Juan Ml. Muñoz: A tres meses de las elecciones en Estados Unidos. ¿Qué nos dicen y pueden decir las encuestas?

Las condiciones extraordinarias en que se realizarán las elecciones del 3 de noviembre demandan más recursos para el servicio postal estadounidense, una institución pública. Trump ha sugerido recientemente que no autorizará más presupuesto para la institución pues, afirma, las elecciones deberían de ser pospuestas porque el voto por correo podría ser fraudulento. Este parece ser resultado del pobre desempeño en las encuestas que está teniendo Trump.

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Juan Manuel Muñoz Portillo, Académico.

Los resultados de las encuestas sobre intención de voto son desfavorables a Donald Trump, quien busca su reelección. Hace cuatro años, las encuestas favorecían a la entonces candidata por el Partido Demócrata, Hillary Clinton, inclusive días previos a la elección. Sin embargo, para muchas personas, el resultado que le dio el gane a Trump les tomó por sorpresa. Las proyecciones a partir de encuestas no fallaron completamente su pronóstico. Clinton obtuvo una mayoría ajustada de 48.2% del voto popular respecto a 46.0% de Donald Trump. Pero Trump aseguró una mayoría del Colegio Electoral, inclusive en estados que eran tradicionalmente demócratas.

Cuatro meses antes, en junio de 2016, en Reino Unido, en el contexto del referéndum por la permanencia de ese país en la Unión Europea (UE), en promedio, las encuestas daban un resultado favorable a la permanencia. Sin embargo, el resultado relativamente ajustado fue para la opción de separarse de la UE. Eso también tomó por sorpresa a muchos.

Como las anteriores, son numerosos los casos en donde las encuestas pronosticaban el triunfo electoral de una persona candidata, pero resultó elegida otra. Esto puede ser fuente de frustración para muchos. También, motiva el escepticismo sobre las encuestas de opinión y las interpretaciones o juicios de experto de las personas que las analizan. No son buenas noticias para quienes trabajan en la ciencia del pronóstico del comportamiento social. Y efectos como este han sido utilizados en años recientes por políticos para poner en entredicho la confiabilidad de la investigación en ciencias sociales.

Con esto en mente, ¿podemos confiar en lo que nos dicen las encuestas sobre los posibles resultados electorales en Estados Unidos, el próximo 3 de noviembre? Actualmente, análisis sobre sondeos de opinión, como los analizados por el blog especializado FiveThirtyEight y el del semanario The Economist dan a Joe Biden la victoria electoral. No obstante, ¿qué tan confiables son esos análisis, considerando que no siempre aciertan?

La mayoría de las encuestas son un indicador de las actitudes al momento de medición —cuando se le aplica el cuestionario a la persona encuestada— que podrían reflejarse o no en el momento de decisión del voto. No equivalen a lo que decidirá el o la votante el día de las elecciones. Qué pasa por la mente de una persona en ese momento tan particular es una interrogante en la ciencia política. Sin embargo, la investigación desde distintas disciplinas ha buscado mejorar sus métodos de análisis para tratar de entender qué puede influir en esa decisión y si se puede predecir alguna tendencia, dado cierto grado de conocimiento.

¿Qué sugieren las encuestas y proyecciones a tres meses de las elecciones?

Organizaciones como FiveThirtyEight y The Economist presentan pronósticos con base en datos de encuestas de distintas fuentes, que se publican, prácticamente, a diario en Estados Unidos. ¿Qué significa que sean pronósticos? En primer lugar, los modelos ponderan los distintos tamaños de la muestra y errores muestrales de las encuestas para estandarizar sus resultados; es decir, hacerlos comparables. En segundo lugar, controlan estadísticamente por la influencia de otras variables que se ha probado tienen un efecto en comportamiento del voto e intención de votar. Entre otros, la aprobación hacia el presidente —según encuestas— y el comportamiento de varios indicadores económicos.

Aunque todavía pueden fallar sus pronósticos, los modelos para hacer pronósticos electorales han mejorado, fruto de mejor conocimiento sobre elementos fundamentales que afectan las elecciones; métodos estadísticos que han mejorado sobre la base de los mismos errores del pasado, pero también sobre avances teóricos y tecnológicos que permiten un mejor ajuste y procesamiento de datos.

A mediados de agosto, el pronóstico de The Economist es que la probabilidad de Biden de ganar las elecciones es de 89%. La misma fuente considera que es probable que Biden asegure entre 218-427 del Colegio Electoral. El pronóstico de FiveThirtyEight es de 73% de probabilidades de que gane Biden. Tal vez el pronóstico es una apuesta muy atrevida considerando que las elecciones son en tres meses y muchas cosas pueden pasar y el efecto de otros eventos probablemente todavía no ha sido medido. Por ejemplo, ¿podría tener algún efecto en el votante el restablecimiento de relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos, el pasado 13 de agosto? Este fue un acuerdo en el que medió el gobierno de Donald Trump. O, ¿tendrá algún efecto y de qué magnitud la incorporación de Kamala Harris, como vicepresidenta de la fórmula presidencial liderada por Joe Biden?

