José Roberto Rodríguez Quesada, Ex Diputado de la República

Existen gravísimas advertencias de que, a raíz del conflicto ruso-ucraniano, se rompa la poca armonía diplomática y explosione la tercera guerra mundial, acompañada del perverso uso de las armas nucleares.

Las deducciones así lo indican: en estas hostilidades están involucradas todas las potencias militares del mundo e indirectamente toda la geografía de la tierra.

Mientras la animosidad siga su curso insensato, un enorme pecado de omisión e interacción social recíproco predomina en aquellos países que, con fuertes liderazgos universales, callan deliberadamente la solución de esta beligerancia.

De la posible conflagración no se escapará nadie con sus ya consabidas y siniestras consecuencias, menos ahora, que se han dejado de aplicar las inspecciones internacionales, las salvaguardias necesarias y los constantes impedimentos de legalidad para la cooperación nuclear entre naciones.

¡Ojo! que tomar las decisiones equivocadas sería escalofriante ya que toda subsistencia quedará inerte o su extinción total. Estas son noventa veces más poderosas que las lanzadas en Hiroshima y Nagasaki. La incapacidad de la inteligencia humana para controlar esta controversia, la carencia de controles bilaterales y la ausencia del derecho internacional, puede conducir a toda Eurasia a los estados de alerta, que serían prácticamente el equivalente a su uso.

Este conflicto está originando gravísimas tensiones y relaciones quebradizas, que, de continuar, asoma en el horizonte una guerra catastrófica. Nadie en el mundo desea los contrasentidos que en instantes pueden acabar con toda la civilización humana.