José Miguel Villalobos Umaña, Abogado, ex Ministro de Justicia.

Hay personas de quienes se dice que tienen tan poca palabra, que ni años cumplen. Se comprometen a entregar pruebas de lo que afirman, pero las evidencias nunca aparecen. El mentiroso contumaz dice que se le perdieron, que no las encuentra, que se le borraron, que no tiene a mano una copiadora, en fin, simplemente NO EXISTEN NI NUNCA EXISTIERON.

Las denuncias no valen por lo que se dice, sino por lo que se puede probar. La calidad y contundencia de las evidencias determina el valor de lo que se afirma, pues nadie tiene un halo de santidad ni posee el dogma de infalibilidad para ser merecedor de creer ciegamente en sus manifestaciones.

La tesis de un sector de la prensa y de algunos legisladores es que basta que alguien afirme algo para que se deba denunciar, hacer público, imputar y condenar. No importa si no existen evidencias ni pruebas, pues de lo que se trata es de dañar las honras ajenas. Se invierte la carga de la prueba y cuando un irresponsable…o una irresponsable…abre la boca para lanzar acusaciones, se parte de que el mentiroso dice la verdad y el señalado es culpable hasta que se pruebe lo contrario.

El falsario afirma que tiene pruebas, pero nunca las presenta. Alega ser amenazado y que su vida está en peligro, pero los mensajes de aviso tampoco aparecen ni esos riesgos se constatan.

Pero ya el escándalo se creó y el honor se mancilló y para los canallas eso basta. Lo que no entienden es que esa deleznable arma se puede usar mañana contra ellos mismos. Aparecerá otro Calambres u otra Gloriana que decidan apuntar el ventilador de falsedades para el otro lado y salpiquen de lodo y mentiras a los Nicolás, las Barqueros, las Ruiz, los Ortega, los Arieles y los dueños de los medios canallas y deberán ellos entonces tener que probar su inocencia ante denuncias sin evidencias.

En esa catarata de sandeces y tropelías, ganan los falsarios a sueldo, los que ofertan su miserable palabra sin temor ni al ridículo ni a la burla, porque su alma no vale ni un plato de lentejas.

Quienes pierden son la verdad y la decencia y solo eso es suficiente para detener a estos canallas.

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