Los pronósticos pueden equivocarse y su margen de error se reducirá entre más cerca se esté del día electoral. Sin embargo, como sugiere un entusiasta tweet de la cuenta oficial de Twitter de FiveThirtyEight, a diferencia de cuatro años atrás, para agosto de 2016, la distancia entre la intención de voto de la candidata demócrata, Hillary Clinton, y Donald Trump estaba dentro del margen de error muestral. Ahora las diferencias entre ambos candidatos son más largas.

Las distancias en los sondeos entre Trump y Biden se han ido ensanchado desde el inicio de la pandemia por covid-19, a principios de este año. Empero, tomaron mayor profundidad desde finales de mayo (por ejemplo, véase aquí), tal vez como consecuencia a la reacción indiferente de Trump respecto a la muerte de George Floyd, un afroamericano, que murió bajo la custodia de un policía en la ciudad de Minneapolis. También habría tenido algún efecto la masiva respuesta del movimiento BlackLivesMatter en respuesta a la muerte de Floyd y las reacciones de Donald Trump.

Más allá de las encuestas y proyecciones

Este es un proceso electoral atípico por las condiciones que impone la pandemia por covid-19, un factor exógeno que afecta la economía, la salud pública y, ciertamente, la política en Estados Unidos. Otro factor atípico ha sido el mismo Presidente Donald Trump, quien compite por su reelección el próximo 3 de noviembre. Relativamente, un outsider de la política tradicional, también se le califica como un político populista de derecha, quien, además, desconfía de los expertos y tiende a improvisar ignorando a sus asesores.

Su populismo probablemente contribuyó a ganarle votantes en las elecciones de noviembre de 2016. Aunque también influyó el fenómeno de las noticias falsas (fake news), aparentemente, bajo el auspicio del gobierno Ruso, facilitadas por reglas muy imprecisas sobre el tema por parte de la mayor red social, Facebook y el acceso irregular de datos de Facebook utilizados por la empresa Cambridge Analytica para dirigir publicidad personalizada en esa misma red a potenciales votantes.

La presión social y el freno a la publicidad a través de Facebook de varias empresas importantes, entre ellas Coca Cola y marcas de ropa como Levi Strauss, habría ejercido suficiente influencia para que la red social asuma nuevos protocolos para filtrar noticias falsas. Básicamente, la empresa se ha asociado con empresas periodísticas reconocidas y organizaciones de sociedad civil en distintas partes del mundo para arbitrar sobre la veracidad de las noticias. Un tema que está siendo controversial; no obstante, tal vez los fake news ya no le favorezcan tanto a Trump como en su campaña anterior.

El Presidente Trump ha orientando sus esfuerzos recientemente como el candidato que hace cumplir la “ley y el orden” en Estados Unidos. Más recientemente, ha afirmado que se deben de suspender las elecciones, debido a la pandemia. El voto sería, principalmente, por correo postal. Un sistema que se utiliza con mucho éxito desde hace muchos años en Estados Unidos, aunque no sea la forma de voto convencional. Las condiciones extraordinarias en que se realizarán las elecciones del 3 de noviembre demandan más recursos para el servicio postal estadounidense, una institución pública. Trump ha sugerido recientemente que no autorizará más presupuesto para la institución pues, afirma, las elecciones deberían de ser pospuestas porque el voto por correo podría ser fraudulento. Este parece ser resultado del pobre desempeño en las encuestas que está teniendo Trump.

Volviendo a la pregunta que motiva este trabajo, ¿podemos confiar en lo que nos dicen las encuestas sobre los posibles resultados electorales en Estados Unidos, el próximo 3 de noviembre? Las proyecciones han fallado en el pasado y cualquier evento puede pasar de aquí a esa fecha con un potencial de alterar el resultado. Sin embargo, a diferencia de la elección anterior, las distancias entre ambos candidatos aventajan más fuertemente a Biden, de lo que favorecía, por ejemplo, a Hillary Clinton contra Donald Trump, en noviembre de 2016. Por otra parte, otros factores que influyeron en el resultado de la campaña de 2016, como las fakenews, no parecen resonar en la actualidad. Tal vez Trump no se vea beneficiado esta vez. No obstante, todavía cualquier cosa puede pasar.


Juan Manuel Muñoz Portillo.
Académico, Coordinador del Observatorio de los Estados Unidos
Centro de Investigación y Estudios Políticos
Universidad de Costa Rica

 

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