Juan Barrios Arce, Médico especialista en Informática médica

En medio de la reciente preocupación por posibles casos de hantavirus, es natural que muchos recordemos la incertidumbre vivida durante la pandemia de COVID-19.

Sin embargo:

1.) Estamos frente a un virus con un comportamiento muy distinto. El hantavirus no es nuevo; se conoce desde hace décadas y su transmisión está bien estudiada.

2.) A diferencia del coronavirus, cuya propagación entre personas fue altamente eficiente, aquí la transmisión es limitada y, en la mayoría de los casos, ocurre por exposición ambiental al inhalar partículas provenientes de la orina o excrementos de roedores infectados, que actúan como reservorio natural. Eso sí, hay un punto clave que no debe minimizarse: aunque se transmite poco, puede ser clínicamente grave, con tasas de letalidad que suelen situarse aproximadamente entre un 30 % y un 40 %, dependiendo del brote y del acceso a atención médica oportuna.

3.) En cuanto a la transmisión entre personas, es importante entender el concepto de “pasos” o cadenas de contagio. Un paso ocurre cuando una persona infecta directamente a otra; si esa segunda persona contagia a una tercera, hablamos de dos pasos. En el caso del hantavirus, estas cadenas de transmisión suelen ser muy cortas: lo más habitual es observar uno o dos pasos y, solo de forma excepcional, un tercero. Esto sugiere un número reproductivo efectivo (RR) bajo; es decir, cada persona infectada transmite la enfermedad a menos de una o muy pocas personas en promedio. Cuando este valor es bajo, los brotes tienden a extinguirse de forma natural, sin necesidad de medidas extremas, indicando que el virus tiene dificultades para mantenerse circulando entre humanos.

En este caso, el paciente «cero», o inicial, era una pareja que andaba de viaje por Sudamérica, donde el hantavirus es endémico (está presente todo el tiempo).

Para que tengan una idea: en Chile, durante este año, se han reportado 39 casos de hantavirus, de los cuales han muerto 13 (letalidad del 33 %). En Costa Rica recuerdo que, hace muchos años, después de unas inundaciones en la zona sur, se reportaron un par de casos de hantavirus, los cuales rápidamente se controlaron.

4.) En cuanto al diagnóstico, las pruebas PCR siguen siendo fundamentales. No son exclusivas del coronavirus: detectan material genético específico de un virus, por lo que también permiten confirmar infecciones por hantavirus con alta precisión.

5.) En la actualidad contamos con una ventaja importante: las vacunas con tecnologías de RNA. Gracias al desarrollo acelerado de esta tecnología durante la pandemia, sería posible diseñar una vacuna específica en mucho menos tiempo, si fuera necesario. Aun así, dado el patrón de transmisión limitado, el riesgo de una pandemia sigue siendo bajo.

6.) Por último, los brotes de hantavirus no ocurren al azar. Suelen estar asociados a cambios ambientales, que alteran los hábitats de los roedores y aumentan el contacto con los seres humanos. Esto permite anticipar escenarios de mayor riesgo utilizando variables como el clima, la densidad de roedores y la movilidad de la población. En otras palabras, no es un fenómeno fuera de control, sino uno que puede vigilarse y gestionarse con información adecuada y medidas preventivas claras.

Juan Barrios Arce

Por Juan Barrios Arce

El Dr. Barrios Arce es científico de datos, Máster en inteligencia artificial y Máster en Business Intelligence. Actualmente es profesor colaborador de la cátedra de informática clinica en las Escuelas de física y medicina de la Universidad de Barcelona para el grado y posgrado de la carrera de Ingeniería Biomédica, también es faculty member de la Universidad de Rochester en los EE UU de norteamérica y asesor de empresas y corporaciones internacionales.