Julieta Dobles.

Del libro Dede la alta ventana de los años
(Editorial de la Universidad de Costa Rica, San José, 2020)

 

Conversación con la cordillera

Cerros de la Candelaria, la más septentrional estribación
de la cordillera de Talamanca.

Enfrente a mi ventana
se inicia y respira toda una cordillera,
azul, como los sueños recobrados.
Talamanca la llaman.
Y crepita al sureste, entre meseta y mar,
como cresta de antiguo dinosaurio.

Es un mundo, un planeta
que renace y respira cada día
frente al sol renacido cada día.
Un cosmos nunca igual, siempre distinto,
siempre engarzado a nubes y silencios,
siempre subiendo de sí mismo al cielo.
Cuando el sol que amanece
se coloca en rotundos esplendores
enfrente de su rostro,
cientos de caminillos relumbran, se recogen,
recorridos por las ansias humanas.
Las cornisas rocosas y salientes
exponen su relieve entre los verdeazules
despejados, lejanos.
Los pueblos se evidencian,
develan sus techumbres y esperanzas,
como si la mañana nuevecita
los envolviera en su renacimiento.
Y las áreas boscosas compiten entre sí,
por verdes y vitales, luminosas y plácidas.

Pero hay días en que el sol no consigue
acariciar los montes y sus lomos azules.
La niebla difumina sus encuentros,
sus selvas, sus potreros, sus quebradas,
su resollar rotundo.
Entonces reinan nubes, lamiendo los crestones
y jugando a figuras fantasiosas y huidizas.
Nimbos y estratos corren, se arremolinan,
disponen de la lluvia y sus caprichos,
mientras el viento ulula y repercute.
Y la montaña toda,
como un dinosaurio atardecido,
se hunde en su propio ensueño sin fronteras,
tan solo perturbado por relámpagos
y el estruendo sonoro de sus tambores ciegos.

Yo le hablo y la interrogo.
Tantos siglos sirviendo de celo, abrigo, patria
de pueblos que la amaron y guerrearon
por su sobrevivencia.
Tanto clamor, tanta lucha de ayeres,
tanta pulsión de vida que hoy discurre
entre bosques y especies renacidas.
La vida continúa.
Yo abarco a Talamanca
con mis ojos más plenos,
recorriendo caminos y distancias
verdeoro, verdeazul, verdesilencio,
de esta, mi alta ventana,
a veces infinita.