José Sancho: “El secreto para esculpir una buena vida es trabajar con pasión”

Premio Nacional de Cultura Magón 2018 dictó la lección inaugural del TEC Campus Tecnológico San José.

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“Para esculpir una buena vida lo que hay que hacer es trabajar, trabajar y trabajar en lo que nos apasiona o buscar algo que nos ocupe con pasión. Eso es lo que a uno lo hace sentirse redimido, sobre todo en el arte. Los que nos dedicamos al arte encontramos en esta ocupación una manera de redimirnos, de ser libres y de ser creativos”, aseguró José Sancho, escultor y Premio Nacional de Cultura Magón 2018, quien tuvo a su cargo la lección inaugural del Campus Tecnológico de San José.En la actividad, Sancho hizo un repaso de su vida y obra, donde resaltó la inspiración que le ha brindado la naturaleza desde pequeño y su admiración por el trabajo de los artistas precolombinos al confeccionar hachas y piezas con figuras de animales. “Empecé haciendo esculturas de animales con chatarra como mero entretenimiento, únicamente con el propósito de decorar jardines”. Sin embargo, el pintor Rafa Fernández, recientemente fallecido, reconoció sus dotes de artista y lo ayudó a realizar su primera exposición en los jardines del Teatro Nacional en abril de 1974.

Este hecho marcó su vida de tal manera que poco tiempo después abandonó su profesión de economista para dedicarse por completo a la escultura. “Nací para carpintero porque tengo habilidad para manejar herramientas manuales, pero los clavos no me cayeron del cielo. Todo ha sido producto de mucho esfuerzo y dedicación”, remarcó.

El escultor de 83 años explicó que su proceso de trabajo empieza con una profunda observación de los animales para hacer síntesis de sus gestos. “Antes de llevar a cabo una obra tengo muchas ideas dando vuelta en mi cabeza que se contraponen con las limitaciones de los materiales y de las herramientas. Pero, voy al bloque hasta que tengo claridad absoluta de qué voy a hacer y cómo lo voy a hacer. Después de ahí todo depende de mi dedicación”, detalló.

Ese mismo proceso es el que Sancho recomienda a las nuevas generaciones para que esculpan sus vidas, en medio de sus sueños y de las limitaciones que les presenta el mundo actual. “Mi consejo es que reciban los comentarios, observaciones e, inclusive, los silencios con sensibilidad y gratitud. Pero, lo más importante para tener éxito en la vida es trabajar mucho y con apasionamiento”, sentenció.

El Teatro 1887 del Centro Nacional de la Cultura (Cenac) fue el escenario donde José Sancho compartió su vida y obra con los estudiantes del Campus TEC San José. A la izquierda, Mariela Hernández, coordinadora de la Unidad de Cultura y Deporte del TEC San José. Foto: Fernando Montero / OCM.

De la economía al cincel

Sancho nació en Puntarenas y dedicó varios años de su vida al estudio y al ejercicio de la economía. Pero, desde 1982 se ha dedicado por completo al trabajo escultórico, luego de una formación autodidacta que lo llevó a visitar todos los continentes.En 1974 ejecutó su primera obra escultórica llamada “Alacrán” utilizando hierro de desecho e inspirado en la obra de Pablo Picasso “Cabeza de toro”. En ese mismo año realizó su primera exposición de esculturas confeccionadas a partir de chatarra en los jardines del Teatro Nacional.

En Costa Rica, algunas de sus obras se encuentran en los jardines del Archivo Nacional, en la Sede Rodrigo Facio de la Universidad de Costa Rica y en el antiguo Inbioparque en Santo Domingo de Heredia. Sin embargo, su obra ha trascendido las fronteras y sus esculturas han sido apreciadas en Francia, Estados Unidos y la Unión Soviética, entre muchos otros.

José Sancho recibió de recuerdo de la lección inaugural una escultura de la artista Leda Astorga. Presencian el momento Mariela Hernández, coordinadora de la Unidad de Cultura y Deporte del TEC San José y Ronald Bonilla, director del Campus TEC San José. Foto: Fernando Montero / OCM

Obra de Sancho en el TEC

“Cuando se creó el Tecnológico yo apenas estaba empezando a hacer esculturas y hubo una coincidencia entre la inauguración del TEC y una exposición mía. Don Vidal Quirós (primer rector del Tecnológico de Costa Rica) me invitó a llevar algunas de esas piezas a una exposición que se hizo en Cartago y me sugirió que le dejara una pieza donada y se la dejé. Eso fue por 1976.”
   

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