

Beresheet (Génesis) fue una sonda espacial lanzada desde Cabo Cañaveral, Florida (USA), a bordo de un cohete SPACEX Falcon 9, el 22 de febrero del 2019, por un consorcio constituido por SpacveiL (una organización sin fines de lucro israelí) e Israel Aerospace Industries (IAI),  con el fin de alunizar en el  hemisferio norte de la Luna, en un área llamada Mare Serenitatis.

Este área presenta una alteración en su campo gravitatorio debido a un aumento de la densidad de la masa lunar en esa zona. Los estudios realizados determinaron que pudiera ser debido al fondo basáltico que cubre casi todo su interior, consecuencia de un largo periodo de actividad volcánica primigenia, y a la aportación de material por los diversos impactos sufridos de meteoritos y asteroides.

Este fenómeno gravitacional llega a suponer el descenso local en altitud de un satélite artificial cuando sobrevuela la zona. Igualmente produce una serie de  anomalías magnéticas. 

El proyecto Génesis permitiría que un dispositivo científico (magnetómetro), tomara  medidas como parte del experimento diseñado para analizar el singular campo gravitacional de la Luna.

El 11 de abril de 2019, el módulo de aterrizaje, Beresheet (Génesis), intentó sin éxito bajar hacia la superficie lunar. La sonda inició el descenso correctamente pero, a pocos kilómetros del suelo, el motor principal falló y el ingenio terminó estrellándose sobre la superficie selenita.

La investigación reveló que se realizó en la sonda espacial, un comando improcedente tal, que produjo una reacción en cadena: Apagó el motor principal, evitó que este se reiniciara, y finalmente causó el que la nave espacial se estrellara.

Los costos declarados del proyecto fueron de alrededor de US $100 millones, cedidos, casi en su totalidad, por donantes privados.

La misión incluía una cápsula (Biblioteca lunar) que permanecería en la superficie de la Luna indefinidamente. Llevaba símbolos nacionales, culturales y tradicionales israelíes, como la Declaración de Independencia de Israel, canciones hebreas, la Oración del Viajero y pinturas de niños israelíes.

Lo que no era del dominio publico (ahora si) es que también portaba otra carga de tardígrados que probablemente sobrevivieron al impacto.

Tardígrado. (Crédito de la imagen: Publicaciones Katexic, sin modificaciones, CC2.0)

Los tardígrados, también conocidos como osos de agua, son unos phylum (micro-animal) de ocho patas segmentadas que viven en el agua, de cualquier lugar de la Tierra: Se han encontrado en todas partes, desde las cimas de las montañas hasta en los volcanes de mares profundos, desde las selvas tropicales hasta  en la Antártida.

Los tardígrados, cuando están completamente desarrollados, generalmente no sobrepasan los 0.5 mm  de largo. Son los micro-animales más resistentes conocidos, con algunas  especies capaces de sobrevivir en condiciones extremas, como la exposición a temperaturas excesivas, presiones extremas (altas y bajas), privación de aire, radiación, deshidratación, e inanición; situaciones que rápidamente matarían a la mayoría de otras formas de vida conocidas. Incluso en experimentos realizados en las cubiertas de naves espaciales, los tardígrados han sobrevivido en la exposición a las radiaciones del espacio exterior. Pueden soportar tanto el vacío del espacio como las altas presiones que se producen en el punto más profundo de los océanos de la Tierra. Se les considera las criaturas más resistentes terrestres. Hay más de 1.100 especies conocidas de tardígrados. Se conocen fósiles tardígrados de hace más de 500 millones de años, que vivieron durante el período Cámbrico.

El grupo responsable de enviar estas criaturas a la Luna es «The Arch Mission Foundation”, una organización que, según su ideario ”es sin fines de lucro para mantener una copia de seguridad del planeta Tierra, diseñada para preservar y difundir permanentemente el conocimiento más importante de la Humanidad a través del tiempo y el espacio”. 

El proyecto en el que estos microorganismo se integraban era el de situar una biblioteca en la Luna. Esta Biblioteca Lunar contiene un archivo de 30 millones de paginas de la historia humana y sus civilizaciones que cubren todos los temas, culturas, naciones, idiomas, géneros y períodos de tiempo.

