Julieta Dobles Yzaguirre.

La casa rodante

Los caminos de Francia.
(julio – octubre 2001)

Hemos vivido sobre cuatro ruedas
y agonizado repetidamente por semanas,
en la velocidad de los caminos.
Hemos resucitado al compás del paisaje,
allá donde el verano retoma su calor
y sus soles triunfantes,
y donde primavera es palabra de lluvia.

Es hermoso y antiguo
asumir las andanzas de los antepasados
que aún cantan en la sangre,
tomar de la mañana su aventura y su riesgo,
y encender en el alba los motores,
creando en ese momento los caminos del día.
Así estuvimos sosteniendo encendida
la velita de amor que se apagaba,
o se mutaba frente a nuestros ojos
en un lago de bruma, en cierzo doloroso,
en noche que no cumple sus sueños repetidos,
en bosque del destino no deseado,
en páramo interior y sin retorno.

Así nos mecimos cada tarde
en una vía distinta, abierta hacia el poniente
de un paraje estrenado y repetido
en sus clarores y su alucinación:
el mar de Normandía, con su historia de sangres,
que da fe de la noche rampante de los hombres,
paralela en el tiempo a la anécdota clara
de nuestros nacimientos,
fusión de vida y muerte
de todo lo que es.

Los montes de Bretaña,
castillos desolados y acechantes
en medio del hechizo que los siglos arrastran,
músicas de otros mundos y otros tiempos.

Jardines que son joyas de frescura y esmero,
costas bravas o azules,
con sus pueblitos blancos frente al oleaje blanco,
que lame las caletas y las embarcaciones
con idéntico gozo.

Abadías fantasmales que besa la marea
de los siglos y siglos,
cosechas de moluscos o de uvas intocables,
pueblecitos con nombres antiguos, ilegibles,
y ríos que son caminos serenos que deslizan
milenarias desidias por entre los peñones
o bajo de los puentes acerados del alba,
mientras viajamos,
con la sola palabra del poema,
presencia y beatitud, estandarte y ofrenda.

Todo lo recogimos, recorriendo
nuestra propia aventura,
nuestra desolación de pareja que se amó demasiado,
a la que se le acaba
el tiempo de los diálogos, el tiempo de los goces.

Las trampas de la vida nos mutaron
retorcieron los lazos, hasta ahogarnos
cultivaron mentiras, colectaron rencores,
herrumbraron los goznes, antes libres y salvos,
como canciones que cantaron demasiado,
hasta perder su tono y su hermosura.

De todos esos viajes de ansiedad y destino,
de tanto amor que naufragó despacio,
nos quedan los poemas y los hijos,
y esa pequeña sed indefinible
frente a la puerta abierta,
como una ofrenda de la vida breve
en la solaridad de los caminos.

Libro disponible en Editorial Universidad de Costa Rica.

Julieta Dobles Yzaguirre

Por Julieta Dobles Yzaguirre

Poeta, escritora y educadora, cinco veces ganadora del Premio Nacional Aquileo J. Echeverría y del Premio Nacional de Cultura Magón 2013.​