Juan Carlos Pérez Herra: ¡La gran lección!

Pero lo más grave es que el triste espectáculo que ensombreció, por un momento, la democracia norteamericana, fue responsabilidad del mismo Presidente que juró proteger la Constitución.

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Juan Carlos Pérez Herra, Académico

A pesar del bochornoso espectáculo de las turbas trumpistas contra el Capitolio, símbolo de los más altos ideales de los llamados Padres Fundadores, rompiendo con la tradicional votación para confirmar los resultados del Colegio Electoral, el Congreso de los Estados Unidos continuó hasta finalizar la tarea y afirmó la victoria de Biden como el próximo presidente de los Estados Unidos.

Algunos interpretarán las objeciones presentadas por congresistas y senadores a los certificaciones del Colegio Electoral de Arkansas, Georgia, Nevada, Pensilvania y Wisconsin como una afrenta a la voluntad popular, pero tiene su explicación en la polarización que vive ese país, producto de un liderazgo errático, en un mundo donde los cambios están a la orden del día y las democracias no son ajenas a dicha dinámica.

Sin duda los congresistas que apoyaron las objeciones obedecían a sus propios intereses, ya que muchos representan distritos electorales de mayoría republicana, con poblaciónes predominantemente blanca, conservadoras y reacias a aceptar la derrota electoral en sus respectivos Estados. Lamentablemente eso es parte del juego en una democracia, pero se trataba del acto final después de que las Cortes estatales y el Supremo de los Estados Unidos habían rechazado todas las apelaciones.

Pero lo más grave es que el triste espectáculo que ensombreció, por un momento, la democracia norteamericana, fue responsabilidad del mismo Presidente que juró proteger la Constitución.

Sin embargo, la madurez democrática y la fortaleza institucional prevalecieron por encima de los intereses mezquinos de los políticos, recordándonos que el equilibrio entre poderes sigue siendo la máxima para controlar las amenazas que acechan en los más oscuros rincones de la vida en democracia.

En esta oportunidad, Estados Unidos no fue la excepción ¡Esa es la gran lección que debemos atesorar para proteger nuestra propia institucionalidad!


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