La Biblioteca se encuentra en la superficie selenita, dentro de un dispositivo nanotecnológico de 100 gramos, que se asemeja a un DVD de 120 mm. compuesto por 25 discos de níquel, de solo 40 micras de espesor  cada uno.

En otro dispositivo, The Arch Mission Foundation incluyó miles de tardígrados como parte de su esfuerzo por crear un «respaldo del planeta Tierra», según dice su declaración, como muestra del animal terrestre más resistente.

La idea era que, cuando Génesis aterrizara con seguridad en la Luna, los tardígrados también aterrizarían controladamente. Pero Génesis se estrelló en la superficie lunar. Según Nova Spivack, cofundador y presidente de la Fundación Arch Mission, es muy probable que los tardígrados hayan sobrevivido, aunque de momento se encuentran encapsulados.

En una entrevista con la agencia internacional de noticias Agence France-Presse (AFP), Nova Spivack  dijo que,  conforme al análisis de la trayectoria de la nave espacial y el diseño del dispositivo que contiene las criaturas, «creemos que las posibilidades de supervivencia para los tardígrados en la Luna… son extremadamente altas»,

Según The Office of Planetary Protection (NASA), cuya misión es la de promover la exploración responsable del sistema solar mediante la implementación y el desarrollo de esfuerzos que protejan la ciencia, los entornos explorados y la Tierra, los objetivos de la protección planetaria son múltiples e incluyen:

  • “Preservar nuestra capacidad de estudiar otros mundos, tal como existen en sus estados naturales;
  • Evitar la contaminación biológica de los entornos explorados que puedan impedir nuestra capacidad de encontrar vida en otro lugar, si existe; y
  • Garantizar que tomamos las precauciones prudentes necesarias para proteger la biosfera de la Tierra, para el caso de que existiera vida en otras “.

Entonces ¿quién dio el visto bueno para enviar formas de vida terrestres a nuestra Luna? Supuestamente, esta Organización internacional está dedicada a evitar que los humanos contaminemos otros mundos con microbios terrestres.

Según esos postulados tenemos la obligación de preservar cualquier forma de vida nativa que pueda vivir en esos mundos, o si no hay ninguna, preservar esa esterilidad.

Las naves espaciales se ensamblan en salas limpias, y se esterilizan antes de que vuelen. En algunas misiones, a su final, incluso se destruyen a propósito (Saturno, Júpiter) para evitar contaminaciones imprudentes.

En el caso de  Beresheet (Génesis), de una forma deliberada y sin control de la Oficina de Protección Planetaria, The Arch Mission Foundation ha colocado en la superficie lunar especies sumamente resistentes de tardígrados, con capacidad de espera para alcanzar un ambiente húmedo que les pueda reactivar. Pero en la Luna no solo hay agua congelada en sus polos, sino también se ha descubierto grandes cantidades de hielo en las paredes que no son iluminadas por el Sol, de algunos de sus cráteres.

Realmente no se conoce el estado en que han quedado esas cápsulas portadoras, ni si, en esos entornos que pueden llegar a tener ambientes húmedos, esos tardígrados se pudieran reactivar con el tiempo, ni como evolucionarían en ese caso.

Probablemente, los primeros seres vivos que pueblen la Luna sean procedentes de estos primeros tardígrados enviados desde la Tierra.

En esta situación, lo más prudente sería que se fletara otra nave por parte del promotor, o subsidiariamente, para recuperar esas cápsulas y preservar así nuestro medio lunar tal como lo es hoy.

Referencias;

AC/19.52
San Joaquin de Flores 17/08/2019


José Mª Moreno Ibáñez (AC 19/52),  es Arquitecto Técnico por la Universidad Complutense de Madrid.Socio fundador de la Asociación de Astronomía “Astromares” (Sevilla-2007)
Astrónomo aficionado (especialidad Asteroides y Cometas). Ha cursado Astronomía por The University of Arizona. «Observación de la Tierra desde satélites» (Agencia Espacial Europea) y «El cielo nocturno» Orion. (Open University London)

 

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