Juan José Echeverría Alfaro: Hacia una Costa Rica Justa

La vida es muy curiosa y tanto a los países como a las personas, siempre nos da la oportunidad de cambiar, de mejorar, pero para lograrlo debemos querer hacerlo.

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Juan José Echeverría Alfaro, Abogado, Ex Presidente Ejecutivo del IFAM.

Por casi 10 años he venido escuchando con gran regularidad el programa “Cubaces Tiernos” dirigido por Rolando Araya e Iris Zamora. Es un programa que me gusta por que es igualmente ameno y entretenido, como educativo y formativo, abordan una gran cantidad de temas, desde la espiritualidad, hasta la innovación.

Gracias a su programa, puedo decir que de Rolando escuché por primera vez temas tan profundos como el imperativo de la transformación personal, la espiritualidad y la búsqueda del bien común, como el mejor camino para la felicidad personal; pero también temas de más actualidad como la nueva e inevitable economía colaborativa (Uber y Airbnb, para citar dos ejemplos), la innovación para el emprendedurismo, la internet de las cosas, las nuevas tecnologías de comunicación e información, así como los retos y paradigmas de la educación, para un mundo nuevo que no termina de nacer, mientras superamos al viejo mundo que aún no termina de morir. Siempre me impactó su frase “el diablo primero nos hace tontos y luego pobres”.

Una de las cosas mas importantes que Rolando ha venido insistiendo a lo largo de tantos años, es que nuestro país es lo que es gracias a su gente y que los logros del pasado, de los cuales todos nos sentimos tan orgullosos, también fueron producto de lo que ha sido nuestro Pueblo. Claro que la presencia de muchas extraordinarias personas como don Pepe o el Dr. Calderón, para citar a dos de los más grandes del último siglo, fue indispensable para la construcción de la Costa Rica de hoy, pero Rolando insiste y yo comparto su tesis, que es muy poco lo que ellos u otros hubieran logrado, si nuestro Pueblo no hubiera tenido el sustrato cívico y ético que tenia, gracias a decenas y decenas de años de una educación, principalmente pública, que sin duda alguna hizo la diferencia.

Dentro de toda esta diversidad de temas, también en muchas ocasiones Rolando compartió su visión de lo que debemos hacer en Costa Rica para superar el difícil momento por el que atravesamos. El lo dice con toda claridad, Costa Rica (su Pueblo) está triste, ha perdido la ilusión, el optimismo, la confianza… y la única forma de cambiar el rumbo por el cual transitamos, es que sea el Pueblo quien decida cambiar, para lo cual lo primero que debemos hacer es que cada uno de nosotros quiera cambiar y lo haga sin esperar a que otro lo haga. Rolando plantea que somos un país con una inmensa cantidad de posibilidades, de oportunidades, que podemos llegar a ser casi cualquier cosa que nos decidamos a hacer, pero que lo primero que tenemos que resolver, es recuperar la ilusión, la felicidad y la confianza en nosotros mismos y en nuestros compatriotas y eso sólo se hace… haciéndolo.

Después de más de 35 años de estar alejado del ejercicio político de cargos públicos, en los últimos meses Rolando se involucró de lleno en la lucha política electoral, como precandidato del PLN. Pese a que fue el último precandidato en decidir su participación, sin recursos y sin estructura, tuvo un desempeño muy destacable y acumuló el 26% de los votos, superando a otros precandidatos más jóvenes y con mas actividad política en los últimos 15 años y sólo fue superado por el ex Presidente Figueres, quien con su voto duro alcanzó un parecido 37% al obtenido hace 4 años, cuando perdió contra Antonio Alvarez. Desgraciadamente don José María no supo leer a tiempo el desempeño de Rolando y no le abrió un espacio de participación en la campaña, todo parece que por compromisos previos adquiridos con su ex rival Álvarez Desanti, quien al parecer ya no es tan oportunista como Figueres lo consideraba en el pasado reciente.

Pero “no hay mal que por bien no venga”, como dice nuestro Pueblo, y esa mala decisión del candidato Liberacionista, se convirtió en la mejor oportunidad que tanto para Rolando Araya como para Costa Rica se podía generar, pues le abrió la posibilidad de liderar su propio movimiento, para desde su candidatura sembrar nuevamente la semilla de la esperanza en el Pueblo de Costa Rica, convirtiéndose en el principal motivador de un proceso de transformación profunda del Ser Costarricense, gracias a una nueva forma de ver y hacer las cosas, pensando en el nuevo mundo y dejando atrás las prácticas del pasado.

Rolando se ganó la confianza, el cariño y el apoyo de propios y extraños, gracias a una campaña diferente, autentica, nacida del corazón y del amor que le tiene a este país, sin poses ni cálculos, no queriendo demostrar lo que no es, ni convencer a nadie gracias a promesas y argumentos inviables o populistas, ya que como él mismo dice, a su edad ya no está para andar jugando de vivo, lo único que quiere es decir lo que piensa y hacer lo que dice, poner al servicio del país su enorme experiencia y conocimiento, adquirido gracias a una vida dedicada al estudio, a la lectura, a dar clases a la juventud costarricense desde la UCR y a la gran cantidad de viajes por todo el mundo, en reuniones con los líderes políticos más influyentes, cuando por tantos años fue alto dirigente de la Organización Social Demócrata mas importante que ha existido, a la cual incluso llegó a ser su vicepresidente.

Lo que más me ha gustado de Rolando es su coherencia… ahora como candidato presidencial está haciendo su campaña con los mismos argumentos y propuestas que ha realizado a lo largo de los últimos 10 años desde su programa “Cubaces Tiernos” y eso me parece realmente importante, pues nos permite a miles y miles de personas creer en lo que propone, aunque no necesariamente lo hubiéramos apoyado en el proceso interno del PLN.

La vida es muy curiosa y tanto a los países como a las personas, siempre nos da la oportunidad de cambiar, de mejorar, pero para lograrlo debemos querer hacerlo. La Candidatura de Rolando Araya es una gran oportunidad para Costa Rica y para todo su Pueblo. El quiere ser un motivador que nos ayude como colectividad a vernos en forma diferente, a hacer las cosas en forma diferente, a aprovechar nuestras oportunidades y fortalezas, a recuperar la confianza, la fe, la ilusión, la felicidad.  No podremos hacerlo mientras tengamos cientos de miles de personas de todas las edades en pobreza, sin saber que será de ellos al día siguiente. Aún estamos a tiempo, ya casi tocamos fondo, pero no estamos derrotados, yo confío plenamente en la capacidad, experiencia, propuesta y buena disposición de Rolando Araya para motivarnos con el camino de la transformación individual y colectiva, para caminarlo al lado de todos nosotros en la búsqueda de una nueva realidad para nuestro querido país, realidad que sólo se podrá cambiar, cuando de verdad cada uno de nosotros se comprometa en la construcción de una COSTA RICA JUSTA.

 

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