José Mª Moreno: Pruebas de vida en la luna Enceladus de Saturno

La luna Enceladus, por sus condiciones geológicas, presenta suficientes similitudes con las aguas oceánicas terrestres como para haber desarrollado en sus aguas termales, alguna forma de vida a lo largo de más de 4.000 millones de años, similar a como sucedió en la Tierra en sus comienzos biológicos.

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José Mª Moreno Ibáñez.  AC/19.52

La misión de la nave espacial Cassini al sistema del planeta Saturno descubrió  columnas de granos de hielo y vapor de agua que brotaban de las grietas de la superficie helada de su satélite Enceladus.

Esta luna tiene un océano global bajo su superficie, en contacto con un núcleo rocoso a decenas de kilómetros de profundidad de su corteza helada, lo que la convierte en un lugar prometedor para buscar evidencias de vida extraterrestre en nuestro sistema solar, semejando los procesos que se dieron en las aguas abisales de los océanos terrestres para la generación de organismos vivos, hace millones de años.

La sonda Cassini atravesando las columnas de vapor de agua de Enceladus en 2015. Los nuevos descubrimientos de su mundo oceánico, realizados por la nave Cassini y el telescopio espacial Hubble, ayudarán a informar sobre su exploración futura y la búsqueda más amplia de vida más allá de la Tierra.<br />Créditos: NASA / JPL-Caltech

En un reciente estudio, publicado en la plataforma científica de investigación ScienceDirect, por un grupo de científicos encabezados por Christine Ray del Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Texas, San Antonio, (USA), sobre los datos proporcionados por la sonda Cassini; se estima que las referencias suministradas por esta misión, y los modelos creados al respecto, respaldan que el océano subterráneo de Enceladus puede contener una amplia variedad de sustancias químicas que podrían sustentar una comunidad diversa de macromoléculas y microbios.

Enceladus tiene un diámetro de 500 kilómetros y se encuentra en medio del anillo E de Saturno, entre los satélites Mimas (415 kilómetros de diámetro) y Tetis (1.046 kilómetros). La luna es una corteza helada que cubre todo un océano submarino que producen, debido a sus presiones internas, unas fuentes hidrotermales gigantescas,  alcanzando cientos de kilómetros de altura, donde se mezclan el agua con sales de su núcleo poroso y de sus partes rocosas. Los compuestos de hielo, agua y minerales que expulsa al espacio (géiseres), atraídos por la fuerte gravedad de Saturno, caen hacia el plano ecuatorial del sistema planetario formando el anillo «E» (Saturno tiene 6 anillos denominados desde el «A» hasta el «F»).

La luna Enceladus de Saturno<br />NASA / JPL / Space Science Institute

La nave Cassini realizó un sobrevuelo el 28 de octubre de 2015 sobre el satélite de Saturno, pasando a 49 kilómetros de altura por medio de una de sus plumas de vapor de agua, confirmando la presencia en ella de hidrógeno molecular (H2) lo que indica una alta tasa de producción de hidrógeno en el fondo marino, probablemente por la metanogénesis  (la formación de metano por parte de seres vivos) como etapa final en la descomposición de materia orgánica, en condiciones anaeróbicas (sin presencia de oxigeno). La composición de las plumas de vapor de agua es similar  a la que también  se observa en la mayoría de los cometas.

La metanogénesis es el único metabolismo que produce altos valores de densidad celular como los hallados en las aguas profundas de los océanos en la Tierra y los lagos sub-glaciales antárticos, donde se generan las formas de vida más prístinas de nuestro planeta.

Cassini también encontró rastros de compuestos orgánicos en algunos granos de polvo, mezclados en el agua del vapor de las plumas, así como otros más grandes como el benceno, y sustancias macromoleculares complejas.

Un modelo científico de laboratorio sugiere que el océano salado de Encelado tiene un pH muy alcalino de 11 a 12 (el agua marina terrestre tiene un ph de entre 7,5 a 8,4). El pH alto se interpreta como una consecuencia de la descomposición de las rocas, lo que conduce a la generación de hidrógeno molecular, una fuente geoquímica de energía  suficiente que podría soportar la síntesis biológica de macromoléculas y moléculas orgánicas como las que se han detectado en las plumas de Encelado.

El calentamiento en Encelado se ha producido, desde su formación, a través de varios mecanismos: la desintegración radiactiva en su núcleo puede haberlo calentado inicialmente, generando un núcleo cálido y un océano sub-superficial, que ahora se mantiene por encima del punto de congelación a través de algún mecanismo exactamente no identificado; pero son los modelos geofísicos los que indican que el calentamiento por mareas es la principal fuente de calor interno, quizás ayudado por esa desintegración radiactiva y algunas reacciones químicas que también  lo produzcan.

Los géiseres de Enceladus sobre Saturno<br />NASA / JPL / Space Science Institute.

No solo la luna Enceladus obtiene temperatura por los efectos gravitacionales, o mareas, que le genera la proximidad de su planeta madre, sino también por la de otros satélites saturnianos como Mimas, Tetis, Dione, Rea y el mismo Titán (de 5150 kilómetros de diámetro), lo cual le producen unos vaivenes a toda su masa interior que le hacen estar casi permanentemente en movimiento, y a mayor ajetreo mayor temperatura. Enceladus orbita sincrónicamente a Saturno manteniendo la misma cara apuntando siempre hacia al planeta (igual que hace la Luna con la Tierra); también se encuentra actualmente en una resonancia orbital con el satélite Dione 2:1 (da dos vueltas alrededor de Saturno por cada una de Dione). Todo ello favorece el movimiento interno, por tanto un medio cálido.

Este gráfico ilustra cómo los científicos de Cassini estiman que el agua interactúa con la roca en el fondo del océano de Encelado, produciendo hidrógeno molecular. Créditos: NASA / JPL

Por todos los datos que los científicos han analizado se podría concluir que la luna Enceladus, por sus condiciones geológicas, presenta suficientes similitudes con las oceánicas terrestres como para haber desarrollado en sus aguas termales alguna forma de vida a lo largo de más de 4.000 millones de años, similar a como sucedió en la Tierra, en sus comienzos biológicos. Pero es también de consideración que nuestro planeta posee una magnetosfera que protege a la vida terrestre de los perjuicios de  la radiación solar. En cambio Enceladus no tiene, propiamente, un campo magnético, aunque se ve inmerso en la magnetosfera de Saturno, que llega hasta Titán  a más de 1,2 millones de kilómetros, lo que le ayuda a protegerse del viento solar. ¿Pero será lo suficiente como para mantener alguna forma de vida?

Referencias:

 

San Joaquín de Flores


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