Julieta Dobles.

 

Canto en vano para una resurrección

Algo se nos está muriendo

siempre,

con esa muerte lenta de los pulsos vacíos,

mientras tú y yo besamos,

reímos de las cosas y del viento,

comemos,

nos amamos,

y sabemos

que toda nuestra luz nos pertenece,

sin ser nuestra siquiera.

Alguien se muere siempre,

hasta cuando

un péndulo dibuja

cuartos de hora hacia la vida,

o cuando fingen niños en la plaza

su muerte de juguete.

Alguien se está muriendo

sin remedio,

con los pies hacia el mar

que no detiene nunca

su rítmico latido azulsalado.

Cada instante termina para alguien

toda la eternidad,

mientras cantan los coros en la iglesia,

y cada niño nace,

Canto para los niños sin infancia

Allá,

cuando era niña,

probé la hierba.

Y era verde su olor,

y verde su sabor,

y verde su escondido y pequeño

rincón de sombras.

Sin embargo,

la amargura

que no tiene la hierba

cuando está dormida,

la tienes tú,

pequeño limosnero sin sombra,

a esta hora en que los niños duermen

y en que tu sueño

abre su boca blanca,

interrogante.

A las diez de la noche

la lluvia extiende sobre las piedras

su fatigada lengua de frío.

A las diez de la noche

el hambre muerde y muerde

cerca del corazón.

A las diez de la noche

te quedas en la esquina,

solitario,

tembloroso.

Y aunque quieres gritar que no se vayan todos,

que no dejen la calle abandonada,

que el viento, si no hay nadie,

gruñe y empuja contra las paredes,

la soledad se posa, inevitable,

sobre sus manos sucias y asombradas.

Es la hora en que los niños duermen

para no oír el miedo nocturno que se agita.

Pero tú,

pequeño de seis años,

no eres niño siquiera.

Cuando naciste

alguien dijo que la infancia no te pertenecía.

Y desde entonces

lo vienen repitiendo muchas bocas:

-el pan tampoco es suyo

-ni el cariño

-ni la pequeña tierra de sus pasos,

-ni esos seis años que le vienen grandes.

Y por eso,

sin nada tuyo,

ni siquiera el sueño,

miras la calle

como una larga pesadilla sin sueño

entre los ojos.

Pero algún día

la hierba será dulce.

Y te será devuelto tu corazón de niño,

tu reposo de niño,

y la pisada de amor que te negaron

sobre la tierra.

Quizá bajo la hierba

hayamos enterrado muchos muertos,

pero la noche no podrá apretarte

nunca más

contra la mesa de los bares,

ni gritarte en el miedo

con su voz de borracha.

El olor de la hierba

seguirá siendo verde,

y verde su sabor,

y verde

su escondido y pequeño

rincón de sombras,

para que tú lo encuentres

y lo ames.

 


Julieta Dobles es reconocida por su extensa obra que aborda temas profundos como el sentido de la existencia, el papel del hombre y la mujer, los viajes, la relación de pareja, entre otros. A lo largo de más de 50 años, ha creado libros que son considerados hermosos, sabios y oportunos. La autora ha descrito su obra como una búsqueda interior, un proceso de exploración personal con el propósito de comprender lo humano. Su trayectoria y calidad literaria la llevaron a ser seleccionada por la editorial Nueva York Poetry Press para publicar una extensa selección de su poesía. Aunque algunos de sus poemas han sido incluidos en diversas publicaciones, esta antología destaca por ser la primera en su género, con la particularidad de que los textos fueron seleccionados por la propia autora. Disponible en Amazon.

 

Julieta Dobles Yzaguirre

Por Julieta Dobles Yzaguirre

Poeta, escritora y educadora, cinco veces ganadora del Premio Nacional Aquileo J. Echeverría y del Premio Nacional de Cultura Magón 2013.​